La Frost Symphony Orchestra ofrece inolvidable concierto
Como comentó Thomas Sleeper, director de la Frost Symphony Orchestra: “Después de todo, solo hay un Prokofiev y solo hay un Shostakovich”. Sleeper agradeció al público su presencia en el concierto ofrecido por la Frost Symphony Orchestra en la noche del sábado, en el Gusman Concert Hall de la Universidad de Miami (UM). Pudo agregar que también hay un solo Santiago Rodríguez y un solo Mark Gorenstein, las estrellas de la noche como solista y director invitado respectivamente.
Rodríguez es sin duda uno de los pianistas más brillantes de su generación y posiblemente de todos los tiempos. Su relación con su instrumento es intensa, febril, pero a la vez, con una técnica impecable que le permite una pirotecnia interpretativa para la que el Concierto no. 3, en do mayor, op. 26, de Prokofiev, que tocó esa noche, era el instrumento idóneo. En esta obra, aunque no carente de melodías exquisitas, el piano es usado primordialmente en su aspecto percutible, y las largas y explosivas andanadas de acordes exigen no solo fuerza y resistencia en el intérprete, sino un perfecto dominio de eso que suele llamarse “unísono”, la sincronía al golpear los diez dedos sobre el teclado produciendo acordes que acercan el piano a los tambores.
Rodríguez se lució en esos momentos espectaculares, pero también en las melodías evocadoras del mundo ruso que abundan en el primer movimiento. Su acople con la orquesta fue igualmente impecable, y hay que destacar que Gorenstein, sin bajar la tensión de los momentos más vibrantes, se cuidó de nunca ahogar al solista, algo que suele suceder en conciertos explosivos como este. Su trabajo con las dinámicas demuestra una especial identificación con esta música de su tierra. Y quien dice música rusa, dice de profundos contrastes, diálogo incesante entre la nostalgia melódica y la épica altisonante.
El final del primer movimiento dejó a muchos al borde del asiento, pero el espectacular final puso a todos de pie en ovación. Como inusitado encore, solista y orquesta regalaron nada menos que el Segundo movimiento, del Concierto no. 1, de Rachmaninof. Lo que sirvió a solista y orquesta para lucirse con una paleta de colores pastel bien distinta a la de la entrega anterior. Una exquisita calma después de la tempestad, que fue igualmente ovacionada.
La segunda parte de la noche, dedicada por completo a la icónica Primera sinfonía, en fa menor, op. 10, de Shostakovich, fue igualmente un momento de gloria. Gorenstein, actualmente principal director invitado de la Orquesta Sinfónica de la Academia Estatal de Novosibirsk, cuenta con docenas de grabaciones, donde se destacan las de obras de este autor y de otros rusos como Schnittke y Chaicovski.
A pesar de que el día anterior había cumplido sus 70 años, este gran maestro se desempeña en el podio con un vigor que no tienen nada que envidiar a los más jóvenes, y su pericia para dirigir brillantemente esta enorme orquesta, compuesta fundamentalmente de alumnos, dice mucho, no solo de su excelencia como director, sino de la labor encomiable de los maestros de la Escuela Frost de Música. Con momentos protagónicos en el violín, el piano y el cello, rutilantes cuerdas y vibrantes fanfarrias, esta obra resultó idónea para que este grupo de jóvenes talentosos se luciera. Al final, la ovación fue igualmente larga, pero no hubo encores.
Sin duda, la temporada musical en Miami ha arrancado por todo lo alto con este glorioso concierto.
daniel. dfernandez. fernandez@gmail.com
Santiago Rodríguez ofrecerá un recital en UM con obras de Ginastera y Rachmaninof, el 31 de octubre. Info y entradas: 305-284-2400 y music. miami.edu/ concerts.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de septiembre de 2016, 5:41 p. m. with the headline "La Frost Symphony Orchestra ofrece inolvidable concierto ."