Música

James Judd, creador de Miami Music Project y líder de la Filarmónica floridana, recuerda a Sir John

A raíz de la monumental edición WARNER Sir John Barbirolli (1899-1970) en 109 CDs conmemorando medio siglo de su desaparición, su colega y compatriota James Judd recuerda al venerado director mientras aguarda regresar a sus dos orquestas, la filarmónica eslovaca y la de Daejeon en Corea del Sur. El creador del notable Miami Music Project -y recordado líder de la Filarmónica floridana- evoca al maestro a quien une la dirección orquestal y anecdotario de juventud.

Sir John decía que los grandes directores nacen, no se hacen…

Se refería a los grandes de veras! Era uno nato. Estudió violín y luego cello, tocó para el estreno del Concierto para cello de Elgar dirigido por Elgar. Vivió inmerso en música, ya dirigía en la armada, luego formó su orquesta de cuerdas y el resto es historia. Su modo de dirigir evocaba el canto del cello que llevaba impreso desde y para siempre, esa generosidad y autenticidad nos influenció a todos.

¿Ese “canto” del cello se advierte en sus grabaciones de ópera?

Absolutamente. Tenía un don natural para respirar con los vientos y maderas. Y ésta cualidad no sólo impregna su Mahler o Sibelius sino también su Madama Butterfly, Otello y el Requiem de Verdi; anecdóticamente canté en el coro del Requiem, una experiencia indescriptible. Poseía una técnica diríase “simple”, su fuerte era una comunicatividad superlativa, era uno con los músicos.

¿Esa técnica orquestal es hoy más complicada?

Hoy se abarca mas. Hay que enfrentar partituras muy arduas como las contemporáneas con patrones rítmicos muy precisos. Desafortunadamente, puede terminar siendo un fin en sí misma y en el repertorio clásico y romántico ser contraproducente. En Barbirolli prima la invitación a entrar en su propio universo, imaginando, visualizando una obra, lo que no requiere tanta técnica sino el don de combinar inteligencia, espiritualidad y emoción hasta plasmar el alma de la música. A medida que pasan los años más me fascina el trabajo de colosos como Furtwängler, Toscanini, Barbirolli, Kubelik, observar cómo manejando las orquestas con una técnica básica obtenían ensembles muy sofisticados. Barbirolli sólo hacia música a su manera, dando el todo por el todo. En algún sentido, era como Leonard Bernstein.

¿Cual es el “sello” Barbirolli?

Honestidad y corazón, un compromiso apasionado sin importarle la opinión ajena. Resultado: música íntegra y un sonido distintivo. Como estudiante, los conciertos con Barbirolli y Bernstein en el Festival Hall fueron experiencias inolvidables. Eran comunicadores natos. Luego tuve la suerte de conocerlo, fui invitado a un ensayo de la Quinta de Mahler y él me invitó a la grabación a la que acudí entre tímido y deslumbrado.

Ustedes “comparten” una asociación con la famosa Orquesta Halle de Manchester

Él reconstruyó la orquesta en 1943, fue su criatura dilecta hasta su muerte en 1970. En la década del noventa hice giras europeas y fui muy amigo del mánager, que había sido su mano derecha. Gracias a él, “heredé” su piano por gentileza de Lady Barbirolli con la única condición de no borrar una mancha de whisky que Sir John había derramado.

¿Cómo iniciarse en Barbirolli?

Recomiendo la segunda de Sibelius con NYP es de una ferocidad inaudita. Podría recomendar el Falstaff de Elgar y el Walk to the Paradise Garden de Delius. Desde ya, su famosa Sexta de Mahler, en el registro de estudio y el paradigmático en vivo, en Albert Hall, que afortunadamente presencié.

Barbirolli fue un Mahleriano que llegó tarde a Mahler, prefería su Novena

Y gracias a la insistencia del crítico Neville Cardus que logró motivarlo. Los mahlerianos amamos cada sinfonía como a un hijo pero la Novena es especial, resume y requiere todo.

¿Su “Desert Island Disc”?

Quizás The Dream of Gerontius pero me decido por la Segunda Sinfonía de Elgar. Esta todo allí.

¿Cuál es la lección de un maestro como Barbirolli?

Comprobar que esa manera genuina de hacer música existió, nos reconcilia, eleva y aleja de la locura actual. Solíamos preocuparnos por tanta superficialidad y materialismo desbocado; ahora eso sería un lujo viendo el caos causado por algunos líderes que nunca podrán apreciar el poder de la música, que envenenan nuestras vidas sin saber que el mejor antídoto es, justamente, la música.

(SIR JOHN BARBIROLLI - THE COMPLETE WARNER RECORDINGS)

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