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Horóscopo chino para el siglo XXI de Ludovica Squirru

Si usted tiene dudas acerca de su vida, la astróloga Ludovica Squirru Dari podría darle algunas ideas para resolverlas.
Si usted tiene dudas acerca de su vida, la astróloga Ludovica Squirru Dari podría darle algunas ideas para resolverlas. el Nuevo Herald

Si usted tiene dudas acerca de su vida, Ludovica Squirru Dari podría darle algunas ideas para resolverlas. Ella es la autora best seller argentina que ha conquistado a muchos fanáticos con sus puntos de vista esotéricos y a la vez poéticos y sicológicos.

No hay más que leer su nuevo libro, de unas 450 páginas, Horóscopo Chino 2016 (Urano, 11, 2015), que presentó hace unas semanas en la librería Books & Books de Coral Gables, Florida, para darse cuenta de que no solo habla de los signos, sino también de las personalidades de sus lectores y aficionados y las respuestas a los dilemas en sus vidas.

Su presentación interpolaba, entre augurios y predicciones para el mundo, confesiones personales también, al igual que hace en el prólogo del libro. Según explican sus publicistas, la cita con los lectores se ha repetido todos los años por más de tres décadas.

Este año es el del Mono de Fuego en el horóscopo chino, lo que augura “cambios sistémicos en cada continente, país, región, ciudad, pueblo y persona”. Supuestamente el “mono” une el mundo espiritual con el material, y nos devuelve la inspiración, el conocimiento y la creatividad, por lo que es un año de renacimiento, de grandes y misteriosas sorpresas. Ella dijo que “hay una guerra constante para obtener resultados”, y “que estamos alienados con la loca globalización”. Ella ve al mono “como el signo de la dualidad, y que a todos nos divierte en el Occidente”. Comentó que “quizás su manera de escribir es lúdica”, y también discernió que “este fatalismo chino es simbólico para ayudarnos en el autoconocimiento”, porque “todo en el universo se mueve y somos nosotros los que no queremos movernos”.

“El Mono de Fuego es de revolución, y puede llegar a des-estructurarnos”, comentó. “El año del mono viene a limpiar y hará falta un bombero cerca”. También confesó que la astrología china le ayudó mucho a aceptar lo que viniera, a reírse de la cosas, a no tener que cambiar nada, a aceptarse y a darse cuenta de que no hay signo mejor que otro. Hizo las referencias a su padre, Eduardo Squirru, quien fue el primer embajador argentino en China, y por eso recibió desde niña la educación basada en la cultura oriental, y escuchó hablar en su infancia de Lao Tse y Confucio. Pero no quedó ahí, su biografía dice que estudió con el profesor Wang astrología Dharma, seguido de otro curso de I Ching en el Himalayan Institute, de Nueva York, y luego con el profesor Juan Flesca, especializado en Filosofía Oriental. También fue en 1988 a China y estudió allí con maestros en estas artes y filosofías.

El libro trae una lista de los 12 signos del horóscopo chino que se van repitiendo cada 12 años. Si a esto se le unen las divisiones del horóscopo solar que heredamos en el Occidente de los antiguos babilonios, también de 12 signos, pero determinados por las constelaciones que vemos en el cielo por donde se vislumbra el movimiento del sol –es decir en qué constelación se ve el sol en el momento de la aurora en que lo avistamos– uno puede hacer combinaciones extraordinarias y algunos pronosticadores las hacen.

También Ludovica usa estas combinaciones en su libro, aunque está mayormente entregada a la sabiduría china, incluyendo el I Ching, el sistema de cálculos más antiguo, que también se llama Libro de los Cambios, y se compone de hexagramas determinados por la tirada de palitos o a veces de monedas. Y menciona además el Ba Zi, que es otro sistema antiguo de astrología china que significa o se considera como “los cuatro pilares del destino”, esto es basado en el año, el mes, el día y la hora de nacimiento, que regirían nuestras vidas.

Estos son los 12 signos chinos que aparecen en las tablas de su libro divididos por años lunares: rata, búfalo, tigre, conejo, dragón, serpiente, caballo, cabra, mono, gallo, perro y cerdo o jabalí. Si ahora estamos en mono, corresponderá el año que viene al gallo y luego al perro, y así sucesivamente hasta llegar al mono otra vez. Pero 60 años atrás era mono de fuego y no volverá de nuevo hasta dentro de 60 años. Ludovica da datos sobre cómo se comportará cada signo en este año del mono, por lo que ya he ido a buscar por supuesto el mío. Solo confieso que mi nuera tiene el mismo signo que yo, pero de diferente elemento. ¿Quiere esto decir que influyó en que mi hijo se fijara en ella? Buena pregunta.

También me han hecho comparaciones del signo babilónico con el chino. Es muy divertido. Aunque no dejo de pensar que algunas señales nos han puesto en el cielo y en los horarios del tiempo, para ayudarnos a dirigir la brújula de la vida. Curiosamente, fueron mis estudios de astrología con una maestra en Rugby Hall, Severna Park, Maryland, lo que me proporcionó mi entrada en el periodismo, cuando Mirta Blanco me propuso que le tradujera el Año en Astrología para la revista Vanidades de 1981-1982, con ilustraciones de Nuri Ducassi. ¿Destino, visión, cambio? Era el año del mono de metal cuando comencé en Editorial América y cambié mi carrera de profesora universitaria por la de periodista.

olconnor@bellsouth.net

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