‘Un baile de máscaras’, ¡simplemente magnífica!
Con tantos tiranos regados por el mundo, no es poca catarsis ver morir a uno, al menos en la escena. El asesinato de Gustavo III de Suecia durante un baile de máscaras de la Opera de Estocolmo inspiró un par de óperas. La de Verdi, estrenada el sábado en el Ziff Ballet Opera House por la Florida Grand Opera (FGO), se mantiene entre las favoritas del público.
En Miami ha sido escenificada en seis ocasiones, pero esta es sin duda muy superior a las dos anteriores (1996 y 2005). Aunque para pasar la censura, Verdi tuvo que suavizar el personaje del tirano y separarse bastante de la historia, no faltan en el libreto las alusiones a las injusticias y asesinatos de los poderosos de siempre. Quizá, además de la bella música, sea esa una razón para la permanencia de esta obra.
Quiero empezar por la orquesta, que aunque no fue merecidamente aplaudida en la obertura, fue cobrando el debido protagonismo y reconocimiento a lo largo de la noche. El salto de calidad era evidente, y se debía al talento del joven director español Ramón Tebar, que una vez más supo sacarle a la partitura matices y colores que llevaron la experiencia a un nivel internacional.
Aunque sin duda, las estrellas principales fueron los cantantes. Tamara Wilson logró una Amelia convincente y conmovedora a pesar de lo astracanado del personaje. Su voz bella y poderosa llenó el teatro con tersos y bien modulados legatos, y giros atrevidos llevados a los límites de su tesitura. Igualmente brillante resultó el tenor Rafael Dávila, quien logró grandes aplausos desde su primera aria hasta el final. El barítono Todd Thomas, en su turbio personaje de marido burlado y amigo traicionado, se mostró también digno de largos aplausos y fue un meritorio apoyo a la pareja principal. Dana Beth Miller se ganó al público con su convincente caracterización de la bruja Ulrica. Elena Galván lució su afinada voz y hasta su capacidad para la acrobacia como Oscar, mensajero y mignon del rey. El resto del elenco en papeles menores cumplió cabalmente su cometido.
Mención especial para los coros, a cargo de Katherine Kozak, que en este caso fueron mixtos y separados, pero siempre brillantes, y además se les exigió algo de baile y actuación, lo que aumenta el mérito de su labor. Aplauso al montaje de Marco Pelle, que aportó un toque de humor y opereta a la escena del cementerio, tan del XIX. La solución burlesca hace más creíble el cambio de actitud de los atacantes. Encomiable su estética plástica en memorables escenas, aunque el baile final debió haber sido más vistoso.
No se debe olvidar que participan de este éxito el escenógrafo Eric Fielding, por su hermoso y funcional diseño, igual que Kevin G. Mynatt, con sus luces, y Howard Tsvi Kaplan con sus trajes.
Llevé binoculares para escrutar los rostros de los cantantes, tan metidos en sus personajes y, por muy absorbente que sea la trama, preste atención a la mano izquierda de Tebar, que va acariciando la melodía y, sin perder una nota, marca las entradas de los cantantes y hasta los agudos. Esta es una de las puestas más memorables de los últimos 25 años de la FGO y posiblemente el mejor espectáculo musical de toda la temporada. También tiene lo suyo ver a un tirano sucumbir, aunque sea en la ópera.
‘Un baile de máscaras’, de Verdi, hasta 13 de mayo, en el Arsht Center de Miami y el Broward Center for the Performing Arts, de Fort Lauderdale. Entradas: 305-949-6722, 1-800-741-1010, www.fgo.org y 305-949-6722 y www.arshtcenter.org
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de mayo de 2017, 1:01 p. m. with the headline "‘Un baile de máscaras’, ¡simplemente magnífica!."