La Frost Symphony Orchestra interpreta la ‘Séptima Sinfonía’, de Beethoven, con su director Thomas Sleeper en el podio
Dos días después, todavía resuenan en mis oídos los pasajes más famosos, y más pegajosos, de la Séptima Sinfonía, de Beethoven, interpretada la noche del sábado por la Frost Symphony Orchestra con su director Thomas Sleeper en el podio.
Antes de lanzarse en esa maravillosa aventura, el prestigioso director confesó al público que llevaba más de 40 años estudiándola y que cada vez que la dirigía era como una pieza nueva, que siempre descubría algo nuevo. Sin duda se trata de una obra inagotable. Como explicó Sleeper, el juego de melodías y ritmos, y su compleja armonía la hacen una de las piezas más gustadas del repertorio. Yo podría escucharla todos los días.
Creo habérsela oído a este director unas tres veces, si la memoria no me falla, siempre con esta orquesta que, aunque integrada generalmente por alumnos, no tiene nada que envidiarle a ninguna. La primera vez fue tan intensa la experiencia, que al final, con su galope y sus recapitulaciones cada vez más trepidantes, casi me da un soponcio. Esta vez, ya avisado y avezado, no me dejé llevar tanto, pero casi. Orquesta y director estuvieron tan maravillosos como siempre. Pocos saben, como Beethoven y Sleeper, convertir los violines en algo casi temible de tan altisonante. Y sin embargo, el Allegretto es como una invitación al baile, algo que evoca las cortes de antaño. La gracia melódica y la pulida interpretación hace que parezca una brisa lo que encierra una complejidad extraordinaria que conlleva intercambio de melodías por distintos grupos y hasta cambios de tono, y todo ligerito, como acabado de componer.
El final, aún lo tengo clavado en la memoria, y eso que ayer escuché otro concierto maravilloso, pero cuando suena Beethoven todo pasa a segundo plano, a veces, hasta el mismísimo Mozart.
Puede que usted haya escuchado esta obra por otros directores, que la tenga en una docena de discos, si no se la ha escuchado a Sleeper, no tiene idea de lo que se ha perdido.
El programa de esa noche se completó con obras muy meritorias. Finlandia, de Sibelius, con el legendario Mark Thielen en el podio, que también recibió un premio esa noche por su gran labor como director y pedagogo, fue lo primero de esa noche. Setting Century, de Dorothy Hindman, abrió la segunda parte, con Alexander Magalong (conductor asociado de la FSO) en el podio. La propia autora explicó antes de la interpretación que su obra tenía que ver con el tiempo y que también se relacionaba con la muerte de su padre y el nacimiento de su primer hijo. Interesante, sin duda.
Por último volvió Sleeper al podio con una sabrosa Sinfonía no. 3 (La Salsa), de Roberto Sierra. El compositor puertorriqueño ha sabido llevar al mundo llamado “clásico” los ritmos caribeños. Esto le permitió a Sleeper y a la orquesta dar muestras de una envidiable versatilidad. Con soltura y gracia los músicos se desempeñaron en esa música casi bailable y con gran despliegue de percusión. Después de La 7ma, esta divertida obra resultó un juego tan disfrutable para los músicos como para el público que la ovacionó de pie.
daniel.dfernandez.fernandez@gmail.com
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de octubre de 2016, 11:16 a. m. with the headline "La Frost Symphony Orchestra interpreta la ‘Séptima Sinfonía’, de Beethoven, con su director Thomas Sleeper en el podio."