Música

Triunfal ‘Elektra’, inmejorable tributo a Richard Strauss en su 150 Aniversario

La más brutal y compacta de las óperas de Richard Strauss celebra los 150 años del compositor bávaro con la contundencia debida. Callejón sin salida para intérpretes y público, Elektra llega desde el Festival de Aix-en-Provence en DVD en una versión antológica dirigida por el lamentado Patrice Chéreau.

Todo exceso vocal de la extraordinaria Evelyn Herlitzius queda perdonado ante su alucinada intensidad. Estremece la liberación final de esa niña-mujer carcomida por la espera. Emblema de una jauría oprimida, su Elektra también inspira compasión y ternura, víctima de todos y de sí misma. La soprano alemana cubre un espectro amplísimo y cabe preguntarse si esta entrega total no perjudicará su salud vocal. Desde la interacción con cada personaje hasta el último detalle en su lenguaje corporal, no cabe duda de que Herlitzius “es” Elektra.

Por su parte, la veterana Waltraud Meier entrega una Klytamnestra diferente. Meier pertenece a la moderna generación de Klytamnestras, no es el monstruo encarnado por Mödl, Höngen, Varnay, Madeira o Resnik; sino una mujer patética, amarga, traicionada, de una tristeza sin retorno, cercana a Yocasta, reservada, pudorosa, elegante, manipuladora. Espléndida la Crysotemis por Adrianne Pieczonka, una criatura real que recuerda a Leonie Rysanek en su combinación de cordura y carnalidad. Memorable el Orest de Mikhail Petrenko así como el Aegisth de Tom Randle y el resto del elenco, entre los que se destacan veteranos famosos asociados a Chéreau en “cameos” en tácita despedida a su maestro: Roberta Alexander, Renate Behle, Douglas McIntyre y Franz Mazura a los 90 años.

Más allá del monolítico despliegue interpretativo y la claridad orquestal de la Orquesta de París lograda por el siempre excepcional Esa-Pekka Salonen (haciéndose eco del casi imposible pedido de Strauss de interpretar Elektra como si fuese Mendelssohn) quien se lleva las palmas es Patrice Chéreau en lo que sería su testamento artístico, ya muy enfermo durante la preparación y estreno de la ópera, murió semanas después.

Con sencillez y austeridad extremas, a cada instante y en todo renglón la puesta refleja la decantación artística del genial director francés. El camino transitado desde aquel célebre Anillo en Bayreuth 1976 pasando por Janacek, Mozart, Stravinsky, Wozzeck, Lulu, Tristan hasta esta Elektra final constatan más de tres décadas de abstracción teatral de refinamiento y elocuencia superlativas. Las paredes, arcos y escalinatas de esta derruida Micenas devenida búnker gracias a su fiel escenógrafo Richard Peduzzi reviven al mejor Adolphe Appia; rotundos claroscuros de malvas, azules, grises y blancos azogados ilustran cada situación con envidiable rigor pictórico amén del vestuario actual que completa este ejercicio teatral de un dinamismo raramente visto en el escenario lírico.

Chéreau logra investir inusitado interés a la primera escena de las criadas, ni qué decir de esa reina madre confesando sus pesadillas entre canción de cuna y exigencias de doña traicionada en esta comarca donde los varones se han ido a la guerra para no regresar... Con o sin la música de Strauss, Elektra por Chéreau se erige como la esencial encarnación de la tragedia de Sófocles. Y al sumarse el tsunami sonoro straussiano, añade la catalización perfecta para cada personaje. Su enfoque deja finales abiertos y propone instancias desconocidas a la vez que completa un círculo de una pulcritud asombrosa.

Teatro puro y pura música que erizan la piel y que no solo reconcilian sino que redimen un género a menudo bastardeado. Con tanto y “tan poco” Chéreau y Salonen ejemplarmente redefinen la tristeza infinita de una civilización condenada y reafirman la providencial conjunción del libretista Hoffmansthal con Strauss y del poderoso matrimonio entre música y texto, entre ópera y tragedia, entre creadores e intérpretes y ante el cual es difícil, sino imposible, no sucumbir o al menos quedar conmocionado. Reunión y amalgama de épocas y estilos, de artistas y audiencias participando en una catarsis colectiva –el aplauso final lo prueba– para los anales del teatro musical. Y para ver antes de la ópera, la imperdible entrevista a Chéreau como jugoso bono al DVD.

Una versión esencial que junto a las de Friedrich/Böhm y Lehnhoff/Gatti se suma a un trío de imbatibles Elektras filmadas. • 

Strauss, Elektra, Bel Air DVD, BAC 110.

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