Música

Iconoclasta Tcherniakov, hermanadas pero diferentes

Cada aventura escénica del director Dmitri Tcherniakov lo es también una para el público; la comparte y lo sumerge, es una immersión total que fascina o rechaza pero siempre sorprende. El niño terrible de la escena rusa apunta a un doblete -arriesgado compromiso en cualquier género- tal como fue concebido originalmente, y que en este caso, se debe a una casualidad de programación que engendra esta idea, la de volver a reunir como en su noche de estreno de 1892 la ópera Iolanta y el ballet Cascanueces. Tcherniakov las resucita como en el original pero, totalmente diferentes.

En los tramos finales de su vida, antes de la Patética, Tchaicovsky compuso esta ópera de cámara que al revés del ballet se hundirá en el olvido. Gracias a puestistas como Tcherniakov es la enigmática figura del compositor la que reaparece como elemento tácito en todo momento. Ya lo hizo con Onegin (con la que despuntó a la fama en Occidente) y vuelve a reincidir. Las reiventa e interviene, convirtiéndolas en un rito de iniciación, misterioso, exagerado, cataclísmico, propio de la adolescencia, duplicando los personajes: los de la ópera son los del ballet. Como en una babushka, la ópera se inserta dentro del ballet y viceversa, al final del ciclón la muchacha ciega queda sola para volver a empezar como mujer que ha dejado de ser niña, que ahora ve lo que antes no podía o no quería.

Tcherniakov hace teatro dentro del teatro, a la manera de la Ariadna en Naxos straussiana hace de Iolanta una representación doméstica a principios del siglo XIX en la Rusia zarista en un ambiente naturalista. Este poeta de interiores realiza

un trabajo de orfebre con cada cantante, de un detallismo tan obsesivo que resulta en una espontaneidad histriónica extraordinaria a la que adorna con toques de arrebatadora ternura cercanos a un lacrimógeno teleteatro.

Adiós Edad Media, adiós Provenza y desde ya, adiós ratones, cascanueces y Navidad que pasa a ser cumpleaños. El ámbito burgués de Iolanta, en una deliciosa transición, pasa a ser la función de la ópera en una mansión de los años cincuenta, con luz, bailes y personajes que sugieren la perversa estética de Balthus o el kitsch americano de Siete novias para siete hermanos. Ni corto ni perezoso, como cualquier coreógrafo actual, abandona el cuento de Hoffmann, para transformarlo en uno apocalíptico digno de una pesadilla adolescente. Lo trata como un mosaico ecléctico, acude a tres coreógrafos - Arthur Pita, Edouard Lock y Sidi Larbi Cherkaoui - que aportan tres enfoques bien distintos, enfatiza la mejor música del ballet, la que no se advierte, la que esconde la tragedia y adelanta la Patética. En ese tapiz, emerge una foresta aterradora donde vagan animales fantásticos, la danza de los copos de nieve es una tormenta en plena travesía al Gulag, los muñecos de infancia conforman un agigantado desfile pop, el vals de las flores está danzado por parejas que van envejeciendo mientras bailan y una casa (primero) y un planeta (segundo) devastado por una catástrofe natural acaban con todo. Los desparejos aportes coreográficos podrían ser el mínimo talón de Aquiles de la puesta, es lo único que no ha controlado bajo su obsesiva mano férrea.

En esta Iolanta se respira Chejov a puertas cerradas, con una soberbia Sonya Yoncheva como protagonista, a diferencia de Netrebko, la búlgara no posee la opulencia vocal de la rusa pero vive y canta el personaje hasta encarnarlo. Es una criatura adorable secundada por el notable bajo Alexander Tsymbalyuk como el Rey René, su padre, el brillante tenor Arnold Rutkowski, la veterana Elena Zaremba y Andrei Jilihovschi como su prometido Robert. Opera y ballet del Palais Garnier dirigidas por admirablemente por Alain Altinoglu completan un espectáculo que deja atrás infancia y adolescencia, que abre la puerta a la “gente grande”.

En esta atípica unificación parisina, Tcherniakov renuncia a cuentos de hadas, muestra el paralelismo entre ambas hasta hermanarlas logrando aquello que no se vio en su estreno de 1892. Imperdible.

(TCHAICOVSKY, IOLANTA-NUTCRACKER, ALTINOGLU, DVD BEL AIR BAC 145)





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