Marcel Quillévéré y sus tesoros musicales en la radio
Son en total más de 200 programas radiales sobre la música de Cuba, Argentina, Brasil y México. Un admirable viaje desde el barroco del siglo XVIII hasta fines del siglo XX. Un amplio recorrido por la historia musical, sorprendente y a veces convulsa, del continente americano, que rescata el rico acervo de La Habana, Buenos Aires, Río de Janeiro y Ciudad México, en ese incesante trasiego de músicos e intérpretes entre las dos orillas del Atlántico, para darse cita en los escenarios y cadenas radiales de las grandes capitales europeas y americanas.
Marcel Quillévéré (Quimper, 1947), antiguo profesor de español, cantante de ópera, productor de radio, director adjunto hasta 2010 de la Opera de Ginebra, también trotamundos –como él mismo afirma– pero, sobre todo, gran aficionado de música culta y popular, nos ha regalado una de las series radiales más completa y documentada que existe sobre la música de estos países. Un trabajo ejemplar que ha sido el resultado de sus investigaciones en La Habana (en donde contó con el apoyo de Juan Piñera, uno de los pocos profesores de composición que quedan en la Isla, y de los archivos de Radio CMBF) y en el fondo de cultura cubana de la biblioteca Otto Richter de la Universidad de Miami (Coral Gables), que atesora la mayor colección existente de grabaciones, programas impresos, fondos de donaciones y misceláneas.
“Carrefour des Amériques” (Confluencia de las Américas, en francés) es el título de 80 programas radiales de 58 minutos cada uno sobre La Habana, que comenzó a grabar en 2016. Una colección que debe mucho a la iniciativa de Radio Suisse Romande, en coproducción con France Musique (que realizó a partir de 2017 la mayor parte de las emisiones), a la que se unieron otras radios del grupo MFP (Les Médias Francophones Publics) como ICI Musique y RTBF, en cuyas plataformas digitales pueden ser escuchados gratuitamente vía Internet. Programas difundidos en Francia, Suiza, Bélgica y Canadá.
A modo de ejemplo, citaré uno de ellos. Lleva por título “Los cubanos en París en medio de la tormenta”. Marcel Quillévéré comienza con el inmortal Manisero de Moisés Simons, gran músico cubano que vivió en el París de los años 1930, seguido de un fragmento de la revista musical Toi c’est moi, estrenada en Les Bouffes Parisiens, para la que compuso la música, interpretada en el fragmento escogido por la soprano Susan Graham.
Oiremos luego un canto de esclavos del propio Simons cantado por el francés Jean Lumière, así como una pieza jocosa, Le cul sur la commode, por Jeanne Aubert, que cuenta las primeras vacaciones pagadas en Francia (1937), que permitían que gente pudiera “vivir como Carmelina” (equivalente en el argot cubano de su título que, curiosamente, gracias a Simons, pasará como frase al lenguaje francés corriente). Escuchamos luego Marta, interpretada por Don Barreto, otro de los músicos cubanos de París, y luego nos instalaremos en el Teatro América de La Habana, donde se presenta Margot Alvariño, así como en el célebre Auditorium de El Vedado para oír el gran concierto de Ernesto Lecuona, Eliseo Grenet y Moisés Simons, cuando, nostálgico de París, Simons compone su Marcha de Montmartre. Poco después, ya en Madrid, Simons trabaja para la película Bambú. Oiremos una pieza del filme interpretada por Imperio Argentina, seguida de otra afro, El Día de Reyes, así como a Celia Gámez cantando en la revista Hoy como ayer, en español. La emisión cierra con un recuento de las noches que animaban los hermanos Barreto en el Melody’s Bar y el Bobino, dos clubes parisinos, hasta que fueran internados por los nazis en el campo de reclusos de Royallieu, en donde permanecieron hasta 1945. Finalmente, nos deleitaremos con una tonadilla de Joaquín Nin estrenada en el Auditorium, tras el regreso del padre de la escritora Anaïs Nin a su país natal; así como con el célebre Golpe de la bibijuagua, de Julio Cuevas, otro de los músicos cubanos en París, testigo del periodo de entreguerras y de la ocupación alemana.
