La opción urgente, oscurecer o iluminar
Según una estadística de la Asociación de Orquestas Alemanas durante la temporada pasada, un 40% más de público asistió a conciertos de música clásica que a partidos de fútbol de primera división.
Se reportó un aumento del 20% en asistencia y un 10% en cantidad de eventos además de un 20% en el incremento de funciones de orquesta dedicadas a educación musical. Los resultados han sorprendido al mundo, incluído Gerald Mertens, director de la organización quien dijo: “es el principio de una gran renovación”.
Más allá de alguna inevitable polémica o discrepancia que la estadística haya despertado, lo cierto es el compromiso del gobierno alemán: “La cultura y el arte son las fuerzas motoras de nuestra sociedad”. El presupuesto oficial sólo para música es de 2.4 billones de euros más 400 millones en aportes privados sumando la iniciativa de regalar “un instrumento a cada escolar”. Como postre, en los últimos meses se inauguraron salas de concierto, entre ellas el monumental Elbphilharmonie de Hamburgo, el teatro de Bochum y la sala Pierre Boulez de Frank Gehry en Berlin, orgullo de la Academia Barenboim-Said.
Mientras tanto en las costas americanas preocupa y desconcierta la propuesta de eliminar del presupuesto al NEA, NEH y PBS-NPR, los que totalizan 746 millones de dólares anuales, menos del 0.007% del gasto anual, con el argumento “son innecesarias”. Orquestas y compañías de danza, ópera y teatro luchando por subsistir, en bancarrota o retirándose a “cuarteles de invierno”, programaciones que se acortan o decaen son algunos de los síntomas que se vienen observando cada vez con mayor inquietud. Quede claro que si hay menos interés es porque no hay formación desde el principio, o porque pocos se enteran al reducirse el espacio en los medios sin contar con la banalización de gustos .
En el ámbito local, entidades admirables como la New World Symphony, la Florida Grand Opera, Seraphic Fire, la Cleveland Orchestra –cuya gestión en Miami aparentemente se tambalea– y, especialmente el Miami Music Project, son solo algunas entre las tantas que luchan por sembrar la semilla de la música como parte integral de la formación individual. Este último, que lleva la música a niños de bajos recursos de Liberty City y Little Haiti será devastado por los cortes anunciados. Indudablemente, aquí pasa mucho y bueno pero hace falta más y mejor. Al respecto, John Richard, director del Arsht Center acaba de hacer un llamado urgente a la comunidad en apoyo de las artes.
Como anécdota, quien subscribe nunca dejará de agradecer al sistema escolar argentino que además de música como materia obligatoria incluía el ‘Programa de formación del alumno como espectador’ que incluía visitas semanales a funciones y ensayos del Teatro Colón de Buenos Aires y que acabó por despertar en tantos la pasión permanente por la buena música. Las entidades locales mencionadas tienen programas parecidos y deben apoyarse.
Es verdad que a diferencia de países europeos, Estados Unidos siempre ha tenido políticas culturales diferentes con menor injerencia estatal, pero ahora cuando lo poco que queda se ve amenazado se hace imperativo abogar por su supervivencia. De otro modo, una suerte de oscurantismo que podría llevar a la bancarrota cultural contrastaría con aquel país europeo donde se están viendo los frutos de haber priorizado en esa inversión.
Con 82 millones de habitantes Alemania dedica el 3% de su presupuesto a la cultura mientras Estados Unidos con 320 millones apenas araña el 0.007%.
Mientras aquí se “tuitea” en un lento alejarse de la empatía inherente a la civilización humana, no vendría mal parafrasear a Ortega y Gasset que en 1939 le decía a los argentinos “Déjense de cuestiones previas personales, de suspicacias, de narcisismos… Americanos, a las cosas!”. A no quejarse cuando sea demasiado tarde.
Esta historia fue publicada originalmente el 20 de marzo de 2017, 11:45 a. m. with the headline "La opción urgente, oscurecer o iluminar."