Música

Trifonov y Tilson Thomas inauguraron la temporada de la New World Symphony

Un comienzo de temporada con matices diferentes y un solista superior que además marcó la transmisión de Wallcast número cien en el parque contiguo, una celebración que merece destacarse.
Un comienzo de temporada con matices diferentes y un solista superior que además marcó la transmisión de Wallcast número cien en el parque contiguo, una celebración que merece destacarse. Cortesía de NWS

Nueva temporada, nuevas caras y un debut importantísimo para una ciudad que los necesita más que nunca a fin de revitalizar su perfil clásico. Así la New World Symphony abrió oficialmente su temporada con la presencia del notable Daniil Trifonov, un artista diferente en una obra raramente frecuentada que lo refleja en su medida justa, el Concierto para piano de Scriabin. La conjunción de estos dos artistas esencialmente rusos ofreció un panorama a la vez familiar y novedoso. No faltaron los arrebatos y embestidas como en Tchaicovsky y Rachmaninoff pero hubo lugar al misticismo y ternura del más intelectual, adelantado y críptico de los compositores rusos de su era que consideró este concierto un pecado de juventud compuesto en tiempo record. Obra compleja, de aristas sorprendentes, turbulentas sin desdeñar un cromatismo vasto que incita a la introspección y que no deja de ser una ideal carta de presentación al más sobresaliente ejemplo de la escuela pianística rusa actual.

Aún en sus veinte, Trifonov se permite rescatar al Scriabin de veinticinco años, autor de este hijo solitario pleno de influencias y a punto de despegar hacia extrañas dimensiones. Que Trifonov sea el niño mimado del teclado mundial, como lo fue Kissin en su momento, se justifica, sus credenciales lo ameritan. Como huyendo de la fama que lo persigue implacable desde sus ocho años, parece agazaparse junto al piano para recluirse y recluir a quien lo desee en un mundo ajeno a influencias exteriores. En primera y última instancia, su universo. No se estuvo frente al pianista estrella mediático habitual - ostentoso, espectacular y en última instancia, banal - sino un artista que impone respeto y concentración. No hay medias tintas, atrapa o deja indiferente.

Su personalidad pareció impregnar a sus colegas y público, bajo un atentísimo Michael Tilson Thomas que manejó sabiamente los contrastes orquestales amén de alguna instancia en que el volumen del ensemble superó al piano. Tan sutil como imponente, la fenomenal batería de recursos de Trifonov llevó a una conclusión triunfal de una obra inesperada que halla en él su abogado defensor. La sensibilidad y virtuosismo del pianista se manifestaron todavía más en el Estudio Op.42 del mismo compositor que regaló como bis y que imponen un ansiado, pronto, impostergable regreso a Miami de Trifonov para apreciarlo solo en recital.

Asimismo auspicioso fue el debut del flamante becario en dirección orquestal Chad Goodman a cargo de la obertura Egmont de Beethoven sobre Goethe. Goodman supo dibujar con la amable colaboración del oboe, un crescendo notable para llegar a la reciedumbre beethoveniana con el requerido rigor heroico de este poema tonal en miniatura.

Otra música incidental, en este caso enmascarada por Berlioz como sinfonía dramática, regresó en la segunda parte con la suite de Romeo y Julieta, insólita elección inaugural de temporada que despertó no pocas dudas rápidamente refutadas por la excelencia del ensemble dirigido por Michael Tilson Thomas quien halla en el temperamental galo un vehículo excelente para poner a prueba la eficiencia y versatilidad de la NWS. Si bien la recopilación de extractos no alcanza a plasmar el gigantesco fresco berlioziano - y deja de lado el Premiers transports para mezzosoprano, una de las páginas más bellas del compositor - propone un desafío espinoso para cada sección de la orquesta que en esta ocasión se mostró aceitadísima desde la monumental fanfarria que sucede al literal festival de cuerdas en fuga. Los terrores y abismos, las típicas escalas berliozianas aplacadas por momentos de lirismo nocturno fueron plasmadas meticulosamente por MTT, regalando una reconfortante dosis de espíritu romántico. Un comienzo de temporada con matices diferentes y un solista superior que además marcó la transmisión de Wallcast número cien en el parque contiguo, una celebración que merece destacarse.

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