Música

‘Kennedy Honors 2017’, se olvidaron de la música clásica

Renata Scotto rodeada de alumnos en el Programa Lindenmann del Metropolitan Opera
Renata Scotto rodeada de alumnos en el Programa Lindenmann del Metropolitan Opera

Es un proceso lento, curioso, sólo los atentos dan la voz de alarma. Entre tantas cosas que pasan esta podría no ser vital, pero lo es. La solapada marginalización a la que se ve sometida la “música clásica” es tema de preocupación. Parece que se ha olvidado –o es amnesia inducida– que es el cimiento de la música toda, que es paredes, ventanas, puertas y techo. Es el hogar del que parten los hijos a la aventura. Es pasado, presente y futuro. Merece consideración así como reconocimiento a los maestros.

No es siempre el caso cuando de los prestigiosos Premios Kennedy se trata. Para lo clásico cada vez menos, la pendiente se acentúa. Creados en 1978 con el propósito de celebrar artistas cuyas contribuciones enriquecen la cultura americana (no es obligación ser ciudadanos), cubre un amplio espectro donde destacan luminarias emblemáticas de cada renglón del espectáculo. De Leonard Bernstein a Bette Davis, pasando por Tennessee Williams, Fred Astaire, Alvin Ailey y Count Basie, cada uno de los cinco elegidos anuales son referentes. Y el honor es aún mas merecido cuando se reconoce a figuras señeras famosas en su “metier” al brindarles una popularidad que llega como añadidura al galardón. Es el premio a una vida entera de dedicación.

La ópera y la música clásica están ausentes entre los flamantes galardonados del 2017, sólo la pionera actriz y bailarina Carmen de Lavallade (86 años) se acerca a la categoría. Ni compositor, ni director, ni instrumentista, ni cantante integran la lista. Candidatos sobran, pero ignorar al valioso, quizás por ignorancia, parece ser la consigna.

Desde 1978 hasta el presente fueron honrados once estrellas de la ópera –Marian Anderson, Leontyne Price, Beverly Sills, Risë Stevens, Marilyn Horne, Jessye Norman, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti, Joan Sutherland, Grace Bumbry y Martina Arroyo. Por eso es inconcebible que artistas de la talla de Renata Scotto (83) y Sherrill Milnes (82) no hayan sido aún galardonados. Juntos suman casi mil representaciones en el Metropolitan Opera; ella simboliza la diva italiana americanizada, esencial del período 70-80 del teatro, y el fue el gran barítono verdiano de esa misma época. Retirados, continúan infatigables dirigiendo y enseñando, formando nuevas generaciones. Son ineludibles referentes de una era. Mas jóvenes, también debería considerarse al bajo Samuel Ramey (75), la soprano Teresa Stratas (79) y la mezzo Frederica von Stade (72).

Otra importante razón a tener en cuenta: el premio debe ser otorgado en vida, de ahí que urge la prioridad a ilustres veteranos, no deben repetirse casos como Shirley Verrett, o el matrimonio de cantantes Evelyn Lear-Thomas Stewart, estrellas americanas pioneras en Europa; en cambio otros incomparables como Lorraine Hunt Lieberson, Arleen Auger y Tatiana Troyanos partieron demasiado pronto. La postergación puede ser letal, la injusticia irreparable.

Si compositores, directores e instrumentistas como Copland, Menotti, Schuman, Bernstein, Ormandy, Mehta, Levine, Solti, Ozawa, Previn, Rostropovich, van Cliburn, Rubinstein, Serkin, Perlman, Menuhin, Stern, Fleisher, Ma y Argerich fueron justamente honrados cabe preguntar por qué siguen esperando John Adams (70), Steve Reich (80), Philip Glass (80), William Christie (75), Michael Tilson Thomas (72), Richard Goode (74), Murray Perahia (70) y Richard Stolzman (75), por mencionar sólo algunos de los candidatos mas firmes, y tantos quedan en el tintero sin contar la lista de menores de setenta encabezada por Thomas Hampson (62), cantante y pedagogo, eximio representante del americano multifacético o Barbara Hendricks (68) cantante y humanitaria ejemplar.

Desde su creación, el premio ha sido una ala protectora brindando acogida a todas las performing arts, es refugio y panteón donde se valora la diversidad, el talento, la constancia que lleva a la exacta definición de “Lifetime Achievement”, los elegidos apuntalan cada disciplina, son los modelo de las futuras generaciones. Un exceso de cultura puramente mediática va en detrimento de aquellas menos populares pero igual o tanto mas valiosas, sin las cuales la primera no podría existir. Indica un deterioro que debe detenerse cuanto antes. El equilibrio es delicado, debe ser sabio y ejemplar. Valga destacar que no están en tela de juicio los elegidos, sino lamentar aquellos postergados. En suma, debería afinarse la puntería y darle al César lo que es del César.

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de agosto de 2017, 10:17 a. m. with the headline "‘Kennedy Honors 2017’, se olvidaron de la música clásica."

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