Música

‘Come to Me in My Dreams’: una sutil e intensa travesía nocturna

Hay cantantes y cantantes. Muchos optan por concentrarse en el repertorio estándar, otros sólo prefieren el más accesible o en todo caso, popular. Comodidad, facilismo, rendimiento o desinterés, cada uno maneja sus opciones y preferencias y a decir verdad, hay para todos los gustos. Pero pocos, muy pocos, se adentran en los secretos laberintos musicales. Son una casta de inquietos privilegiados, músicos ávidos y responsables que buscan descubrir, desenpolvar, dejar constancia, revelar tesoros ocultos, aquellas composiciones que parecen estar aguardándolos, pidiendo por volver a la vida; como auténticos arqueólogos de la música cada tanto emergen con un tesoro en la mano dispuestos a darlo a conocer, literalmente, “a viva voz”. Son artistas que consideran su testimonio como parte esencial de su legado artístico.

En las últimas décadas vale mencionar, entre otras de la cuerda mezzosoprano, a Cecilia Bartoli con sus incursiones en música temprana, Anne Sofie von Otter y sus fulgores escandinavos, sin olvidar a las que se han ocupado de difundir el repertorio ignoto de sus países. En este sentido, las islas británicas no pueden quejarse, posee un ejército de fieles patriotas ocupados en el tema, léase Ferrier, Pears, Luxon, Baker, etc. En la presente generación brilla Sarah Connolly, la soberbia mezzosoprano que ya había deleitado con la colección My True Love Hath My Heart. La flamante “Dame” del Imperio (fue galardonada en 2017) regresa con otra joya integrada por un viaje a través de 120 años de música del Royal College of Music, institución donde se formó, donde ahora es académica y donde halló el material en archivos que dieron origen a este feliz emprendimiento.

Bajo el título Come to Me in My Dreams, Connolly aborda 30 hallazgos, algunos son estrenos, otros regresan después de décadas, amén de uno compuesto para ella por Mark-Anthony Turnage como conclusión del recital. El clima es intimista, de alto vuelo y excelente factura desde todo punto de vista (incluído toma sonora y esmerada presentación, Talón de Aquiles tan frecuente hoy día), Connolly aplica su incomparable –y a la vez eminentemente británico en lustre y proyección– timbre, rico, cálido, sólido y capaz de cortar el aire con un filo vocal que realza su dicción impecable.

Desde el inicial Muriel Herbert (1897-1984) y John Ireland (1879-1962) a sus contemporáneos como Thomas Frederick Dunhill y Herbert Howells, el recital es una constante sucesión de revelaciones para seguir atentamente libreto en mano. Journey’s End de Gustav Holst y antes la versión por Frank Bridge son sólo el principio, habrá más del compositor incluso la deliciosa que titula el álbum. Dos estrenos de Britten le siguen al A Charm of Lullabies de 1947, no podía faltar Ivor Gurney, un favorito de la cantante, tres canciones ni Rebecca Clarke con The Cloths of Heaven. Las Canciones para Ariel de Sir Michael Tippet proveen un tríptico curioso y el Farewell final de Turnage arriba como lógica conclusión.

El legado del RCM reverbera jubiloso en el lustroso instrumento de Connolly en perfecta sintonía con su pianista Joseph Middleton, ambos se pasean por este recorrido hecho de rincones, momentos, salones, risas y llantos demostrando la importancia y vigencia de sus compositores, desde el romanticismo tardío a la actualidad, la hábil combinación entre canciones más y menos conocidas es otro factor a destacar. Asimismo, la honestidad y simplicidad del enfoque reconfortan, sin rebusques ni amaneramientos, sino provisto de una meticulosidad tan rigurosa como certera. Hay canciones como The Wind Among the Reeds de Dunhill, Goddes of Night de Howells o A Shropshire Lad de Somerwell para el recuerdo, tanto como Twilight de Moeran y Weep no More Sad Fountains de Hastings Parry.

En síntesis, bajo un inocente barniz de “sólo” canciones cuna (para grandes), Come to Me in My Dreams propone una sutil e intensa travesía nocturna por los estratos del sueño con todas sus aristas, siempre bajo el férreo control y buen gusto de una cantante que como recien llegada “Dame” sabe honrar a sus “Sirs” compositores. Tal para cual, y definitivamente, para investigar y gozar tanto como sus intérpretes.

COME TO ME IN MY DREAMS – Chandos CHAN 10944

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