Música

Seraphic Fire y la Cleveland Orchestra en una noche memorable

La Cleveland Orchestra y la coral Seraphic Fire en el Knight Concert Hall del Arsht Center.
La Cleveland Orchestra y la coral Seraphic Fire en el Knight Concert Hall del Arsht Center. Justin Holden / The Cleveland Orchestra

Noche de estrenos, por primera vez la Cleveland Orchestra (OC) con la coral Seraphic Fire (SF), en obras de Bach, y también por primera vez en Miami, la orquesta interpretaría la Séptima, de Bruckner. Quizá por eso el Knight Concert Hall del Arsht Center se encontraba tan nutrido de público, incluso, muchos llegamos media hora antes para disfrutar del Concert Prelude, que ofreció la SF con su director al frente, el polifacético Patrick Dupré Quigley. Con obras de Brahms, Rheinberger y del mismo Bruckner, este breve “abreboca” fue un regalo en todos los sentidos.

Pocas veces se logra una fusión de dos grupos musicales excelentes como los que en la noche del 27 de enero combinaron sus voces y sus instrumentos para uno de esos milagros musicales. Fragmentos de las cantatas 29 y 191, y la 34: “Oh!, fuego eterno, oh!, fuente de amor” sirvieron a la orquesta, con su director, Franz Welser-Möst, y a la coral, para ofrecer al público lo mejor de sí.

El público ovacionó de pie por largo rato, lo que augura que la combinación volverá a repetirse en otras temporadas.

La segunda parte de la noche estuvo dedicada por completo a la Sinfonía no. 7 en mi mayor, de Bruckner, y para mi sorpresa, nadie escapó en el intermedio, parece que todos los asistentes sabían de qué se trataba. Bruckner, como tantas cosas en la vida, no es para todos los gustos. Algunos lo encuentran soso, otros, denso. Es, como se dice en inglés: “un gusto adquirido”, algo que solo se puede paladear debidamente después de cierto esfuerzo.

“Cultivarse”, el verbo lo indica, implica trabajo. En algunos idiomas cultura y cultivo son la misma palabra y para disfrutar de ciertas cosas, hace falta la voluntad de aprender, de saber. En ese sentido, para el que hace su tarea, Bruckner presenta una fuente inagotable de placer. Era uno de los favoritos de mi amigo Carlos Victoria, el escritor.

Formalmente la obra de Bruckner tiene conexiones con Brahms, con Schumann, con Wagner, y por momentos hasta se anticipa a Mahler, pero ostenta su propio valor personal. Cuando uno se deja llevar, es como entrar a un universo particular en el que fuerzas cósmicas se debaten tratando de llegar a un acuerdo. En esta sinfonía uno puede detectar melodías dulces, evocadoras de una canción popular y momentos heroicos tremendos, donde las fanfarrias auguran o detallan una manifestación de violencia o un dolor desgarrador. Este compositor comparte con Schumann el haber pasado por un manicomio, aunque logró salir; la música lo salvó, y uno también se siente salvado cuando se enfrenta a esta monumentalidad, a esta humanidad irreductible ante el caos y el horror. Especialmente cuando es interpretada por una orquesta como la Cleveland y con Welser-Möst en el podio. El director se dio gusto trabajando esta obra que va de la filigrana a la dinamita, del pianísimo a la explosión, con texturas y dimensiones contrapuntísticas que quitan el aliento.

Fue una noche doblemente memorable, no solo por la belleza de lo ofrecido sino por la rareza del programa.

daniel.dfernandez.fernandez@gmail.com

Los próximos conciertos de la Cleveland Orchestra serán los días 2 y 4 de febrero con obras de Nielsen y Sibelius, con el violinista Nikolaj Znaider como solista; y el 3, con el concierto de cello de Dvorak, con Yo-Yo Ma como solista: 305-949-6722 y arshtcenter.org. El próximo concierto de la Seraphic Fire será del 17 al 19 de febrero, ‘Seis Motetes’, de J. S. Bach: 305-285-9060 y SeraphicFire.org.

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