Música

La Seraphic Fire cierra su temporada con un concierto extraordinario

El director James K. Bass y la coral Seraphic Fire.
El director James K. Bass y la coral Seraphic Fire. Daniel Fernández

El Miserere, de Allegri es posiblemente una de las obras corales más gustadas y conocidas. Excelente elección de la Seraphic Fire como atractivo principal del concierto final de su decimoquinta temporada.

Este grupo, radicado en Miami, cuenta con voces extraordinarias que viajan desde ciudades a horas de vuelo para ofrecer estos conciertos que convierten esta ciudad en un baluarte de ese tipo de música. Los premios obtenidos por este grupo y por sus discos reconocen una calidad que no deja de asombrar. Concierto tras concierto las interpretaciones alcanzan niveles insospechados de belleza, sentimiento, y a mis oídos: perfección.

La noche del 10 de mayo, en el ámbito maravilloso de la iglesia Santa Sophia de Miami, no fue una excepción en esta tradición de excelencia, bajo la dirección de James K. Bass, director asociado y bajo principal, el grupo ofreció una noche inolvidable, espectacular cierre de una serie colmada de éxitos.

Abrió la noche el mencionado Miserere. Aquí se lució la soprano Cait Frizzell, a cargo del famoso ritornelo que le da a la obra un aire celestial; aunque todas las voces parecían celestiales. Muy acertada la idea de separar un grupo de voces y colocarlo en un lateral para aumentar el dramatismo con un efecto de antífona. Solo por escuchar esta obra ya valía la pena haber asistido; pero había más, mucho más. Siguieron dos madrigales del tenebroso Gesualdo, y luego obras más luminosas de Bennet y Weelkess, para regresar al mundo religioso con una espléndida entrega del Salve Regina, de Victoria, donde actuó como solista el tenor Stephen Soph.

Las pausas entre piezas o grupos de piezas eran punteadas por los sabios y amenos comentarios de Bass. Todo el programa, que iba del siglo XVI a la actualidad, resultó de un gusto exquisito, con obras muy especiales como O Sacrum Convivium, de Messiaen.

Kyle Nielsen, que celebraba la reciente adquisición de su doctorado musical y su nombramiento en una universidad de Virginia, dirigió dos bellos spirituals, que aportaron un toque más movido y alegre a la noche.

El cierre fue una sorpresa muy bien recibida, la Chichester Mass, de Albright, obra de 1974, que participa tanto de la más antigua tradición polifónica como de los más atrevidos cromatismos modernos. Sobrenatural el efecto en el Sanctus, en el que prácticamente cada una de las voces va en un tono distinto. En todas las obras de esa noche, llenas de belleza y dificultad, el grupo se lució en conjunto y de uno en uno, pues casi todos tuvieron su momento estelar. Esta es una verdadera constelación de estrellas donde cada voz es depositaria y ejemplo del fuego seráfico que les da nombre. Inolvidable fin de temporada.

Seraphic Fire comenzará su nueva temporada el 18 de octubre con ‘Selva Morale et Spirituale’, de Monteverdi. Información y entradas: 305-285-9060 y SeraphicFire.org.

  Comentarios