Música

Claudicar no está en el vocabulario de Bach

Foto de cortesía

Como asiduo espectador local debo decir que la Miami Bach Society me ha deparado algunos de los conciertos mas memorables de las últimas décadas. Gracias al tesón, insistencia, vocación de servicio y entusiasmo de la infatigable Kathy Gaubatz (1941-2014) Miami no sólo es sede del Tropical Baroque Festival, que ella fundó en 1999, sino que ha sido protagonista de inolvidables actuaciones de – entre otros Popes de la música temprana – Jordi Savall, Maria Cristina Kiehr, Pedro Memelsdorff – regente de la Schola Cantorum de Basel con quien soñó en establecer una sucursal local – y la Capilla del Sol sin poder dejar de mencionar dos icónicas visitas póstumas, la de William Christie y Les Arts Florissants en 2015 y el grupo cubano Ars Longa esta última temporada.

Como cronista cultural debo decir que me alarma el comunicado emitido por el directorio de la organización alertando que cerrará sus puertas a menos que antes de fin de año recaude $100,000 que le permita seguir operando, otro patético sacudón para el ámbito local. Con la cantidad de tragedias que nos vapulean sin cesar, ésta no trepa a la lista de prioridades; al fin y al cabo, se supone que de expirar otros tomarán el puesto vacante. Dicen que nada muere todo se transforma, al menos en este aspecto, es un "cuento chino". Las pruebas están a la vista.

El problema reside en que cada organización musical local que desaparece no halla reemplazante del mismo o mayor nivel. Es la punta de un iceberg que amenaza con hundirnos mientras seguimos bailando en la cubierta del Titanic. La ciudad cuenta con un admirable grupo de mecenas y patrocinadores a los que se les pide cada vez mas, y el dinero y la paciencia se agotan. Asimismo cuenta con organizaciones florecientes como la New World Symphony, Seraphic Fire, Miami City Ballet y ahora Nu-Deco, representan el ímpetu, alcance y diversidad de una ciudad que va encontrando su lugar en el mundo. Si esas entidades logran subsistir mas o menos cómodamente, otras debe luchar a brazo partido. Hay que dejarlas morir por decantación natural o hay que apuntalar cada ladrillo ganado a la oscuridad?. La cultura es luz, es el espíritu y motor de la civilización de la que Bach representa su esencia absoluta. A esa esencia hay que remitirse sin favoritismos, agendas ni opiniones encontradas. Lo cierto es que la posible desaparición de la entidad deja entrever que ninguna está a salvo, la próxima víctima puede ser la música de cámara, la ópera, la música sinfónica. Ninguna está exenta. Hemos visto desaparecer demasiados referentes culturales.

Las pérdidas nos obligan a enfrentarnos con la realidad, cabe preguntarse si no nos estamos acostumbrando a perder demasiado. Hay cambios de rumbo que requieren flexibilidad y adaptación, bienvenidos sean siempre y cuando no se pierda la calidad obtenida con tanto sacrificio. Es fundamental que Miami abrace la diversidad cultural, que la apoye y promueva pero así como debe cuidar los flamantes emprendimientos debe sostener la tradición que sirve de cimiento, sin ellos el techo de lo nuevo no tiene sustento y se caerá por su propio peso. La mirada debe ser amplia y abarcarlo todo.

Es fácil dejarse llevar por el mero entretenimiento, por el ruido de aquello que no ha decantado, sucumbir al pasatiempo sin notar que significa paso del tiempo. Es fácil ceder, dejar paso a la corriente, bajar los brazos imperceptiblemente y olvidar el legado de la gran tradición con la pueril suposición de que siempre estará allí. Como la democracia, la casa de la cultura requiere mantenimiento y trabajo constante.

Bach simboliza el principio y fin de la música de Occidente. Música que seguirá con o sin la modesta Sociedad Bach de Miami, pero su supervivencia es un referente de cómo tratamos a nuestros semejantes y a nosotros mismos. Si la empatía no está de moda, hay que reverdecerla como se pueda, en su piedad hacia el género humano Bach señala el sendero. En su vocabulario no existe el término claudicar, que más que ceder a una presión significa en latín, cojear. Y Miami no puede quedarse coja.

http://www.MiamiBachSociety.org

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de noviembre de 2017, 2:28 p. m. with the headline "Claudicar no está en el vocabulario de Bach."

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