De sorpresa en sorpresa, Marcel Quillévéré va revelándonos curiosidades que muchos desconocemos. Nos enteramos, por ejemplo, que Samuel Barber estrenó en 1949 su Sonata para piano en el Auditorium de La Habana, interpretada por el pianista Vladimir Harowitz, en una sala en donde los directores de orquesta Erich Kleiber, Thomas Beecham, Charles Munch y Herbert Von Karajan habían dirigido la Filarmónica de La Habana, y en donde se habían presentado ya la solista Kirsten Flagstad, la contralto norteamericana Marian Anderson, el director de teatro Louis Jouvet y la soprano Victoria de los Ángeles, entre otras celebridades.
Quillévéré nos cuenta cómo Rita Montaner triunfa en la capital francesa al remplazar a Raquel Meller en el Casino de París, en 1928 y, la amistad entre Lecuona, Nin y Maurice Ravel, ese mismo año, en que el autor del Bolero se interesa en las danzas afrocubanas del célebre compositor y pianista cubano. En otra emisión asistimos al estreno en 1932, en el Teatro Martí de La Habana, de la zarzuela Cecilia Valdés, de Gonzalo Roig, en presencia de un descendiente del novelista Cirilo Villaverde. Ese mismo año, el compositor Eliseo Grenet tiene que exiliarse en España tras caer en desgracia durante el gobierno de Gerardo Machado por haber compuesto Lamento esclavo. A su llegada a Barcelona, crea la zarzuela La virgen morena, y en esta ocasión en el papel del esclavo estará el barítono dominicano Eduardo Brito. Poco tiempo después, en París, Josephine Baker grabará en español Espabílate, una conga del mismo Grenet, mientras que, en Madrid, en la escena del Circo Price se presenta el Trío Matamoros con la orquesta cubana Las Estrellas Negras, dirigida por el saxofonista El Negro Aquilino. Quillévéré nos recuerda la rivalidad entre este gran saxofonista guantanamero y el creador del cante jondo en saxofón, el andaluz Fernando Vilches, y cómo, en puro reto musical, ambos tocan en 1932, en las Arenas, ante madrileños extasiados. Las obras de Julián Orbón, el compositor fetiche de José Lezama Lima y el grupo Orígenes.
En otro programa, Marcel Quillévéré rememora a Cab Calloway, que llega con su orquesta a la capital cubana para tocar en el recién inaugurado cabaret Montmartre del Vedado, en 1947. El éxito del Trío Los Panchos, integrado por dos cantantes mexicanos, y del puertorriqueño Bobby Capó, vedette de Radio Habana Cuba, en la cartelera del Sans Souci, otro cabaret de la capital. El concierto del pianista clásico puertorriqueño Jesús María Sanromá en el Auditorium en 1947, justo antes de fundar en San Juan, junto al violoncelista Pablo Casals, un festival con su nombre que existe todavía.
Recorriendo algunos de los títulos de estos programas: “El año de Tristán e Isolda a La Habana”, “El boogie woogie y una Electra cubana”, “Los años 1940: La Habana era una fiesta”, “1941: Un paraíso bajo las estrellas”, “Cuba durante la República española”, “Juan Ramón Jiménez, un premio Nobel en La Habana”, “1963, la visita de Allen Ginsberg a La Habana”, “El éxodo del unicornio azul”, “Reinaldo Arenas y la ópera Antes que anochezca”– nos percatamos del asombroso y equilibrado producto presentado.
A esto se suma la clara dicción de Quillévéré, su búsqueda minuciosa, la pasión que logra transmitir, además de la honestidad intelectual al desarmar sutil e implacablemente décadas de propaganda viciosa en contra de la efervescencia y extraordinaria riqueza cultural de la Cuba republicana, en que auténticas instituciones culturales públicas y privadas se encargaban de contratar e invitar a La Habana a compositores como Copland, Prokofiev, Stravinsky, Ginastera, Villa-Lobos o Rachmaninoff, a los que dedica también algunas programas.
La serie de este musicólogo francés traduce el desbordante talento musical, no solo de Cuba, sino de toda Latinoamérica, y da fe de algo que olvidamos a menudo, cuando de ensalzar nuestros propios valores se trata: la música es un lenguaje universal y sin fronteras, que se perfecciona, crece y conquista al auditorio gracias a la colaboración estrecha entre los músicos de todas las latitudes. En ese vaivén constante entre Europa y la riqueza étnica del continente americano se ha forjado la cultura musical de todo el Occidente. Y se han roto también las barreras entre lo culto y lo popular.
William Navarrete es un escritor cubano radicado en París.