Las ‘joyas’ del Miami City Ballet realzan los colores de la danza
A través de su arte, George Balanchine —un inmigrante ruso en Nueva York, padre del ballet en Estados Unidos— se complacía, en ciertas ocasiones , en rendirle homenaje al rojo, blanco y azul de la bandera americana.
Sin embargo, en Jewels (Joyas, en español)—su obra maestra en tres actos de 1967 para el New York City Ballet, reconocida como el primer ballet de larga duración sin narrativa— la cromática cambia a verde, rojo y blanco, en alusión a piedras preciosas de colores radiantes. Aun así, en el acto central, el coreógrafo le rinde una reverencia a su país adoptivo.
Miami City Ballet (MCB) presenta Jewels del viernes 27 al domingo 29 de marzo en el Adrienne Arsht Center de Miami y el viernes 3 de abril en el Kravis Center de West Palm Beach.
Alternando con Jewels en la programación, la versión modernizada de Carmen, de Annabelle López Ochoa —un estreno mundial en la temporada pasada—, regresa el jueves 26 y el sábado 28 de marzo al Arsht y se presentará por primera vez en el Kravis el sábado 4 y el domingo 5 de abril.
Bajo los títulos de Emeralds, Rubies y Diamonds (Esmeraldas, Rubíes y Diamantes), cada sección de Jewels —con partituras de tres compositores— tiene un diseño y un ambiente derivados de esas gemas. En ocasiones, se presenta uno de esos actos como pieza independiente. Por ejemplo, MCB estrenó Rubies en 1990, dos años antes de incorporar la obra completa al repertorio.
Para la bailarina principal de MCB, Hannah Fischer —quien interpreta papeles protagónicos en Emeralds y Diamonds, junto a su compañero, Cameron Catazaro— este conjunto de danzas posee la estatura de una ganancia triple. “Me encanta cómo aquí todo converge —si bien con música y caracterizaciones muy diferentes— para crear unas hermosas imágenes de joyas”.
En relación con su papel protagónico en Rubies —un rol de vertiginosa intensidad—, el bailarín principal Alexander Peters comenta que este es un ballet que no deja de cautivarle, incluso tras haberlo visto innumerables veces durante sus días en la School of American Ballet de Nueva York, haberlo bailado durante años con el Pennsylvania Ballet (hoy Philadelphia Ballet) y, a partir de 2017, con MCB.
“De adolescente, me identifiqué con Jewels de inmediato”, nos comenta. “Es tan hermoso y está tan bien integrado —con tres formas distintas de presentar a la bailarina—que en mí siempre despierta una emoción abrumadora”.
Emeralds, la sección en la que nunca había bailado, le impresionó primero por su tono contemplativo. Pero en el presente, Peters siente su identidad como bailarín ligada a Rubies y confiesa: “Este ballet ha sido un barómetro para mi carrera y en él observo mi evolución y las diferencias entre mis parejas. Algunos aspectos se han vuelto más difíciles, otros más fáciles”.
Dice la historia que Balanchine quedó tan deslumbrado por las joyas en los salones de Van Cleef & Arpels en Nueva York que decidió crear un ballet que exaltara su belleza. También es posible que el coreógrafo se haya dejado llevar por su inclinación a personificar elementos inanimados como las flores, los copos de nieve y los juguetes. ¿Por qué no, entonces, un ballet dedicado a unas prendas fabulosas?
La gran diseñadora de vestuario de origen ucraniano y frecuente colaboradora de Balanchine, Barbara Karinska —en cuyas manos la tela y el corte serían parte esencial de la excelencia de cada ballet— desempeñó un papel importante en lograr el efecto de las joyas en el escenario.
En Emeralds, bajo los corpiños verdes ornamentados con piedrecillas, las faldas de tul en cascada parecen reflejar un follaje; en Rubíes, los leotardos escarlatas están engalanados con piezas resplandecientes; y en Diamonds, los tutús vaporosos y las cuentas brillantes parecen revelar un tesoro.
La coreografía de Jewels evoca collares, medallones y pulseras. Sin embargo, Balanchine nunca confirmó una lectura concreta de todo ese esplendor.
Pero es obvio que estas joyas constituyen un tributo a los estilos que marcaron la carrera del coreógrafo. El romanticismo de Emeralds —acompañado por composiciones de Gabriel Fauré (fragmentos de Pelléas et Mélisande y Shylock)— evoca las filigranas coreográficas de la Ópera de París en escenas de caballería y elegancia con perfume francés. Diamonds abre las puertas doradas de un salón de la Rusia imperial para un baile majestuoso al compás de los cuatro movimientos de la Sinfonía n.º 3 en re mayor de Tchaikovsky.
Entre estas secciones, Rubies semeja el centro de un tríptico cuyos paneles laterales lo contextualizan. En este vórtice de movimientos ingeniosos, los bailarines se cruzan y se unen de corre-corre como si estuvieran en medio de un ajetreo urbano—¿será la prisa de Manhattan? Con impulsos como los del jazz, el Capriccio para piano y orquesta de Stravinsky parece levantar rascacielos musicales. Así, el neoclasicismo de Balanchine, su creación norteamericana, le otorga reconocimiento al suelo que lo sostiene.
“Es verdad que esto emite la energía propia de los showstoppers de los musicales”, observa Fischer. “Pero debe ejecutarse con un gusto exquisito”.
Para ella, Jewels exige una profunda comprensión del estilo Balanchine, cada paso dándole una respuesta acertada a la música, y la belleza que aporta cada intérprete debe ser responsable del legado coreográfico.
Con tal propósito, Fischer siempre ha podido recurrir a los consejos de su padre, Lindsay, exbailarín principal del NYCB —y un “cavalier” de gran calibre en Diamonds—, así como exmaestro de ballet del National Ballet of Canada, donde Hannah se formó y bailó.
Peters comparte su experiencia con Taylor Naturkas, su compañera en Rubies. “Cómo colocarla o en qué ángulo orientarla, o en cuestiones de giro, todo resulta emocionante. Es un poco como caminar sobre una cuerda floja. Y yo puedo ayudarla a sentirse más cómoda con estas extrañas geometrías”.
Fischer y Peters coinciden en que Jewels no es solo un conjunto de configuraciones y colores derivados de lindos ornamentos. Aunque carece de argumento, la bailarina opina que, entre pasajes serenos y agitados, este ballet supuestamente abstracto revela una gran humanidad.
Y Peters afirma: “No se puede negar que, simplemente al ejecutar estos pasos, es posible evocar todo un mundo de atmósferas y narrativas”.
Miami City Ballet en “Jewels”, viernes y sábado, marzo 27-28, 7:30 p.m.; domingo, marzo 29, 2 p.m. Adrienne Arsht Center for the Performing Arts, 1300 Biscayne Blvd., Miami. Presentaciones adicionales: “Jewels’ se presenta también en el Kravis Center de West Palm Beach a las 7:30 p.m. el viernes 3 de abril. “Carmen” llega al Arsht Center a las 7:30 p.m. el jueves 26 de marzo y a las 2 p.m. el sábado 28 de marzo. En el Kravis Center se presenta el sábado 4 de abril a las 2 p.m. y a las 7:30 p.m., y el domingo 5 de abril a la 1 p.m. Boletos: $45-$265. Más: https://www.miamicityballet.org o (305) 929-7010.
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