‘Lucía de Lammermoor’, entre gracias y desgracias
En medio de una epidemia mundial de feminicidios y abusos machistas a las mujeres, una nueva puesta de la famosa ópera de Donizetti, Lucía de Lammermoor, estrenada en 1835, cobra una actual lectura e inusitado impacto. Es la historia de una mujer a la que no solo su hermano sino todo un sistema machista la manipulan hacia una boda por conveniencia que termina en triple tragedia. Este contexto está subrayado por la sobria y sombría puesta de John Doyle, que estrenara la Florida Grand Opera el sábado 11, en el Arsht Center.
Pero tanto subrayar lo evidente, le resta a la larga gracia y belleza a una obra ya cargada de oscuridad y desgracia. La dirección dramática de Elise Sandell tampoco explota los diálogos de los personajes en toda su dimensión; aunque el mayor defecto de esta producción es la mediocridad interpretativa de Anna Christy que, como la desdichada heroína, careció de presencia escénica ante la labor brillante de Trevor Scheunemann (Enrico), Kristopher Irmiter (Edmundo) y, muy especialmente, la de Joshua Guerrero, quien se llevó al teatro abajo en más de una ocasión y para quien fueron los mayores y casi únicos “bravos” en los saludos finales.
Christy es competente en lo musical, pero en un papel como este no basta con salir del paso, hay que pasar con flying colors como dicen en inglés (algo así como sobresaliente absoluto). Además, el brillo alcanzado por los cantantes mencionados hizo más ostensible su deficiencia. Tampoco la orquesta, a cargo de Alexander Polianichko, estuvo como en otras ocasiones. Donizetti no es Chaikovski. Maestro del “más con menos”, la sutileza es su distintivo, y aunque hubo momentos buenos, a la orquesta le faltó la magia, hasta en la icónica aria de la locura. El ángel de las obras no está en la partitura.
La escenografía de Liz Ascroft, desnuda y amparada en proyecciones de celajes, cada vez más sombríos y tempestuosos, dejó a los actores casi totalmente desamparados en escena, algo que hizo aun más evidentes las deficiencias de Christy. Un aplauso para los trajes, también de Ascroft, y las luces de Michael James Clark, pilares de buen gusto y excelencia en esta puesta originaria de Houston, Venecia y Australia. Pero un poco más de color, luz y gracia en la escena de la boda, para acentuar el contraste con la tragedia que se desencadenaría después, hubiera sido un alivio a tanta oscuridad.
A pesar de lo dicho, esta producción merece verse, sobre todo por la belleza de la obra que ha sobrevivido a puestas verdaderamente desastrosas, y este no es el caso. El momento del sexteto, por ejemplo, quedó bien, y escuchar las voces masculinas, especialmente la de Guerrero, ya compensa con creces el precio de la entrada. “Lucía es siempre Lucía”, con todas sus gracias y desgracias.
‘Lucía de Lammermoor’, por la FGO, en el Ziff Ballet Opera House y el Broward Center hasta el 2 de diciembre. Info. y entradas: fgo.org, 305 949 6722 y arshtcenter.org.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de noviembre de 2017, 2:49 p. m. with the headline "‘Lucía de Lammermoor’, entre gracias y desgracias."