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Desvelos del comandante en jefe, defendernos y a la vez protegernos de la guerra

La serie ‘The Presidents’, de PBS, repasa la historia de los presidentes de EEUU.
La serie ‘The Presidents’, de PBS, repasa la historia de los presidentes de EEUU.

Cuando mi hijo David tenía 11 años de edad se me ocurrió decirle: “Tú puedes ser presidente de esta nación”.

“Nunca quiero ser presidente de Estados Unidos”, me respondió. “Porque no quiero mandar a nadie a morir”. Precozmente sabía que el Presidente es nuestro Comandante en Jefe.

He repasado la historia de esos comandantes por medio de los excelentes documentales de la serie The Presidents, en “American Experience”, de la Public Broadcasting System, PBS, que se han ido exhibiendo por el WPBT Canal 2 en estos días, y además se pueden ver en la red. Esta es también la historia de la Guerra Fría, que ahora parece regresar de otras formas y maneras.

Pero yendo más atrás, hacia donde surge todo esto, me fijo en Franklin Delano Roosevelt, el presidente por el Partido Demócrata (de 1933 a 1945). Fue quien le hizo frente a la terrible Segunda Guerra Mundial, pero tuvo que esperar al ataque de Pearl Harbor por los japoneses, el 7 de diciembre de 1941, para declarar las hostilidades, con la aprobación del Congreso el día 8, aunque ya mucho antes estaba apoyando a los británicos y a China con armas.

Sin embargo, más tarde, en Yalta, Roosevelt, ya muy enfermo, no supo o no quiso defender a los países del este de Europa de las amarras soviéticas, que entraron a saco hasta Hungría, y allí fueron peores que los nazis, según me cuenta un escritor húngaro canadiense, Robert Landori, quien lo sufrió en carne propia.

Le siguió Harry S. Truman (de 1945 a 1953), con la guerra del Japón, en el Pacífico. Este decidió, y lo confesó ante las cámaras, que se arrasara Hiroshima y Nagasaki, porque lo hubieran acusado de no evitar la muerte de más soldados norteamericanos y japoneses. Aparentemente era un problema de números, pero quedó como responsable de la más horrorosa matanza de la historia. ¿Y los rusos? Ya sabían desde antes lo de la bomba atómica.

Con Dwight D. Eisenhower (de 1953 a 1961) nos encontramos al comienzo de la Guerra Fría. John F. Kennedy le acusaba de no hacer nada contra Fidel Castro en Cuba, sabiendo muy bien que se estaba montando una operación encubierta por la CIA. Y Eisenhower ya había colocado a Mohammad Reza Shah Pahlavi en Irán, como amigo del Occidente, en agosto de 1953, y depuesto a Jacobo Arbenz en Guatemala, en 1954, con el pretexto de que apoyaba a los comunistas.

En 1961 subió Kennedy al poder en vez de Richard Nixon, y no le quedó más remedio que seguir con la invasión de Bahía de Cochinos, en Cuba, en 1961, que había comenzado Eisenhower, a pesar de consejos militares en contra, por que se sabía que el plan no era de confiar.

Su fracaso, su debilidad, fue la que probablemente causó el arrojo de Nikita Kruschev y Fidel Castro al colocar misiles soviéticos en Cuba, lo que produjo la Crisis de Octubre de 1962. En las reuniones de la Casa Blanca los consejeros daban opiniones encontradas a Kennedy, y el ejército quería invadir Cuba, pero Jack trataba de resolverlo políticamente con el jefe soviético. Al final, llegaron a un pacto secreto, Estados Unidos debía retirar sus misiles de Turquía contra Rusia, y USSR retiraría los de Cuba, a contrapelo de lo que quería Castro. Kennedy estaba muy interesado en combatir el comunismo, mas temía ante el peligro de una guerra nuclear.

Richard M. Nixon (de 1969 a 1974) prometió acabar con la guerra de Vietnam, que fue desangrando al país durante el gobierno de Lyndon B. Johnson, el heredero de Kennedy, en 1963, pero le costaba trabajo quedar en la historia como perdedor. Al fin lo cumplió en 1973, a costa de entregar el país al Viet Cong. A cambio, comenzó el detente con la visita a China en 1972. Y hay pocas dudas de que la CIA tuvo que ver con la caída y muerte de Allende en Chile en 1973.

De 1974 a 1981 le siguieron Gerald Ford y Jimmy Carter, quien presidió dos acontecimientos con los enemigos, uno en Irán con 52 secuestrados en la Embajada Americana, y otro en las costas de Cuba, con el éxodo del Mariel.

Fue Ronald Reagan (del 1981 al 89) el que convenció al jefe del que llamaba “eje del mal”, Mikhail Gorbachev, que ambos países redujeran el arsenal de las armas nucleares. Y finalmente le pidió en Berlín que tumbara aquel muro. Luego George H.W. Bush (del 1989 al 1993) libró la Guerra del Golfo, junto con una coalición de países, debido a la invasión y anexión de Kuwait en agosto de 1990 por Saddam Hussein.

Mientras tanto, se desarrollaba Al Qaeda, el grupo terrorista musulmán, que se fertilizó cuando abandonamos Afganistán, y Osama Bin Laden estuvo en la mirilla de Bill Clinton (desde 1993 al 2001), que no lo pudo capturar, a la vez que condenó a Hussein, firmando el Acta de Liberación de Iraq, en octubre de ese año. Pero fue el segundo Bush, George W., el que acometió la guerra contra Hussein, en 2003, después del horrendo ataque de las Torres Gemelas en Nueva York.

Ser Comandante en Jefe de Estados Unidos de América es como ser emperador del mundo sin realmente serlo. ¿Queremos a alguien al estilo Kennedy, que perdió a Cuba para las democracias, cambiando el destino de América Latina, pero nos salvó del exterminio total, porque las armas nucleares eran parte de la ecuación? ¿O alguien como el segundo Bush, un halcón, que arremetió contra Irak sin consideraciones adicionales, y nos dejó el terrorismo suelto? ¿Quién sabrá defendernos y luego protegernos de las consecuencias de la guerra? No podemos olvidar que estamos en un mundo diferente, sin fronteras verdaderas, y la defensa de la nación puede ir hasta muy lejos o alcanzarnos muy de cerca.

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de agosto de 2016 a las 1:51 p. m. con el titular "Desvelos del comandante en jefe, defendernos y a la vez protegernos de la guerra."

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