Macarena Giménez, nacida en Buenos Aires, debuta como bailarina principal del Miami City Ballet
Bastaron dos apariciones en la escena de la Ziff Ballet Opera House del Adrienne Arsht Center para que Macarena Giménez (Buenos Aires, Argentina, 1993), la fascinante nueva bailarina principal de Miami City Ballet (MCB), conquistara al público de Miami.
En la primera, durante la función de apertura de la temporada 2025-2026 de la compañía que ahora dirige Gonzalo García, Macarena intervino en la obra de grupo “Year of the Rabbit”, de Justin Peck, y resultó ser una presencia imposible de ignorar.
En la segunda, el 14 de diciembre, debutó como el Hada de Azúcar en el espectacular “Cascanueces” de George Balanchine y demostró ser el epítome exquisito del aplomo imperturbable que define la serenidad absoluta y la autoridad emocional de los grandes intérpretes académicos.
Miami acaba de descubrir a Macarena Giménez —Lourdes López lo hizo mucho antes; fue ella quien la invitó a unirse a MCB—, pero Macarena descubrió que quería ser bailarina a muy temprana edad.
“Tenía apenas tres años y estaban presentando ballet en la televisión”, nos relata al inicio de nuestra conversación, que tuvo lugar en la sede del Miami City Ballet en Miami Beach. “Y le dije a mi mamá: ‘Yo quiero hacer eso’. Ella pensó llevarme a la gimnasia artística, pero durante 6 meses le insistí: ‘No, yo quiero pararme en puntitas de pie, como hace la chica’. Y a los 3 años y medio tuve mi primera clase de ballet”.
Su sueño era formar parte de la compañía del Teatro Colón, pero su carrera profesional empezó con el ballet de Iñaki Urlezaga, bailarín argentino del Royal Ballet que, al retirarse, regresó a Argentina y formó su propia compañía. “Recién había cumplido los 15 años; dejé la escuela de ballet del Colón y entré a su compañía, donde estuve 4 años”. Primero, con un contrato de cuerpo de baile y, después, como bailarina principal.
En 2012, por fin, entra en el ballet del Teatro Colón, como miembro del cuerpo de baile. En el 2016, pasa a ser solista y en el 2017, a primera bailarina. En 2022, dejó Argentina para incorporarse al Sarasota Ballet como bailarina principal, donde permaneció durante tres años.
Sobre Miami, menciona que “en muchos aspectos es muy parecido a Buenos Aires. Nosotros vivíamos en la Capital Federal, a unas cuadras del teatro, y el tránsito es muy similar”. Pero hace una breve pausa como para rectificar la afirmación anterior: “Bueno, la manera de vivir es diferente y creo que lo positivo es que tenemos la playa ahí enfrente. Sobre todo, teniendo a la nena. Ayuda mucho y, para desconectar, es un plan perfecto para nosotros”. Macarena está casada con el también bailarín Maximiliano Iglesias, con quien tiene una hija llamada Emma.
Con respecto a su incorporación al MCB, ella afirma estar feliz y agradecida, porque Gonzalo —que nos visitó brevemente durante la entrevista— y todos los bailarines, le han hecho sentir parte del grupo desde el primer día. “La compañía realmente funciona como una familia y me encanta como nos apoyamos entre todos”.
“Gonzalo es una gran persona y un gran artista”, asegura. “Yo me acuerdo, como si fuese hoy, de cuando Paloma Herrera, bailarina principal argentina, se estaba retirando y bailó “Romeo y Julieta” con Gonzalo en Argentina. En ese momento yo todavía estaba en el cuerpo de baile, creo que fue en 2015… Todos estábamos embobados con él”.
Al MCB, como institución, ha tenido que adaptarse. “Es que vengo de un teatro [el Teatro Colón] donde el escenario y las salas de ensayo están en el mismo lugar, así que la agenda del día a día es un poco diferente. Ahora tengo que acordarme de llevar todas las cosas al teatro donde estemos bailando”, comenta divertida.
