Luz primera, el profético Mahler de la Sinfonía Resurrección
Con la colosal Segunda Sinfonía de Mahler por la Orquesta de Cleveland bajo Franz Welser-Most, el 25 y 26 de enero próximos Miami asistirá a un ineludible acontecimiento musical. La conjunción de orquesta, coro y solistas reafirmará el magno sobrenombre de la obra gracias al texto de Klopstock que corona el último movimiento: Resurrección.
Como la Tercera y Octava (jamás interpretada en Miami) requiere un ensamble monumental; los nostálgicos recordarán las espléndidas versiones de James Judd con la Filarmónica de Florida en 1987 y 1997, quizás la última vez interpretada localmente. Dos décadas pasaron, ahora el Knight Concert Hall propicia este ansiado reencuentro con una composición tan visionaria como trascendente.
Y “trascendente” es la palabra que mejor define a Mahler y esta sinfonía; más que compositor, filósofo; más que músico, profeta. Al impresionante primer movimiento (Ritos fúnebres) y el valseado Ländler del segundo, sigue el socarrón Scherzo inspirado por la canción Prédica de San Antonio a los peces, genial metáfora sobre una humanidad que escucha para olvidarse al momento, tan escurridiza y voluble como esos peces que miran absortos al sabio santo. Una espeluznante humorada que congela toda sonrisa.
Sin embargo, el núcleo llega con Urlicht (luz primera), breve y fundamental cuarto movimiento integrado por esta canción escrita años antes, cuya letra pertenece a la colección El cuerno mágico de la juventud, cruzada emprendida hace dos siglos por von Arnim y Brentano para salvar tesoros poéticos en peligro de extinción y que dedicaron a Goethe. Si Mahler musicalizó una veintena realzando e inmortalizando esos textos folklóricos, Urlicht es la semilla original, su principio y su fin, principio que completará una década después con la despedida de La canción de la tierra.
Escrita para mezzo o contralto -en Miami será la notable Sasha Cooke- Urlicht fue originalmente concebida como oración íntima para quien acaba de morir, alejada de cualquier pompa fúnebre, es una dulce plegaria privada, simple y solemne. La misteriosa frase inicial “Oh rosita roja” remite a la flor de la tierra, al loto oriental, al rosetón gótico, al origen y espíritu, la inocencia que debe recuperarse para así poder golpear las puertas del cielo donde “querría estar”. En apenas cinco minutos, el protagonista irá desde la oscuridad -“el hombre está sumido en profundo dolor“- a la iluminación, rasgo que debe advertirse en el color de la voz del intérprete. En su camino, un ángel guardián querrá detenerlo pero él logrará imponerse: “volveré a esa luz que me dió la vida”.
Es una transformación mas espiritual que religiosa, una evolución que se completa en el último movimiento con el coro ¡Resucitarás!. Dicen que después del estreno, el agnóstico Freud exclamó “Ahora creo en la inmortalidad”, imposible substraerse al hechizo de “Venciste al dolor, con nuevas alas, prepárate a vivir” que atronador culmina en voces y campanas, símbolo mahleriano de eternidad.
Urlicht es pasaje fundamental pero también puente y desafío que fuera magníficamente cantado por Janet Baker, Maureen Forrester, Christa Ludwig, Jessye Norman, Anne Sofie von Otter, Lorraine Hunt Lieberson, Bernarda Fink y otras distinguidas cantantes así como en el original al piano por barítonos como Thomas Hampson y Christian Gerhaher.
Gracias a Stefan Zweig sobrevive el manuscrito de la orquestación, hoy en la British Library; el original de la versión con piano se perdió. Después del estreno, el siempre disconforme Mahler anotó “Para Urlicht no quiero una valquiria estentórea sino una simple voz de niño”; asimismo cuentan que su amor por el texto era tal que para el estreno en Carnegie Hall lo tradujo al inglés debajo de la partitura por si acaso le preguntaban el significado, entonces los subtítulos eran inimaginables.
Balada atemporal como ninguna, Urlicht sintetiza el universo mahleriano de metáforas hechas imágenes sonoras, sin tristeza ni desesperación sino condensando el “venimos para irnos”, demostrando que cada sinfonía le representó la construcción de un universo. En el glorioso final “Prepárate alma mía, no has sufrido en vano”, Mahler colma a la audiencia con su esperanza y piedad por la humanidad y además, resuelve con golpe maestro el planteo inicial de esa luz que tímida pero segura asomó al principio del cuarto movimiento, el profético, maravilloso Urlicht.
MAHLER, SINFONIA RESURRECCION, ORQUESTA DE CLEVELAND, 25-26 ENERO, KNIGHT CONCERT HALL