Música

Un oasis de canciones con Goerne y Andsnes

Cuesta creer que entre tanto desinterés y desinformación reinante existan árboles tan sanos en el jardín de nuestro joven siglo, estos portentos son los excelentes cantantes de cámara actuales que se equiparan, y en instancias superan, a la ilustre generación de oro del siglo XX. Estrellas por derecho propio, encaran una labor minuciosa, seria, impecable, no siempre reconocida a niveles masivos. No es novedad, recientemente, esa misma idea del insólito oasis aplicaba al trabajo del barítono Christian Gerhaher con canciones de Schumann en su excepcional compacto Frage (SONY) y hoy vuelve con una flamante entrega por otro barítono también alemán, Matthias Goerne acompañado por el notable pianista noruego Leif Ove Andsnes, una dupla de excepción aunada para dar lustre a un programa de Lieder schumannianos compuestos en el “milagroso 1840”, ese prodigioso año de canciones cuando en una ola de inspiración incontenible separado de Clara por su padre, Schumann compuso casi cientocincuenta Lieder incluidos el Liederkreis Op. 24 de Heine y las Kernerlieder Opus 35, ambos ciclos afortunadamente incluidos en el recital.

El barítono nacido en Weimar posee unas de las voces más bellas, profundas, sedosas y redondas de la actualidad, a esas cualidades agrega una intimidad que solo lo grandes alcanzan, máxime cuando últimamente se ha ocupado de Wotan y otros “pesos pesados”, se informa que próximamente cantará Amfortas y el Holandés. Wagner y Schumann, mundos diferentes pero unidos por intrincados vasos comunicantes con el sello del romanticismo más genuino y desatado. No es la primera vez que Goerne graba este Liederkreis, lo registró hace décadas con Vladimir Ashkenazy, y como en el caso del modélico Dietrich Fischer Dieskau suele regresar –y se da el lujo de regrabar– sus ciclos favoritos cada tanto para mostrar cómo cambia el enfoque con el paso de los años amén de la maduración de una voz que ya anda por el medio siglo.

Impresiona como Goerne combina la faceta declamatoria con aquella más reposada donde prima un legato perfecto. Asimismo impacta como refina la voz para obtener el requerido pianisimo en Ich wandelte unter den Bäumen –una exquisitez donde el piano de Andsnes hace maravillas– y Lieb’ Liebchen del Liederkreis o la delicia de Mit Myrten und Rosen, ingrávida y elocuente. Tan detallado como su célebre antecesor berlinés, Goerne añade una espontaneidad ganadora, diríase que no se lo siente pensar a la vez que encuentra en Andsnes un eco ideal, mucho más acorde que la anterior con Ashkenazy (Opus 24) o Eric Schneider (Opus 35) o para el caso, Alfred Brendel en su afamado ciclo Schubert. Como en el otro ciclo schumaniano con textos de Heine –Amor de poeta– Goerne subraya el lirismo latente, la definición “breves, sentimentalmente maliciosas, compuestas en estilo popular” en esta recopilación de poemas sobre amor frustrado o perdido halla exacta translación.

A diferencia del vienés Schubert –y Goerne lleva doce volúmenes memorables en su ciclo dedicado al compositor más otros anteriores trabajos sin olvidar sus numerosas versiones del Viaje de invierno– el ingobernable Schumann propone un juego turbulento, impredecible, más espinoso, como de gato y ratón, elusivo, inasible, cambiante dentro un marco de tenebrosa oscuridad, una que conlleva una amplia gama de grises. Estas traicioneras variables son manejadas magistralmente por Andsnes y Goerne cuyo curioso empaste vocal es denso, sin aristas, permitiéndole una suerte de gruesas pinceladas aplicadas al lienzo del texto, otro elemento que lo ubica distante al mas diáfano Gerhaher o su predecesor Thomas Hampson, otro eximio schumaniano y entonces no puede olvidarse su contemporáneo Wolfgang Holzmair. En consecuencia fascina escuchar a todos los nombrados en sucesión para la más famosa de los Kernerlieder, obviamente la conocidísima Stille Tränen y su crescendo belcantista, una oportunidad de desplegar una miríada de estado anímicos que en todos los casos se ve reflejada soberbia pero distinta por cada uno de estos poetas del canto. Aún hay más, con la última canción del ciclo Goerne se permite encarnar al poeta en plena contemplación para cerrar sereno como nunca aquello que comenzó como tempestad con visos salvajes típica del “Sturm und Drang” romántico.

*SCHUMANN, LIEDERKREIS OP.24 & KERNER LIEDER, GOERNES, ANDSNES, HARMONIA MUNDI HMM902353

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