Música

El flamenco palpita en la música de la diáspora cubana en Miami

Ataviado con cadenas, pulseras y sortijas, Raúl González, un cubano que canta con ritmos andaluces y reside en Miami, es exponente de una gitanería que trasciende no solo límites culturales, sino también geográficos. Junto a La Negri y otros músicos forma parte de un grupo, cada vez mayor, de artistas cubanos que reinterpretan el flamenco en el sur de Florida.

“Lo que nos diferencia de los flamencos españoles es que tenemos ese saborcito tropical y en mi caso también el ser guajiro”, dice González, nacido en 1984 en la provincia de Pinar del Río.

Aprender flamenco en el campo cubano es una empresa complicada. González tuvo que ir a La Habana donde recibió las primeras clases en la academia de Litz Alfonso.

“No sabía qué era aquello, pero la primera vez que escuché flamenco, supe que eso era lo único que deseaba cantar en la vida”, dice.

González era jugador de béisbol y abandonó la carrera deportiva para hacerse cantaor.

“La música cubana la llevamos en la sangre, pero también de España llevamos mucho. Esas son nuestras raíces”, comenta González, que dice preferir “no encerrarse” en un estilo puro del flamenco sino mezclar los acordes de ambas tradiciones musicales.

“Me gustaría una mañana,

después del café de Dió,

pasearme por La Habana

con mi tabaco encendío”

El músico improvisa en el tablao de España, tapas y vinos, un popular restaurante de las afueras de Miami frente a decenas de comensales. Como para no dejar dudas de la fusión de ritmos, la seguidilla evoca el paisaje típico de su tierra natal:

“Yo nací en Pinar del Río,

y ahora vivo en la Florida,

Pero nunca se me olvida,

el guano de aquel bohío”

Cantar flamenco en Miami no fue fácil. Antes de subir a un tablao, González tuvo que trabajar durante dos años en diversos oficios.

“Me decían que los cantantes llegados de Cuba se morían de hambre. Pero cuando uno tiene una pasión y le motiva algo profundamente, no hay obstáculos que te impidan hacer lo que te gusta”, afirma.

Las raíces del flamenco se pierden en el tiempo. La mezcla de las culturas judía, cristiana y árabe, con un toque especial del pueblo gitano, que llegó a España en el siglo XV, y la propia cultura andaluza configuraron este arte que canta al trabajo, la fe, el amor y sobre todo, al dolor del oprimido.

El arte flamenco tiene tres expresiones claramente definidas, el cante, el baile y el toque, que a su vez poseen variaciones y normas muy específicas. Ha sido declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad y se considera como uno de los signos identitarios de parte de la sociedad española.

Para Yanela Gómez Rodríguez, La Negri, que canta “desde que tenía cuatro años”, el flamenco es “una pasión que reúne todo”.

La Casa de la Cultura, en el municipio capitalino de Diez de Octubre, la vio dar sus primeros pasos en el canto y España desarrollarse como artista. Escogió el sur de Florida para residir, pero su espíritu quedó impregnado de Andalucía.

“El cante para mí es como el aire, como el viento”, dice la cantante, de 43 años, conocida como la Buika cubana por su poderosa voz y el sentimiento que imprime a las canciones.

Estudió en la Escuela Nacional de Arte en Cuba y se convirtió en profesora del Ballet de Lizt Alfonso, pero sentía que le faltaba algo: dedicarse al cante.

“Cuando los españoles colonizaron América no solo aportaron su música a estas tierras sino que se llevaron los ritmos del nuevo mundo. De ahí nacen luego las habaneras de Cádiz y tantas letras que son de otras partes”, explica La Negri.

“Me encanta fusionar la música cubana con otras tradiciones porque la enriquece. Mi padre es de Guanabacoa. El barrio de mi madre es Santa Amalia, un barrio muy cultural. Yo que soy tan cubana como las palmas, ¿cómo voy a dejar mi música de lado?”, se pregunta.

La Negri ha trabajado con el Ballet Flamenco La Rosa, entre otros grupos folclóricos. Es invitada todos los años al festival de Flamenco de Los Ángeles, una de las citas más importantes de ese género musical en Estados Unidos y ha compartido escenario con importantes bailaores y cantaores en el país.

“En Miami tenemos varios tablaos. Esta es una ciudad hispana por excelencia y muy cubana, por lo que España vibra entre nosotros, la llevamos en la sangre”, dice la cantaora, que se presenta cada noche en el restaurante Casa Panza de la Calle 8.

Siga a Mario J. Pentón en Twitter y Facebook: @mariojose_cuba

Este artículo forma parte de un convenio entre el diario cubano 14ymedio y el Nuevo Herald.

Esta historia fue publicada originalmente el 8 de mayo de 2017, 1:19 p. m. with the headline "El flamenco palpita en la música de la diáspora cubana en Miami."

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