Daniel Hope, esencial mensajero de música y esperanza
Violinista consumado y ciudadano del mundo, a los 46 años Daniel Hope es un real Mensch que no deja de asombrar con su ingenio, versatilidad, múltiples talentos e innata bonhomía. Polímata imposible de abarcar, nació en Sudáfrica, creció en Londres, literalmente en la falda del legendario Yehudi Menuhin de quien su madre fue secretaria 24 años. Criado en ese afortunado caldo cultural el resultado reconforta y da lugar al optimismo que es su bandera. Discípulo del gran Zakhar Bron en la Royal Academy of Music, amén de “activista musical”, es autor de cuatro libros, productor, locutor, director de la Zurich Chamber Orchestra y la New Century Chamber Orchestra de San Francisco, galardonado con “todos” los premios imaginables incluso el Premio Europeo de la Música, comisionó una treintena de obras a compositores de la talla de Kurtag, Schnitke y Gubaidulina y desde ya, toca en los máximos escenarios, solo o con orquestas. Hope echa por tierra aquello de “el que mucho abarca poco aprieta” siendo cabal representante de su “abuelo musical” Menuhin, un producto consumado donde por decantación confluyen tantas culturas. Retratado en el documental Daniel Hope, el sonido de la vida es un artista ejemplar digno de llamarse “humano”.
Después de su exitosísima reinvención de las estaciones de Vivaldi junto al compositor Max Richter acaba de lanzar otro doble compacto impecable, Belle Epoque, un periplo a través de las corrientes musicales desde la guerra Francoprusiana a la Primera Guerra Mundial y de cómo tanta belleza sonora fue un inquietante barniz cubriendo la turbulencia social y política de esa era. (DG 4837244).
Armado con su violín Guarneri del Gesú (1742) este marzo se disponía a partir al festival de la isla de Rügen donde sus hijos planeaban días de playa en el Báltico cuando llegó la implacable cuarentena. Ni corto ni perezoso, varado en su casa de Berlín –donde vive desde el 2016 no lejos de la villa original de sus abuelos maternos que debieron emigrar cuando el nazismo- decidió aportar su grano de arena inspirándose en otros colegas que usan el internet como alternativa ante esta emergencia. Preocupado por la calidad del sonido, talón de Aquiles del asunto, recurrió a expertos que armaron en su living una pequeña maravilla tecnológica. Resultado: más de dos millones y medio de espectadores fascinados con el ciclo de 34 programas que estarán disponibles online hasta julio.
El cóctel urdido por Hope -con el pianista Christoph Israel- es pura alquimia, no hay traspiés ni dudas, es informal e informativo, ni edulcorado ni complaciente, satisface por igual a conocedores y recién llegados, salta barreras y géneros, la elección del programa sorprende por su solidez, variedad y calidad, es un producto redondo a la medida justa (entre 35 y 45 minutos cada sesión) guiado por el dueño de casa. Y los invitados, un lujo. Monstruos sagrados de la música que viven en Berlín y los que se quedaron varados. Así desfilan directores como Vladimir Jurowski, Simon Rattle (y su mujer la mezzo Magdalena Kozena), Donald Runnicles al piano, Christian Thielemann recitando, Barry Kosky o Robert Wilson leyendo poesia, el actor Daniel Brühl recitando Garcia Lorca y un texto tanguero (con Hope interpretando Astor Piazzolla como los dioses), Bach y Brahms por Matthias Goerne, el trompetista Till Brönner, la diva del soul Joy Denalane (y su marido, el rapero Max Herre), los esplendidos Sarah Willis, Andreas Ottensamer, Albrecth Mayer y Amihai Grosz de la filarmónica berlinesa, el irónico Max Raabe con cancionero de preguerra, Colin Rich en Amazing Grace y una constelación de artistas más anécdotas e intervenciones desde otros rincones del mundo que conforman esta amena oferta adictiva e irresistible.
Sin soñar con el alcance que obtendría, Hope convirtió su living en un ecléctico punto de encuentro a la manera de salón de la Belle Epoque transformado en ventana al mundo; gracias al distanciamento supo acortar distancias. A punto de cerrar el ciclo la policía tocó a la puerta. Cual sería su sorpresa que no venían a multarlo por quejas de vecinos sino a entregarle un video que policías músicos habían grabado inspirados por su Hope@Home. (https://www.arte.tv/en/videos/RC-019356/hope-home/)