Radiante Brownlee en Bellini y Donizetti
En una era de tenores lírico-ligeros con algunos ejemplos rutilantes (el peruano Juan Diego Florez y el mexicano Javier Camarena son los primeros que acuden a la mente), el nombre del americano Lawrence Brownlee debería figurar más prominentemente. En su mejor momento acaba de grabar este notable recital de arias de Bellini y Donizetti quienes no pueden hallarse en mejores manos, mejor dicho, voz; de hecho es la seguidilla del ejemplar compacto con arias virtuosoas rossinianas del 2014. Como en aquella oportunidad lo secunda efizcamente la Kaunas City Symphony de Lituania bajo la dirección de Constantine Orbelian.
La naturalidad y facilidad vocal incontestables de Brownlee se ven enfatizados por su timbre brillante –y sobre todo juvenil– y técnica formidable. Brownlee conquista desde el vamos con la gracia y desenfado requerido para el Ernesto de Don Pasquale y el Nemorino de L’elisir d’amore, al que suma dulzura y sinceridad sin caer en la melosidad lacrimógena de otros. Es difícil remontar un aria tan trillada como Una furtiva lagrima, Brownlee le otorga inusitada frescura. En su elegancia recuerda en mas de una instancia al joven Alfredo Kraus ubicándose a la par de antecesores ilustres como Valletti o Schipa, mas exactamente sus inmediatos compatriotas Rockwell Blake y Gregory Kunde en su primera época.
Ganador del Premio Richard Tucker, el tenor no palidece ante el célebre Ah mes amis de La hija del regimiento, esa implacable carrera de agudos capaz de derrotar al mas dotado. También emerge triunfal cincelando la línea belliniana para el Arturo de I Puritani (última ópera del compositor que estrenó Giovanni Battista Rubini) acompañado por la soprano Viktorija Miskunaite y el baritono Andrius Apsega. En Brownlee prima la exquisitez por sobre la espectacularidad, de todos modos presente, y una espontaneidad que incita a volver a escucharlo.
Diferenciando ejemplarmente ambos compositores, en el aria de Don Sébastien roi de Portugal, se halla a sus anchas en francés con un lustre y colorido vocal que vale la pena remarcar así como el poco apreciado y no siempre presente, “gusto por cantar”. En síntesis, un placer de principio al fin con un eximio representante del bel-canto actual.
Allegro io son – Bel canto Arias, Orbelian, Delos DE 3517.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de octubre de 2016, 5:16 p. m. with the headline "Radiante Brownlee en Bellini y Donizetti."