Entre el ballet clásico, el neoclásico, el moderno y el contemporáneo —de todos hablamos—, ella asevera preferir al primero: “Soy una mujer muy estructurada y el ballet clásico me da seguridad. Pero siento libertad para explorar nuevos movimientos, incluso en mi manera de bailar, que después puedo sumar a lo clásico, y eso me gusta”.
El ballet es la técnica académica por excelencia y contar con una formación estructurada y rigurosa abre las puertas a la versatilidad. Proyectar excelencia tanto en “Year of the Rabbit” como en “Cascanueces” es prueba fehaciente.
En ese sentido, comenta que está muy agradecida por haber tenido, durante su carrera en Argentina, la oportunidad de bailar obras de George Balanchine y de contar con repositorios que viajaron a Buenos Aires desde Estados Unidos. “Pero también”, agrega, “he hecho Forsythe, he hecho Nacho Duato, he tenido al mismísimo Vladimir Vasiliev y a Natalia Makarova guiándome en el estudio. Eso me hace feliz y siempre he tenido curiosidad por hacer cosas nuevas. Así que estoy contenta”.
Pero entre las obras de Balanchine que bailó en Argentina, o durante sus tres años con el Sarasota Ballet, no estaba su “Cascanueces”. “En la Argentina, al menos en los años en que yo fui parte de la compañía, se bailaba la versión de [Rudolph] Nureyev, que es completamente diferente”.
Al abordar las diferencias entre las versiones de Nureyev y de Balanchine, Macarena califica la de Nureyev como “super dark” —son sus palabras— y siente que la de Balanchine “es la más lograda en cuanto a la obra como un todo y a lo que queremos contar, sobre todo teniendo en cuenta que es la época de Navidad y es para chicos”.
“Los sets, los trajes y el baile de la obra de Balanchine son mucho más alegres”, agrega. “Es un montaje mucho más apto para todo público, diría yo. La de Nureyev también, pero la trayectoria de Clara es otra. El Hada del Azúcar acá es solamente el Hada del Azúcar y Clara es otra nena. En Nureyev, desde el primer momento eres Clara y es la misma Clara la que hace el pas de deux al final”.
Repasamos entonces otros papeles que ha interpretado. “La primera vez que hice Kitri fue a los 17 años, en España. ‘Don Quijote’ es un ballet que me ha acompañado desde el principio”. Y agrega: “Giselle es otro de mis papeles favoritos”.
Su ballet clásico preferido es “El Lago de los Cisnes”. “En el ‘Lago’ puedes encontrar mucha libertad: cada vez que lo bailas es diferente y siempre hay mucho para aprender en el lenguaje clásico puro. Además, tenés la posibilidad de ser ‘la buena’ y ‘la mala’, y de mostrar dos personalidades muy diferentes”.
Menciona con mucho cariño a “Romeo y Julieta”. “He bailado el de Kenneth MacMillan en Buenos Aires y el de Frederick Ashton en Sarasota, pero el de MacMillan tiene algo especial y creo que también me gustaría ser Julieta 24/7”.
Macarena tiene que partir para un ensayo y no queremos dejarla ir sin conocer los tres momentos memorables de su carrera.
“Bueno, voy a empezar por el más reciente: en 2024, cuando, estando con el Sarasota Ballet, bailé con el Royal Ballet en Londres en una función de homenaje a Frederick Ashton”, responde de inmediato. “Creo que es una de mis experiencias más soñadas e inimaginables”.
“El segundo momento, sin duda alguna, fue haber trabajado con Natalia Makarova y enterarme de que estaba embarazada mientras ensayábamos ‘La Bayadera’, que bailé con mi marido y con Herman Cornejo del ABT [American Ballet Theatre]. Makarova me ensayó personalmente para ambos roles: Nikiya y Gamzatti. Eso fue con el Teatro Colón en el año 2016”.
¿Y el tercero? “Ay, no sé, no sé. Es que tengo muchos momentos lindos. No sé qué te pueda decir”, responde con una sonrisa encantadora y un aire de disculpa que parece encerrar segundas intenciones.
Eso nos lleva a pensar que ella tiene la ilusión de que ese tercer momento memorable sea una experiencia futura con el Miami City Ballet. Nosotros también, así que por ahora solo nos queda esperar.
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