‘Hombres que bailan’: arte, adrenalina y testosterona
La sexta edición del Men Who Dance Festival, organizado por el Inter-American Choreographic Institute (ICI) bajo la dirección artística de Rafi Maldonado, quedará registrada en la historia de la danza de Miami -aunque se presentó en Fort Lauderdale- como todo un éxito.
Un encuentro íntimo y personal con algunos de los artistas invitados al evento, celebrado el viernes 25 de noviembre en el Sanctuary of the Arts de Coral Gables, precedió al festival propiamente dicho.
Las dos funciones en el teatro Amaturo del Broward Center for the Performing Arts, el sábado 29 y el domingo 30, no dejaron lugar a dudas de que estamos ante una iniciativa triunfadora.
El festival -que se prepara en Miami pero se presenta en Fort Lauderdale- ofreció esta vez un programa organizado en dos partes, en el que intervinieron 12 compañías y el actor/bailarín brasileño Patrick Santos, radicado en Alemania.
Las 16 piezas coreográficas o fragmentos de obras del repertorio que salieron a escena -todas de un buen nivel- ilustraron diversos estilos, combinando arte y adrenalina, y mostraron la amplitud del desempeño del hombre en la danza escénica.
Por razones obvias, Men Who Dance no incluye ejemplo alguno del hombre como partenaire responsable del lucimiento de la bailarina en el pas de deux académico. Pero esa es otra historia.
En ambas fechas, la función abrió con la agrupación Indigenous Enterprise (procedente de Phoenix, Arizona), que mostró su trabajo con la danza indígena (folclore teatralizado, vestuario espectacular incluido), personificada con entusiasmo desbordante por los bailarines y coreógrafos Kenneth Shirley, Jamal Jones, Dominic Pablo y Josiah Enríquez. Este último, especializado en la hoop dance.
A continuación, se presentó All Shook Up (de Hannah Baumgarten), interpretado por Austin Duclos (Dance NOW! Miami), seguido de la variación masculina del famoso pas de deux del ballet Le Talisman, con música de Riccardo Drigo y coreografía de Marius Petipa, a cargo de Ataru Matsuya (Arts Ballet Theatre of Florida).
La agrupación neoyorquina Jon Lehrer Dance Company intervino entonces con Troika, una obra de sofisticada fisicidad, en la que interactúan Ricardo G. Barrett, Michael Miller y Riccardo Passera.
Inmediatamente después, Syncopate Collective (una compañía con residencia en Sanctuary of the Arts) llamó poderosamente la atención con una obra de grupo de Enrique Villacreces titulada Damned Punk, que utiliza música dub techno de Andy Stott y ofrece oportunidades de lucimiento para el propio Villacreses, así como para Rafael Ruiz-Del-Vizo, Jesús Sandoval, Giovanni Castellón, Clinton Harris, Joshua Archibald, Luis Miranda y Luciano Olivieri.
Para ellos fue la primera gran ovación de la tarde del domingo, la función que aquí reseñamos.
Seguidamente, Juan Carlos Castellón, Néstor Corona y Matt Jalac, bailarines del Ensemble Español (con sede en Chicago), exploraron la naturaleza del tango y del flamenco en Reflexiones Part 1, Part 2, Part 3, una sucesión de momentos coreografiados por Antonio Najarro, Irma Suárez Ruiz, Jorge Pérez, Joel Maisonet y José Torres.
Acto seguido, Leandro Monteiro, Pedro Cabrera y Hugo Tulipano, bailarines del ICI, se entregaron de lleno a la ejecución de Dance of the Three Sailors, en la versión coreográfica de Ariel Rose, a partir del original de Malcolm Burn.
Dimensions Dance Theatre of Miami (DDTM) presentó entonces Reina, también de Ariel Rose. Una propuesta efectista con tintes melodramáticos que termina más de una vez y se extiende durante más de once minutos. La “reina” del título parece ser la de la baraja y los cuatro jugadores son Maikel Hernández, Rafael Ruiz-Del-Vizo, Ariel Morilla y Eric Paz. La música es de Astor Piazzolla.
La primera parte del programa culmina con un par de obras que desbordan energía: Mañana es Domingo, de C.A.M Dance Company (con sede en Hallandale Beach), y Malambo, Bombo, Boleadoras, de Tropilla Malambo, procedente de Argentina.
La primera sobresale por el entusiasmo contagioso de sus seis bailadores: Juan Hoyos, Johnny Perdomo, Ronin Morales, Claude Eric Andre, Jonathan Cordero, Dariel Ramo y Brayan Quiñones, cofundador y coreógrafo del grupo. La segunda se destaca por la actuación aparatosa de sus tres extraordinarios bailarines malambristas: Nicolás Rivas (también director del grupo y coreógrafo), Ezquiel Rivas y Matías Rivas.
Después del intermedio, le toca el turno a RTW Dance con Misbehaving, una propuesta intencionalmente hermética (“si me ves hablando solo, por favor no me interrumpas, estamos en una reunión de personal”) y algo egocéntrica (“no soy para todos”), integrada por dos solos que funcionan como material especial a la medida de Alexander Terife, un joven talento de excepción, y del estatuario Randolph Ward, coreógrafo y fundador del grupo.
Arts Ballet Theatre of Florida regresa con una luminosa obra de grupo para diez bailarines, compuesta por su director y fundador, Vladimir Issaev, con música de Frederick Handel y concebida como una celebración de la obra pictórica de Gustav Klimt.
C.A.M. Dance Company lo hace igualmente con la trepidante Guayo Sádico, también de Brayan Quiñones. Los bailarines son los mismos y la música es el Bongo Festeris de Jack Costanzo (el famoso “señor del bongó”).
A continuación, Miami City Ballet, Patrick Santos y Ensemble Choreographic nos toman de la mano para adentrarnos en el cierre del programa:
Miami City Ballet (MCB), con Seven Days Walking de Nathalia Arja y música de Ludovico Einaudi. Un oasis para la introspección y el descubrimiento que cuatro intérpretes de sensibilidad insólita y aplomo hipnotizante (Andrei Chagas, Rui Cruz, Ethan Rodrigues y Satoki Habuchi) transforman en un lugar donde se aprende que “la simplicidad es la clave de la elegancia”, como decía Coco Chanel.
Definitivamente, Seven Days Walking es la obra por la que esta edición será recordada.
Patrick Santos, con The Office, de Justyna Woloch. Un intrigante ejercicio de danza expresiva en dos partes (rutina asfixiante y fantasía libertaria) que sustituye las acostumbradas notas al programa por un preámbulo fílmico. El público sigue a Santos con atención y le muestra complicidad al premiarlo con un cálido aplauso.
Y por último, Ensemble Choreographic con fragmentos de The Mosaic y la música maravillosa de Ezio Bosso. Un alarde de oficio de Alice Arja, que reparte retos y recompensas entre Alex Solokov, Braian Cueno, Davi Honorio, Leandro Monteiro, Mateo Treglia, Pedro Cabrera y Hugo Tulipano. El desempeño de todos es formidable.
En resumen, logros artísticos aparte -que fueron muchos-, esta sexta edición de Men Who Dance dejó claro, una vez más, que los ‘hombres que bailan’ también son atletas de alto rendimiento. Al fin y al cabo, bailar aumenta la testosterona.
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