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La política de las artes en Miami

Adrienne Arsht (centro) con el actor Kevin Spacey y el cantante Tony Bennett (der.).
Adrienne Arsht (centro) con el actor Kevin Spacey y el cantante Tony Bennett (der.).

Todos hablan de las artes de la política pero a nadie se le ocurre pensar en la política de las artes. En el décimo aniversario de la fundación del Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, y en el trigésimo aniversario de una de sus compañías estables, el Miami City Ballet, la función de estas dos entidades han traspasado con creces los originarios propósitos para los que fueron fundadas. Se han convertido en símbolos de la ciudad. En el Arsht, celebramos la gran gala el jueves en que se honró a una de las fundadoras, Adrienne Arsht. Para el MCB su gran éxito este año ha sido bailar la semana pasada por primera vez en un centro icónico de la escena, el Lincoln Center de Nueva York.

Los ciudadanos no reconocen la importancia política y social que tienen estos acontecimientos para los negocios, el turismo, la expansión y el orgullo de una ciudad. Tampoco se toma conciencia de lo que significa que una compañía residente en Miami vaya como embajadora al centro de las artes del mundo.

Hemos vivido en la sociedad occidental herederos de la “República” de Platón y las ideas de Aristóteles, que deberían cultivar los ciudadanos de la polis, porque las desarrollaron en una ciudad estado que era Atenas, y son parte fundacional de nuestros códigos civiles. Y de hecho, lo que hoy se consideran verdaderas ciudades como París, Londres, Madrid y Nueva York, no son solamente por sus negocios, ni por sus administradores, ni por sus edificios que han adquirido ese estatus mundial. Son sus artes, como si fueran el florecimiento de lo más excelso que producen sus habitantes, y no solo por los artistas, sino por los que acuden a celebrarlos y disfrutarlos en teatros y galerías, en los parques y las plazas, y en los museos y por sus arquitecturas.

La zona donde se erigió el Arsht Center era un sitio abandonado, oscuro y hasta peligroso por las noches. Hoy todo se acumula alrededor de este símbolo. Los grandes museos, los altos edificios, la vida de la ciudad. Ha sido la unión del esfuerzo público y el privado, como dijo el alcalde del Condado, Carlos Giménez, al entregarle un reconocimiento de la ciudad a la señora Adrienne Arsht en la gala del jueves. Es con ella con quien tuvimos la oportunidad de hablar esta semana. No solo nos interesa por ser esencialmente una mujer dadivosa, sino también por su liderazgo al entender lo que significan las artes en el progreso de una ciudad.

Nacida en el estado de Delaware, y habiendo estudiado Derecho en la Universidad de Villanova, en Filadelfia, Arsht se ha instalado en tres capitales: la de la cultura, Nueva York; la de la política, Washington, D.C., y la de la diversión y el multiculturalismo, Miami.

“Cuando llegué a Miami pensé que esta era la ciudad más emocionante de América”, confesó Arsht. “Cada vez que regresaba a Washington la gente me preguntaba: ¿qué quieres decir? Y les respondía: ‘Miami es el futuro hoy’, cosa que les asombraba. Es por la importancia de América Latina en esta ciudad y de los latinos hispanos, todo eso lo pude ver en 1996, cuando llegué aquí, y también veía que nadie se daba cuenta de eso. Ahora Miami está en cada historia, en cada artículo, porque su población es la más diversa de Estados Unidos”.

Pero aquí no había casi espacios para atraer a las artes escénicas cuando Arsht llegó en 1996. Solamente el Miami-Dade County Auditorium y el Jackie Gleason Theater en Miami Beach. Tampoco existía Art Basel, que comenzó en 2002 en Miami Beach. No había Design District, con arte y tiendas, hasta principios de este siglo, ni American Airlines Arena hasta 1999.

“En ese entonces, 1996 [Sherwood] ‘Woody’ Weiser, estaba planeando construir un centro de las artes. Y enseguida que llegué me incorporé a sus planes”, contó Arsht. “Al principio di $250,000 para las fuentes que hay en la plaza en Biscayne Boulevard [frente al Ziff Ballet Opera House], diseñadas por Anna Valentina Murch, y comisionadas por Miami-Dade Art in Public Places”.

