Música

Renée Fleming, más que “adiós” un “hasta luego”

A los 58 años Renée Fleming, la diva americana, se retira del escenario.
A los 58 años Renée Fleming, la diva americana, se retira del escenario. CORTESÍA

Más famosa la soprano, más invencible se creerá. Como adolescentes, piensan que “no les puede pasar nada” y como a todos, “les pasa el paso del tiempo”. Nadie se escapa, ni siquiera ellas. Los factores que inciden en la declinación vocal de una cantante lírica son muchos y de diferentes “tenores” yendo desde la ambición desmedida a los cambios hormonales de la menopausia.

Retirarse del escenario con estilo es un asunto espinoso. “Mejor que digan ¿por qué se retira? en vez de ¿por qué no se retira?”, afirmaba Lotte Lehmann en una frase de antología que encapsula el cuento entero mejor que ninguna. La mención de la ilustre soprano prusiana viene como anillo al dedo porque en su tiempo fue la máxima exponente de un personaje que encarna el más noble, el más digno de los renunciamientos, es la Mariscala de El caballero de la rosa, joya del binomio Richard Strauss y Hugo von Hofmansthal capaces de producir un milagro teatral donde la palabra es tan importante como la música y además echa un impagable vistazo al alma femenina con exquisitez insuperada. Y que conste, por dos varones.

A los 58 años, Renée Fleming, la diva americana par excellence, se retira del escenario con ese mismo papel que le dio tantas satisfacciones amén de Tatyana, Rusalka, Violetta y dos o tres Condesas. Al igual que otra famosa prusiana, en las antípodas de Lehmann (y en el sentido más amplio), Elizabeth Schwarzkopf se retiró a los 57 con ese personaje que llegó a encarnar. Quizás Fleming lo aprendió de este monstruo sagrado con el que tuvo clases de perfeccionamiento bastante amargas, no fue la única.

Enamorada del adolescente Octavian, la madura Mariscala se ha visto vieja frente al espejo, preguntándose donde quedó la que ayer fue una muchacha, cómo pudo sucederle si aún es la misma? En ese inútil detener de los relojes, en la súbita realización del implacable paso del tiempo dice a Octavian “Hoy o mañana o pasado mañana inevitablemente… me dejarás”, ese muchacho llevará la rosa a la joven Sophie, el desenlace está literalmente “cantado”. Para la Mariscala significa la renuncia; en el cómo aceptarlo encontrar la diferencia.

Inteligente y previsora, Fleming sabe que su voz aún está casi intacta, que retiene su pureza mas allá del lógico desgaste. Su retiro es un astuto movimiento estratégico que refleja la admirable arquitectura de su carrera, virtud de la que pocas pueden ufanarse. Pudo hacerlo Leontyne Price que a la misma edad cantó su última, gloriosa Aída en el Met. No pudo Callas a los 44 vocalmente desintegrada, o Natalie Dessay que con 48 cantó su última ópera. Como Beverly Sills, otra compatriota que dijo adiós a los 51 pasando a dirigir la New York City Opera por dos décadas, Fleming tiene no sólo planes de seguir cantando en concierto sino ocuparse de compañías líricas y del futuro del género en varias asignaciones. Es una bienvenida responsabilidad hoy que más que nunca se necesitan role-models. Su alejamiento no es definitivo, es un comienzo.

En repetidas oportunidades, Montserrat Caballé comentó que deseaba retirarse como La Mariscala, “No hay mejor manera de decir adiós a las tablas”. Tenía razón, no vio cumplido su deseo; otras grandes Mariscalas lo hicieron: Margarethe Siems –la original del estreno– con 46 años, Sena Jurinac y Elisabeth Grümmer con 61, Evelyn Lear y Viorica Ursuleac con 59, Lisa della Casa con 55 y por supuesto, Lotte Lehmann, con 58. En cambio, otras exponentes del papel prolongaron sus carreras diversificándose y postergando el retiro definitivo: Régine Crespin con 62, Kiri te Kanawa y Christa Ludwig con 66, Elisabeth Söderstrom con 72 y las inoxidables Astrid Varnay y Gwyneth Jones con 78. Si Caballé fue una notable Mariscala en Glyndebourne como otras grandes, más famosas por otros personajes que la interpretaron con distinción, llámense Birgit Nilsson, Maria Reining, Felicity Lott, Renata Scotto, Helen Donath, Lucia Popp, Adrianne Pieczonka o Nina Stemme.

Para Fleming, después de los confetti de su actuación transmitida a cines de todo el mundo vendrá el infaltable DVD conmemorativo. Lo cierto es la dualidad de estos “retiros” tan semejantes al de la Mariscala que sus autores sugerían interpretarla de modo que dejara un ojo seco y el otro lagrimeante; tan agridulce como el paso del tiempo y la vida misma. En el “cómo lograrlo” reside la diferencia... más que “adiós” es “hasta luego”.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de mayo de 2017, 11:09 a. m. with the headline "Renée Fleming, más que “adiós” un “hasta luego”."

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