Música

Juan Gabriel retomó gira en Miami con concierto memorable

Juan Gabriel estuvo acompañado por un gran coro en el escenario de la AAA.
Juan Gabriel estuvo acompañado por un gran coro en el escenario de la AAA. Especial/el Nuevo Herald

Una gira cancelada, recaídas de salud y hasta rumores de enfermedades incurables han rodeado a Juan Gabriel en los últimos meses. Pero quienes lo vieron el viernes 5 en el American Airlines Arena, admiraron la excelente forma física y artística en que se encuentra.

No por gusto el cantautor mexicano llamó Volver a esta gira que lo lleva por varias ciudades norteamericanas, y que, por fortuna, escogió a la Ciudad del Sol para comenzar de nuevo. Comunidades de toda Latinoamérica lo aplaudiieron durante las dos horas y 40 minutos que duró el espectáculo.

Juan Gabriel se presentó vestido de saco, chaleco y pantalón azul celeste, camisa blanca, corbata rosada y un chal floreado sobre los hombros, muy a su manera. Su llegada al escenario, sin aún pronunciar una sola letra, hizo que todos se pusieran de pie para darle la bienvenida con una ovación.

Entre los primeros temas que dejó escuchar estaban Tú estás siempre en mi mente, Ya te olvidé y Ha llegado un ángel. Entre canción y canción no dejó de darse la vuelta, de contonearse con las manos en la cintura y, entre gesto y gesto, el público lo ovacionaba una y otra vez. El se hacía el que esperaba por los aplausos, se los daban, y se viraba como para pedir uno más. Es un juego de gestos y guiños que disfruta en cada espectáculo.

Cuando cantó He venido a pedirte perdón, dio otras de sus vueltas, y en una pantalla sobre el escenario se proyectó la imagen de Jorge Negrete sobre un fondo rojo. De nuevo los aplausos retumbaron en la conocida Arena de Miami, cuando gritó “¡Viva México!”, y comenzó a cantar El principio, un tema que grabó junto a Rocío Durcal en el disco Juntos otra vez (1997), y que le valió la categoría de Multiplatino por su récord de ventas.

“La musica está divina, une a los pueblos, y los pueblos se unen aquí”, dijo, y mencionó uno por uno todos los países de América Latina. Banderas de varios países se desplegaron entre el público.

Cuando cantó Se me olvidó otra vez, le hicieron un coro gigante, tan largo, que Juan Gabriel pudo tomarse hasta una suerte de descanso.

Fue un espectáculo de un colorido intenso, con los trajes negros de mariachi, y los hombres y mujeres del coro vestidos con pantalón rojo y camisa blanca. Como complemento, las luces en el escenario llenaban todo de blanco, azul, rojo y verde. En la versión que hizo de Te voy a olvidar dejó ver ese sentimiento de idiosincrasia “corta venas, arranca cortinas” y carácter de macho bien plantado, pero plañidero.

Completó la noche del viernes con otros temas como Tengo que olvidar, Tú a mí no me hundes, Yo no sé lo que pasó, Insensible, Hablame de ti (de nuevo le hicieron coros, casi no se la dejaron cantar), Déjame vivir, Yo no nací para amar y Hasta que te conocí. Después con Abrázame, pidió a todos que se dieran un abrazo, y parejas, amigos y hasta desconocidos, se fundieron en un estrechón.

Con Noa Noa armó la fiesta y celebración muy a lo mexicano. Los músicos y cantantes bailaron durante un buen rato en el el escenario. Juan Gabriel se quitó la corbata, se desabotonó la camisa, largó el saco y el chaleco, y se amarró el chal a la cintura. Mientras, en el público María García y Marisela Maldonado, dos jóvenes amigas, se las arreglaban para hacerse un selfie, con Juan Gabriel y su espectáculo de fondo, cuando este bailaba en un solo pie o se agachaba y subía en el escenario, haciendo el juego de la soguita.

El cantante retomó el escenario con Perdona si te hago llorar. Dio saltitos, vueltas, se contoneó, y con cada gesto arrancaba una ovación para luego repetir los movimientos. Hizo una reverencia e interpretó una vibrante versión de su gran éxito Querida, el tema que faltaba en el concierto.

Se despidió de una vez con Por qué me haces llorar. Y no es de los que amenaza con irse, con esa rutina de dejar el escenario, apagar las luces y luego regresar para cantar de nuevo. El cuando se va, se va.

Se paró frente al AAA, le lanzó un beso al público, dio una media vuelta, subió las escaleras del escenario y dijo adiós casi de espaldas agitando la mano. Salió con paso despreocupado, feliz, como todo un divo. Más que despedirse, parecía que a esa hora, cerca de la medianoche, se iba a pasear para disfrutar de la brisa en el Bayfront Park. Como si a sus 64 años más de dos horas de concierto no fueran nada para él.

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