Música

Juventud para la nostalgia de Schubert

Género tan arduo como mágico, donde prima el balance entre música y texto, en el delicado balance de expresividad, donde el cantante queda literalmente desnudo frente al público, el inagotable arte de la canción propone una cima difícil de escalar. Es un desafío para intérprete y audiencia, que también apunta hacia una comunicación profunda, una suerte de comunión.

En este repertorio, hoy prevalecen barítonos y mezzosopranos por sobre sopranos que vendrían a ser la excepción. Por eso la llegada de Anna Lucia Richter es saludada con esperanzado beneplácito. He aquí una cantante de timbre puro y expresividad tan colorida como los matices vocales que utiliza con singular inteligencia. La joven nacida en Colonia proviene de una familia de músicos, recibió lecciones de su madre Regina Dohmen y que cuenta entre sus mentores a Edda Moser, Christoph Prégardien y Edith Wiens. Viene cosechando éxitos en oratorio, repertorio sinfónico y ópera –en los roles “ina”– pero es esta madura incursión en el Lied lo que revela una intérprete interesantísima asi como la elección del programa donde combina su frescura angelical con la faceta oscura cuando no tenebrosa de Schubert.

El título del álbum integramente dedicado a Schubert es una palabra alemana de difícil traducción que apela a un sentimiento universal: Heimweh, mucho más que nostalgia por el hogar, es la morriña gallega y la saudade del portugués. Richter ha sabido seleccionar quince Lieder para ochenta minutos de placer ininterrumpido donde no deja caer el interés, todo un logro. Algunos bien conocidos otros menos frecuentados que hilvana sabiamente en un disco ideal para el público que sólo admite la amplitud actual del registro digital, aquellos para quienes las grabaciones de una Lehmann o una Schwarzkopf suenan sónicamente demasiado anticuadas.

Desde diferentes enfoques, Richter aborda el intraducible Heimweh, el de soldados, reinas, pastores, sepultureros, doncellas, etc. logrando un efecto caleidoscópico que pone a prueba sus recursos. Por ejemplo en en el abanico floral de Viola, una de las mas extensas y difíciles del repertorio schubertiano o la maravillosa El pastor en la roca, una de las últimas del compositor sino la última, melodrama pastoral, y soberbio duelo entre voz y clarinete – aqui el excelente Matthias Schorn – en una lectura que nada tiene que envidiar a ilustres predecesoras como Elly Ameling, Helen Donath, Margaret Price o Barbara Bonney.

Richter tiene el buen tino de incluir las tres de Mignon (Nur wer die Sehnsucht kennt, Heiss micht nicht reden y So lasst mich scheinen) al igual que los tres Ellen Gesang incluida una espléndida versión del clásico Ave Maria, sin dramatismos y solemnidades innecesarias sino como debe ser, una oración diáfana.

En vivo contraste, convence en dos composiciones generalmente vertidas por voces mas dramáticas, en la tenebrosa Der Zwerg donde logra pintar esa imagen salida de una pintura de Böcklin y en la complejidad temática de Totengräbers Heimweh.

An den Mond, plegaria a la luna recibe una versión simple, ideal, sin amaneramientos, también Erster verlust y Heimweh del título, plenas de sentimiento y limpidez, sin miedo a blanquear la emisión para obtener el efecto deseado. El siempre ideal Gerald Huber al piano acompaña cada una para brillar solo en Abschied, despedida de la tierra que la soprano recita con infinita dulzura como broche final “Adiós ahora que puedo entenderte cuando penas y alegrías se alejan, me llevo la alegría, dejo atrás el dolor”.

En sintesis, un disco estupendo con valioso aporte de las notas a cargo de Doris Blaich, que trae a primer plano una bella soprano con credenciales óptimas.

SCHUBERT, HEIMWEH, RICHTER, HUBER, SCHORN, PENTATONE PTC5186722 SACD

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