Música

Viola, reina por tres noches en la New World Symphony

La New World Symphony inauguró lo que será cada temporada un festival dedicado a un instrumento diferente.
La New World Symphony inauguró lo que será cada temporada un festival dedicado a un instrumento diferente.

Si puede nombrar a violinistas y cellistas famosos en cambio es probable que no recuerde violista alguno. Instrumento históricamente postergado esta voz cantante de la orquesta, ni soprano (violin) ni mezzo (cello) viene experimentando un tardío, merecido reconocimiento. En esa vena, la New World Symphony inauguró lo que será cada temporada un festival dedicado a un instrumento diferente. Y que mejor que comenzar rehabilitando a la viola con solistas de fama mundial. Un acontecimiento que combinó estrenos, clases magistrales y un despliegue musical pocas veces visto en estas latitudes culminando en tres noches estelares que mostraron el largo camino recorrido por esta cenicienta, finalmente reina.

En la primera noche no pudo faltar Bach -de hecho su espíritu campeó sobre cada obra presentada en mayor o menor medida como raíz esencial- con el Sexto Concierto de Brandenburgo liderado por los notables Cynthia Phelps y Jonathan Vinocour en versión para dos violas, cellos, viola da gamba, contrabajos y clavecín, tanto mas transparente que la habitual. Antes, el estreno mundial de Concerto for Viola Ensemble comisionada por la NWS a su alumni Nils Bultman (1975-) deparó una impactante sorpresa. Para 30 instrumentos con Michael Klotz, Erik Rynearson y Madeline Sharp liderando esta suerte de fenomenal concerto grosso contemporáneo que debería incorporarse al repertorio internacional sin problemas. Hubo más, la sensacional intervención del irlandés Garth Knox en las Variaciones de Marin Marais de Les folies d’Espagne con la célebre Tabea Zimmermann en un duelo de virtuosismo memorable donde la extraordinaria violista alemana llevó el instrumento al límite de sus posibilidades. Con Gran Turismo de Andrew Norman (1979-), parodia musical imitando las pinturas del futurista Giacomo Balla se tuvo una vertiginosa conclusión de ribetes inesperados que dejó músicos y audiencia sin aliento.

Más experimental y aventurada, la segunda jornada sumó instalaciones y videos para Chemins II de Luciano Berio, vale destacar al solista Jonathan Vitancour y director Michel Linville pero la obra curiosamente dejó ver su edad, mucho mas vibrante resultó Keep in Touch de Nico Muhly (1981-) con el compositor dirigiendo a Nadia Sirota, ensemble de cámara y el tenor Jason Ferrante en una ensalada sonora desopilante que contrastó con el críptico Viola, Viola de George Benjamin (1960-) por Tabea Zimmermann y Matthew Lipton. De contornos cinematográficos, Neharot Neharot de Betty Olivero (1954-) llegó como un respiro y testimonial canto de paz con la excelente Kim Kashkashian para quien la israeli compuso la pieza.

Sin desmerecer las anteriores, lo mejor quedó para la última noche que abrió con el Concierto para viola que Jennifer Higdon (1962-) dedicó al eximio Roberto Díaz quien volvió a desplegar su portentosa expresividad. Con la compositora en la sala, el violista volvió a recorrer el curioso sendero propuesto por la multipremiada Higdon cuya arquitectura sonora desconcierta y fascina a la vez. En modo contemplativo, The Viola in My Life de Morton Feldman marcó una instancia tan sublime como reveladora donde se insinuó una infinita galería poblada por sutiles Rothkos (el músico le dedicó Rothko Chapel) bajo un meticuloso Michael Tilson Thomas con una bellísima interpretación de Cynthia Phelps ubicándose en distintas zonas del escenario.

El final llegó con el estreno mundial de una total reinvención de la parte solista de Harold en Italia que Berlioz compuso para Paganini quien decepcionado nunca la ejecutó. A instancias de MTT, el impredecible Steven Mackey reelaboró, expandió y añadió material resultante en una explosiva, intrincandísima y virtuosística parte que hubiera deleitado al mismísimo Paganini. En este océano de temperamentos, la nave solista fue una Tabea Zimmermann simplemente deslumbrante imprimiendo el sello final a una obra, ahora sí, casi imposible. Rotunda, exquisita, honda, la violista brindó una actuación inolvidable secundada por una orquesta asimismo protagonista alimentada del entrenamiento berlioziano obtenido con el Romeo y Julieta inaugural bajo un Michael Tilson Thomas tan energético como preciso. Un triunfo en todo sentido y feliz conclusión para esta merecida revaloración de la otrora Cenicienta.

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