Ochenta de Anja Silja, la diva que se reinventa ’ad infinitum’
Si no fuese por la disrupción causada por el COVID-19, Anja Silja habría celebrado sus 80 años en los escenarios donde trabaja desde hace la friolera de 65. La soprano alemana es sinónimo de Emilia Marty, el complejo personaje de la ópera El caso Makropoulos de Janacek, una cantante lírica que gracias al elixir de su padre ha vivido 337 años metamorfoseándose en diferentes mujeres y que planea vivir 337 mas. “Todo lo que he sentido, mi propio destino, mis hijos, mis relaciones, todo se refleja en el caso Makropulos”, dice Silja que sin ser Emilia es tan fascinante como su personaje emblemático, una intrépida “kamikaze” que sobrevive intacta gracias a sus dotes de actriz fenomenal y a una voz que aún responde. Aquel prototipo de la cantante moderna en los 60-70, hoy es una para ver y estremecerse.
Nacida en 1940 la berlinesa, sin proponérselo, es la soprano que ostenta mas larga carrera. Hija de actores, lleva el teatro en la sangre. Bajo la tutela de su abuelo, su único maestro de canto, a los diez años cantó Voces de primavera en un concierto veraniego, hizo giras como niña prodigio y a los quince canto Rosina de El barbero de Sevilla. La fama llegó a los 19 como la Reina de la noche de La flauta mágica en la Ópera de Viena bajo Karl Böhm. Entonces la llamaron “La Callas alemana” y en rápida sucesión cantó Zerbinetta, Leonora, Konstanza y Fiordiligi. Un año después llegó la consagración y el amor como Senta en El holandés errante en el Festival de Bayreuth dirigida por Wieland Wagner, el genial nieto del compositor. Será su musa y mas tarde, su compañera. Así Wieland realizó el sueño de su abuelo, una veinteañera esbelta y bella encarnando a Elisabeth, Elsa, Brunilda, Venus, Siglinda, Isolda. Fuera de Bayreuth (donde solo se canta Wagner) la transformó en Salome y Aida, Elektra y Lulu, criaturas tan disímiles que hubiesen aniquilado voces menos resistentes, la suya era según Wieland “una trompeta aniñada”, sin belleza, penetrante, luminosa, versátil, adaptable. Wieland fallece a los 49 años y Silja se despide de Bayreuth y de su director en 36 producciones. Entablará una corta e intensa relación con André Cluytens, pero el gran director belga fallece súbitamente. Silja compra su casa en París donde aún reside.
Deshecha, considera el retiro pero, no tiene ni 30 años. Regresará como Casandra, Lady Macbeth, Turandot, Ariadne, El ángel de fuego, Tatyana, Violetta, Tosca, Jenny, Carmen, Medea, no le teme a nada. En Frankfurt conoce al director Christoph von Dohnanyi, director de la Orquesta de Cleveland, será el padre de sus tres hijos, el matrimonio durará 25 años hasta que decide abandonar la vida suburbana americana y asaltar el escenario con fuerza huracanada porque “el criminal siempre vuelve a la escena del crimen”. Se reinventará, volverá a algunos personajes icónicos e incorporará nuevos que inmortalizará.
“Opera es teatro con música”, dice. “Retrata la realidad aunque no lo parezca porque se vale, para bien o para mal, del canto, uno se muere... cantando!”. No le interesa el público que acude solo por la belleza del sonido, ese no es su público. Sus personajes son ambivalentes, tortuosos. Dejó Wagner (“que escribió para voces jóvenes”) y abrazó Janacek que le proporcionó sus mayores triunfos: la Kostelnicka de Jenufa, la Kabanicha de Katya Kabanova y Emilia Marty. También llegarán esos papeles soñados para veteranas legendarias como Martha Mödl que engalanan la escena sólo con su magnética presencia: la priora de las Carmelitas de Poulenc, la nodriza en La mujer sin sombra, el Príncipe Orlovsky en El murciélago, la condesa Geschwitz en Lulu, la anciana de Candide, la bruja de Hansel y Gretel, la condesa de La dama de picas y una memorable Erwartung de Schoenberg dirigida por Robert Wilson, se la disputan directores como Klaus Michael Grüber, Luc Bondy, Ruth Berghaus, todos impensables sin el señero Wieland.
A sus gallardos “sólo ochenta”, Anja Silja es el espejo renovado de Emilia Marty, tal como escribió en su autobiografía El anhelo de lo inalcanzable dice “Mi futuro siempre estuvo en el pasado”.