Pero se notaba que después de ese primer año, el 2006, al Centro no le iba bien. Al mismo tiempo Adrienne Arsht estaba a punto de vender Total Bank, del que fue Chairman de la Junta de 1996 a 2007, y bajo su liderazgo había crecido de cuatro sucursales a 14 con bienes de más de $1.4 billones. Lo compró el Banco Popular de España, en noviembre de 2007, por la cifra de $300 millones.

“Era un banco comunitario y decidí que parte de ese dinero debiera ser reintegrado a los ciudadanos del condado Miami-Dade”, dijo Arsht. “Estaba en Madrid, cuando llamé a Woody Weiser y le pregunté cuánto necesitaba. Me respondió que $30 millones. Y le contesté: ‘Done’ [Dalo por hecho]”.

Cuando llegué a Miami pensé que esta era la ciudad más emocionante de América

Adrienne Arsht

filántropa

Arsht no solo entrega dinero cuando se necesita, ella está bien informada de todo lo que asesora, en las múltiples instituciones en las que participa como miembro de sus juntas, entre ellas, como “vice chairman” en el Lincoln Center. Ningún centro escénico se sostiene con las cuatro o más compañías permanentes, o residentes, ya sea en Nueva York como en Miami, me comentó. Por eso es que nosotros tenemos tantas funciones dentro de este teatro al mismo tiempo, en el Ziff Ballet Opera, en el John S. and James L. Knight Concert Hall y en el Carnival Studio Theatre. Y tantos programas diversos al año, como el Festival de Flamenco traído expresamente de España. Cada año hay más de 300 funciones organizadas en series. No en balde el tráfico en sus alrededores es horrendo.

Pero Arsht me recordó que antes ese barrio estaba siempre desierto, que nadie quería construir allí. “Se ha convertido en un barrio deseable. Yo tuve fe en ese centro de las artes como el elemento más crucial en la ciudad, por eso puse mi dinero en él”, declaró la cofundadora, y lo hizo apostando en firme. “Sabía que algún día se darían cuenta de su importancia, algo en lo que nadie pudo creer entonces”.

De esa fuerza atractiva del Arsht Center el CEO, John Richard, que está allí desde el 2008, cuando se reorganizó dijo: “Ha habido cientos de momentos mágicos, en danza y teatro y en la música, pero puedo recordar cuando estuvo Zubin Mehta dirigiendo la Filarmónica de Israel como uno de los más privilegiados”, comentó. “A veces me tengo que pellizcar cuando estoy sentado en el Knight Hall, al pensar qué maravilloso ha sido venir a Miami y ser el CEO de esta institución”.

Es precisamente eso lo que representa el que el MCB haya expandido su arte fuera de Miami, como embajadores excepcionales de lo que se muestra aquí. Dos de los bailarines latinos del MCB expresaron la emoción que sintieron al llegar al Lincoln: Julián Duque, original de Colombia y Renán Cerdeiro, de Río de Janeiro. Duque baila con ellos desde hace dos años, y es parte del cuerpo de ballet. “Para nosotros fue un gran sueño”, dijo. Cerdeiro es principal y bailó junto con Patricia Delgado en Symphony in Three Movements, de Balanchine. El lo consideró “una experiencia transformadora, porque Nueva York es la ciudad del ballet, y ese teatro es especial”. El director ejecutivo del MCB, Michael Scolamiero, lo resumió subrayando que “esta compañía está entre las principales de Estados Unidos, por la técnica y por la cálida personalidad de sus bailarines que trasciende a las audiencias. En el Lincoln los recibieron entusiastamente en cada concierto y con grandes ovaciones”.

En cierto modo, estos aniversarios han venido a confirmar que Miami se ha convertido en el siglo XXI de pueblo en gran ciudad.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de abril de 2016, 1:42 p. m. with the headline "La política de las artes en Miami."

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