Música

Javier Perianes, caballero andaluz en Miami

A Javier Perianes es dificil preguntarle por Javier persona porque a Perianes sólo le interesa la música, y compartirla. Esa sencillez lo hace grande, la absoluta concentración en su pasión lo hace generoso. No sabe ni presume dicotomías, el músico no abandona a la persona, no huye con la justificacion del divo sino que apunta al artista íntegro. Integridad que acaba de ser galardonada con el Premio Plaza de España por “su trayectoria en defensa de la solidaridad, la cooperación y la convivencia democrática”; el ilustre andaluz es un joven humanista como fue Leonard Bernstein, no por nada es el director con el que le hubiese gustado trabajar.

El 5 de enero Perianes regresa a Miami por tercera para inaugurar la notable temporada clásica del Arsht Center, viene con la célebre Orpheus Chamber Orchestra. Desde su última visita su carrera ha sido rotunda, sólida, definitivamente meteórica. Miami ha visto su despegue y ahora, en una gira que culminará en Carnegie Hall, retorna con Mozart.

Y con el último de sus conciertos - cuenta desde su residencia sevillana - que está imbuido de una luz, de una inocencia superior, de un positivismo deslumbrante sin perder jamás el elemento dramático, desgarrado y profundo. Un concierto que resume los veintiseis que le preceden y entonces uno se pregunta que más hubiera legado al mundo de no haber muerto con apenas treinta y cinco. Lo mismo con Chopin o Schubert. Estoy seguro de que hubieran atrapado el porvenir, por ejemplo, Chopin a Debussy.

¿Más Mozart en el horizonte?

De hecho, dirigiré desde el piano, un proyecto largamente acariciado, prefiero decir “Hacer desde el piano” más que el rimbombante “dirigir”. Se trata de hacer música juntos.

¿Chopin, Debussy, de Falla, tres cartas ganadoras?

Empezaría por aplicar la maravillosa frase de Goethe en Las afinidades electivas “aquellas naturalezas que contrastan se aferran determinándose mutuamente, se denominan afines”. Es una frase que define esta tríada de estetas del piano. Los tres pertenecieron a la misma familia artística, los tres entablaron una lucha en búsqueda de la esencia. Y por si esto fuera poco, los tres fueron pianistas.

A propósito del centenario, regresó a Debussy en el estudio discográfico.

Si, como parte del gigantesco emprendimiento de Harmonia Mundi celebrando los cien años me tocó en suerte el primer libro de preludios al que me siento muy cercano, junto con las Estampas, además del disco de cámara con la Sonata para cello.

Su evocación en ‘Estampas’ literalmente transporta.

Eso es Debussy, evocación, la imagen, viajar hacia otro sitio. Solía decir “Al no tener recursos para viajar sólo queda imaginar, evocar”. La respuesta es esa, esa España imaginada, recuérdese que nunca pisó territorio español lo que lo hace mas fascinante. Un artista que pudo definir un país sin haberlo visitado, o a partir de una postal y así componer un preludio que ni un español podría haberlo hecho mejor.

Es un mago de la evocación, pero no querría etiquetarlo en un movimiento especifico porque sería demasiado poco para lo mucho que fue. Pianísticamente fue uno de los compositores mas trascendentes; si Ravel pertenece a una tradición mas clasica, mas convencional, Debussy es un absoluto revolucionario, en el lenguaje en sus armonías, su sonido propone otra búsqueda, es una mezcla perfecta de lo ingrávido y lo preciso, flota pero, es preciso. Es mucho mas que un “pintor de sonidos”.

También grabó un disco Ravel.

Poniendo en perspectiva a dos Ravel que son el mismo y a la vez diferente: obras originales para piano que luego orquestó, es decir Ravel en el espejo, mirándose a sí mismo.

¿La tradición se continúa o se hace?

La tradición se escucha, se aprende, es no permanecer ajeno a los maestros del pasado, tenemos la fortuna de contar con grabaciones que testimonian a Rachmaninoff, de Falla, incluso los rollos de Brahms. Y luego, esa libertad que proporcionaron al intérprete una vez terminada la obra. Entonces, dicen que la obra pertenece al intérprete, yo diría que ningún extremo sino en el centro, un equilibrio y centro que es inevitable donde la música si pasa por uno quede algo de uno, mas allá de que la intención primera y última sea poner la obra por encima del intérprete. Nuestra misión es desaparecer al servicio de la obra, cada uno con su manera de contar la música. En última instancia, hablar de música es empequeñecerla pero también un modo de acercarse.

¿Qué puede hacer la música por el mundo de hoy?

La música es un rincón de reflexión, nos obliga a guardar silencio, a escuchar al otro. Es dos personas que conversan, que deben esperar a que acabe el otro, con respeto y atención, para llegar a un acuerdo. Es un arma extraordinaria para fomentar el diálogo.

Javier Perianes con la Orpheus Chamber Orchestra, sábado 5 de enero de 2019, 8 PM, Knight Concert Hall, Arsht Center, 305.949.6722, 1-877-949.6722

  Comentarios