Música

La mujer de Richard Strauss festejó sus cien años

Un “regalo” inesperado de esta pandemia fue la transmisión de La mujer sin sombra desde la Opera de Viena, sala donde se estrenó hace cien años y que ahora regresó en esta edición centenaria con una bellísima puesta en escena de Vincent Huguet y un eximio equipo de intérpretes dando vida a la mas fascinante, extravagante y complicada partitura de Richard Strauss. Su séptima ópera y tercera colaboración con el poeta Hugo von Hofmansthal donde volcaron todo su inmenso e intenso poder creativo. Desmesurada, compleja, riquísima, es un desafío para intérpretes y público, un verdadero test para el operómano que se decide o no a “straussianizarse”; vale recordar que la obra tiene legiones de seguidores a la manera de los “peregrinos” del Anillo del Nibelungo wagneriano, un club de fanáticos que la llaman por su acrónimo FROSCH (Frau ohne Schatten) y acuden donde se escenifique. Es también una suerte de Flauta mágica del compositor bávaro en homenaje a Mozart como antes había hecho con El caballero de la rosa en “pendant” con Las bodas de Figaro. Hofmansthal elaboró un cuento de hadas para adultos, pleno de símbolos, fantasía y esoterismo, con una inventiva tan frondosa que constituye un desafío y proeza hacerle justicia en escena.

Desafortunadamente esta versión no se edita en DVD sino sólo en CD y a decir verdad, es el soberbio renglón musical el que da verdadero lustre a esta ópera, una que requiere cinco grandes cantantes, especialmente el trío femenino, y una orquesta monumental capaz de remontar vuelo para plasmar la imaginación desatada de sus creadores. Emergida de las cenizas de la Primera Guerra Mundial, y en medio de la debacle centroeuropea, es una pieza optimista y esperanzada, celebratoria de nuestra humanidad. Hofmansthal plantea dos mundos paralelos (el espiritual y el terrenal) obligados a fundirse por dos mujeres que se disputan una sola sombra (la fertilidad). En el conmovedor final ambas son recompensadas con la maternidad mientras las envuelve un coro de las almas de los niños por nacer.

Experto conocedor de la pieza, Christian Thielemann es el nexo ideal guiando y obteniendo con inmaculado equilibrio a la orquesta ideal, la Filarmónica de Viena literalmente la “dueña” de este Strauss denso y transparente a la vez, otorgándole el lustre y reciedumbre requeridos así como un espectro cromático vastísimo y decididamente espectacular. Este gigantesco poema sinfónico con voces requiere colosos vocales y como en anteriores versiones, cabe decir que FROSCH por difícil resulta afortunada, sólo los mejores se animan a servirla. La Emperatriz y la Tintorera rivalizan ferozmente, Camila Nylund conquista su estratosférica parte (y no se queda atrás su marido el Emperador de Stephen Gould, sólido, seguro, heroico), para Nina Stemme no queda elogio por hacer en una asignación que tuvo en Christa Ludwig y Birgit Nilsson sus mayores exponentes. La soprano sueca Stemme posee el color grave de la primera y los agudos de la última y encarna el personaje como pocas o ninguna. El Tintorero de Wolfgang Koch aporta su cálido timbre baritonal para su noble personaje y el personaje central de la Nodriza halla en la carismática Evelyn Herlitzius una asunción memorable con el arrojo que se le conoce pese a ser un papel para mezzo y exhibir alguna estridencia.

Abundan grandes versiones discográficas de La mujer sin sombra, deben mencionarse las antológicas de Karl Böhm, la última de 1977 con un elenco irrepetible (James King, Leonie Rysanek, Walter Berry y Birgit Nilsson), la de Giuseppe Sinopoli y Georg Solti, pero esta sube al tope de las recomendaciones por la toma de sonido y su excepcional calidad desde todo ángulo. Para zambullirse en un universo mágico donde Strauss exploró sus posibilidades al límite de la tonalidad. (DIE FRAU OHNE SCHATTEN ORFEO C991203 3 CDs)

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