‘Salomé’ por la FGO, escalofriante y magnífica
Fuerte el tema, escabroso el argumento, difícil la música. Salomé, de Ricardo Strauss no es para todos los gustos; sin embargo, creo que había más público para el estreno de la nueva producción de la Florida Grand Opera, el sábado 27, que para el estreno anterior, una favorita de todos como Lucia de Lammermoor, aunque quizá el mermado público de aquel estreno se debió principalmente, como señaló la directora de la FGO, Susan T. Danis, a las secuelas del huracán Irma.
Para Salomé había mucho público, y muchos jóvenes, lo que augura que el futuro de la mayor de las artes en Miami parece estar garantizado. Y lo mejor es que nadie se fue disgustado, las ovaciones del final demostraron que a pesar de algunos detalles insatisfactorios, el balance fue hacia el largo y merecido aplauso, especialmente para la diva en el rol titular, Melody Moore, que cantó el exigente papel con seguridad y belleza encomiable. Su escena final –ese tour de force en el que debe cantar por unos 15 minutos no solo a tope de su registro y por encima de una poderosa orquesta, sino expresar sentimientos oscuros y tiernos, apasionados y horrendos, demenciales y humanos– resultó magnífica. Quizá no haya otra escena en toda la historia operística más difícil ni más atrevida: Una mujer enloquecida cantándole a la cabeza cortada del hombre que amaba.
Entre los detalles a señalar está la mala traducción al español en los supertítulos que fue lo que provocó posiblemente algunas extemporáneas risas y comentarios. Sin embargo, esto sirvió también para marcar el impacto de la escena final, pues en esta el silencio era sobrecogedor y podían escucharse hasta algunos suspiros (o sollozos) de conmovidos espectadores en la distancia.
Pero no todos los aplausos fueron para Moore, John Easterlin, como el lascivo Herodes también se ganó abundantes aplausos, seguido de cerca por Mark Delavan, que encarnó al desdichado profeta Jokanaan (San Juan Bautista). Como Herodias, actuó Elizabeth Bishop, en su menor pero importante papel. Merecen ser mencionados, el excelente Benjamin Werley como Narraboth y Edgar Miguel Abreu, Benjamin Werley, Daniel Gerdes, Dominick Corbacio y William Lee Bryan, como los Judíos.
Un largo aplauso mereció también Timothy Myers por su labor en el podio que logró tanto las sutilezas como las altisonancias de una complejísima música que siempre resultó el adecuado apoyo para las voces sin opacarlas. Y no se debe olvidar la sabia dirección escénica de Bernard Uzan. La hermosa escenografía de Boyd Ostroff, el excelente vestuario de Richard St. Clair y las luces de Kevin G. Mynatt completaron una atmósfera exquisita que hace de esta producción, original de la Pittsburg Opera, una de las mejores que he visto de esta obra. Ingeniosa la coreografía de Rosa Mercedes en la danza de los siete velos.
Podría señalar algunos detalles, y hacer énfasis en que no me satisfizo Delavan en su papel, pero estos merman poco a un efecto de conjunto encomiable. Salomé es una de las óperas que hay que ver al menos una vez en la vida, y que siempre, como en esta ocasión, resulta inolvidable. No se la pierda.
‘Salomé’, de Ricardo Strauss, hasta el 10 de febrero, en el Arsht Center de Miami y el Broward Center de Fort Lauderdale. Información y entradas: 800-741-1010 y www.fgo.org
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de febrero de 2018, 2:46 p. m. with the headline "‘Salomé’ por la FGO, escalofriante y magnífica."