Farándula

El día que María Elena Salinas casi ve caerse a Fidel Castro

El encuentro no fue en una cumbre de países ni tampoco en el entorno más íntimo de Castro. Pero al final se dio y María Elena Salinas estuvo más cerca del ahora fallecido dictador cubano de lo que han estado otros periodistas que tuvieron una larga entrevista con él pero que quizás no pudieron preguntarle todo lo que les hubiera gustado.

En un Facebook Live con el Nuevo Herald en las oficinas del edificio Newsport de Univisión, Salinas —con una de las trayectorias más brillantes en el periodismo hispano de Estados Unidos, y a punto de dar su última presentación como conductora del Noticiero Univisión este viernes 8 de diciembre— contó cómo fue ese momento.

Salinas lo había intentado por todos los medios. Quería entrevistarlo y para ello había pedido la entrevista a través de la Sección de Intereses de Cuba en Estados Unidos. Recurrió también a canales no oficiales: alguien que lo conocía o la familia de Castro, incluida su hermana Juanita, que vive en Miami.

Pero sin resultado.

No fue hasta el viaje del entonces presidente mexicano Vicente Fox a Cuba en el 2002 que Salinas pudo estar cerca del caudillo cubano. El entonces canciller mexicano Jorge Castañeda le ofreció a Salinas la posibilidad de llegar a un evento en que se le brindaba un homenaje a Fox. Eusebio Leal, historiador de la Ciudad de La Habana, le entregaría las llaves de la ciudad.

La Habana Vieja fue el escenario del encuentro. La seguridad cubana y el equipo que acompañaba a Castro trataron de sacarla del homenaje a Fox. “No es para la prensa”, le dijeron con ese tono imperioso que sabemos que tienen los que rodeaban a Castro, con su poca inclinación a la transparencia.

Cuando Castro salió, Salinas lo siguió. Al borde de una escalera, lo abordó. Castro casi se cae y Salinas, por instinto, intentó ofrecerle el brazo.

“Lo vi como un viejito que se iba a caer, no como un dictador”, contó Salinas, quien apuntó que después mucha gente le preguntó por qué no lo dejó caerse.

Sostuvieron una conversación y Salinas le dijo que conocía a su hermana Juanita y que si quería enviarle un mensaje.

En cuanto a la entrevista, Castro se negó. “Tu canal no la pasaría”, especuló el entonces gobernante cubano.

Fue suficiente, Salinas supo que no obtendría la entrevista.

Pero lo caló mejor que muchos. El Castro que vio Salinas no era el político de los discursos interminables, ni el entrevistado que nunca respondía una pregunta, y que si lo hacía, era para darle la vuelta y culpar al “imperialismo”, o lo que es lo mismo, salvar de toda responsabilidad a su gobierno.

Era un anciano vulnerable, un hombre que si no dejaba el poder, estaba ya cerca de culminar su reinado porque el tiempo ya lo vencía.

No hubo palabras para llenar el minuto televisivo, ni cámaras que lo captaran. Salinas se volteó y todos seguían al presidente mexicano. Ella no tenía la entrevista, pero sí la anécdota.

“El día que casi ve caerse a Fidel Castro” podría titularla.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de diciembre de 2017, 7:59 p. m. with the headline "El día que María Elena Salinas casi ve caerse a Fidel Castro."

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