Música

El mambo que Mozart inspiró

Con Mozart y Mambo, Sarah Willis se apunta otro gol de los que nos tiene acostumbrados con un álbum ideal para avivar este raro verano de encierros y pandemia; si suena a lamento tanguero, definitivamente lo es, así como tampoco es esta fresca brisa veraniega musical que nos propone.

Mozart y Mambo es, en todo sentido, la redonda concreción de un ansiado proyecto, léase sueño, de la ilustre cornista de la Orquesta Filarmónica de Berlín que decidida a recolectar dinero para proveer de mejores instrumentos a los miembros del Lyceum Mozartiano de La Habana se embarcó en esta ambiciosa, reconfortante empresa. La idea nació de su visita a la capital cubana en 2017 sorprendida por la pasión, potencial y carencias de sus talentosos colegas isleños e inspirada al descubrir una estatua de Mozart en La Habana vieja mientras alguien le susurraba que “Mozart bien pudo haber sido tremendo cubano”, puntapié inicial que también motivó a la prestigiosa Deutsche Welle a acompañarla con un video testimoniando su aventura musical, una montaña rusa inevitablemente matizada por insufribles burocracias.Imparable e irresistible -dos adjetivos que la pintan de cuerpo entero y que titularon la entrevista cuando dictó masterclasses en la New World Symphony de Miami Beach el pasado año- la británica diseñó un álbum a medida que combina la música del genio de Salzburgo con ritmos caribeños como el mambo, el son, la salsa y el bolero intercalados cuando no metamorfoseados con el clasicismo mozartiano.

Parte de lo puramente académico y formal, una lectura deliciosa del Tercer Concierto para Corno K. 447, compuesto para el vienés Joseph Leutgeb y caballito de batalla de los virtuosos del instrumento a cargo de Willis que sirve de núcleo y a partir del cual se suceden diversos senderos alternativos. Por ejemplo, el Rondo alla Mambo inspirado en el allegro del concierto mencionado en arreglos de Joshua Davis y la saxofonista Yuniet Lombida Prieto, ante el cual es imposible no rendirse. Asimismo el Rondo K. 371 con pasmoso virtuosismo de Willis, es un pequeño tour de force que no solo deja sin aliento a intérprete y escucha, sino que sugiere ineludible cierto trópico mozartiano a la vuelta de la esquina. Un detalle pícaro y encantador.Ese sabor tropical arriba con tres números cubanos que en arreglos de Jorge Aragón exhiben las posibilidades de un Mozart más soleado de lo que el mismo pudo imaginar y donde aflora la tradición cubana como una ola de frescura clásica con las impecables intervenciones de la solista secundada meritoria y fervorosamente por la Orquesta del Liceo de La Habana dirigida por José Méndez Padrón. El trompetista Harold Madrigal Frias se luce en El Manisero secundándola así como Dos Gardenias y un Que rico el mambo con los “Havana Horns”, un ensemble creado por la virtuosa para una demostración espontánea en la plaza de la catedral habanera.

El punto de inflexión del álbum, por otra parte me atrevería a decir clásico instantáneo es el primer movimiento de Eine kleine Nachtmusik rebautizado Sarahnade Mambo que enlaza con justificada insolencia y a la vez, efervescencia al divino Amadeus con sus parientes de la isla, si es que los tuvo, y si no los tiene, pues los acaba de encontrar.

Este verano Sarah Willis y sus colegas aportan una bienvenida dosis de ritmo clásico para “infectarnos” con la buena onda que definitivamente se necesita en cada rincón del planeta. Una receta poco ortodoxa para vacunarse contra la pandemia: Mozart y Mambo (CD ALPHA 578).



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