Con un nuevo liderazgo, Miami City Ballet se adentra en una nueva era
El Miami City Ballet (MCB) concluye su temporada del 40.º aniversario y atraviesa actualmente una inusual transición dual en su liderazgo con Gonzalo García -apenas el tercer director artístico en la historia de la compañía- preparándose para inaugurar su primera temporada con una programación íntegramente diseñada por él.
Simultáneamente, MCB ha contratado un nuevo director ejecutivo. Scott Altman, quien fue nombrado a mediados de abril, tiene una trayectoria que incluye haber sido presidente y director ejecutivo del Cincinnati Ballet y, más recientemente, presidente y director ejecutivo de Los Angeles Master Chorale.
En el interior de los estudios de Miami Beach -donde la identidad de la compañía se ha forjado y moldeado durante décadas-, Toby Lerner Ansin (fundadora de MCB), la veterana bailarina Ashley Knox y la recién llegada Hannah Fischer representan distintos momentos en la línea del tiempo, mientras la organización se adapta a los cambios tanto en el plano artístico como en el administrativo.
García afirma que una de las cosas que más le han marcado desde su llegada es el relato de Ansin sobre los primeros días de la compañía.
“Ella compartió cómo empezó todo; contó que estaba en su cocina con algunos amigos y que decían: ‘Llamemos a esta persona, y a aquella otra, y a aquel de allá…’ y, un año después, ya sabes, se alzó el telón con 17 bailarines y, al final de la temporada, ya eran 21”, dice, recordando la rapidez con la que aquella idea se transformó en una institución.
Ansin sitúa la historia de los orígenes en un plano personal.
“Soy la persona que lleva más tiempo en el edificio. Soy la ‘abuela’ que ha estado allí desde el mismísimo principio. Hay quienes llevan 30 años, pero yo soy la única que ha estado presente durante los 40 años completos, más el año previo a su fundación”, comenta.
Para García, esa sensación de ser algo construido, basado en instinto y entereza, es, en parte, lo que confiere una carga tan especial al capítulo que ahora comienza. “Este es un momento de transición para la institución”, señala.
García tiene un contrato de cinco años como director artístico del MCB, vigente desde el 11 de agosto de 2025. Al ser consultado al respecto, la compañía declinó revelar los términos salariales.
Para el nuevo director artístico, la tensión fundamental radica en cómo avanzar sin perder aquello que ya define a la compañía.
“¿Cómo logramos no desechar nada de lo bueno que se ha construido aquí”, dice. “¿Rendir un homenaje absoluto al pasado y comprenderlo, para luego avanzar plenamente hacia el futuro?”.
Esa es una pregunta que resuena de manera distinta según la posición que cada persona ocupe en el legado de la compañía.
Knox, con más de 25 años de trayectoria en el MCB, describe esos cambios como una continuidad interna más que como una ruptura: cada director artístico añade una nueva capa, en lugar de reemplazar lo que le precedió. “De Edward, siento que adquirí una comprensión de la musicalidad y del ‘ataque’. Con Lourdes, fueron la técnica y la intención. Ahora, con Gonzalo, me entusiasma ver qué aportará para que yo pueda explorarlo”.
Fischer, contratada durante la etapa final del mandato de Lourdes López, se adentra en la programación de García como algo que se vive en tiempo real, más que como una historia recordada. Gran parte de su familiaridad con el repertorio coincide ya con lo que ahora llega al escenario bajo su dirección, incluida la obra Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (“Alice’s Adventures in Wonderland”), de Christopher Wheeldon; un ballet con el que afirma estar sumamente familiarizada por haber participado en la coproducción del Royal Ballet y el National Ballet of Canada.
“He interpretado casi todos los papeles de ese ballet”, comenta.
Fisher también interpretó el papel de Odette en el estreno del MCB de la versión de Alexei Ratmansky de El lago de los cisnes, obra que García incorporará a su temporada, lo que marcará la tercera ocasión en que la compañía interpretará esta versión contemporánea.
La llegada de García no representa solo un cambio en el liderazgo; es la decisión correcta en muchos sentidos.
“Creo que es el momento adecuado de su vida para este puesto”, afirma Ansin. “Si nos fijamos en sus inicios en España y en cómo ha evolucionado su carrera, es el paso adecuado”. García se formó en España y se incorporó al Ballet de Zúrich antes de pasar al Ballet de San Francisco en 1998 y convertirse en primer bailarín en 2022. Tras actuar como artista invitado en la celebración del centenario del New York City Ballet en 2004, se incorporó a la compañía en 2007 como primer bailarín.
Por su parte, Altman señala que se incorpora a la compañía en un momento en el que esta se encuentra “en una trayectoria de crecimiento y alcanzando nuevas cimas artísticas” y destaca que existe una “oportunidad para seguir construyendo sobre el legado del MCB”.
Tras 40 años, Ansin es plenamente consciente de que el futuro de la compañía no depende únicamente de la excelencia artística, sino también de construir y mantener una audiencia en una ciudad en rápida evolución y crecimiento constante.
“Tenemos que agradecer a la comunidad por haber apoyado al ballet durante más de 40 años; ahora somos una institución de gran relevancia y simplemente debemos seguir expandiéndonos y atrayendo gente, logrando que más personas crucen nuestras puertas. Y es que si uno observa todos los edificios de apartamentos que se están construyendo, se podría llenar el Arsht un millón de veces. Necesitamos encontrar la manera de atraer a más público”, afirma, y añade: “Les sorprendería saber cuánta gente ni siquiera sabe que existimos”.
Fischer, de 31 años, proviene de una familia dedicada al ballet: sus padres bailaron -y posteriormente impartieron clases- en el Ballet Nacional de Canadá, compañía a la que ella se incorporó en 2015 antes de marcharse para bailar con el Miami City Ballet. Ella señala que el MCB no es una compañía con una tradición europea centenaria, ni goza del reconocimiento cultural automático que posee el New York City Ballet.
“Creo que Miami carga con cierta fama de ser una ciudad de fiestas y, tal vez, un tanto inculta. Y considero que esto supone una dificultad, pues no es como Nueva York o las ciudades europeas, donde la danza recibe financiación gubernamental o forma parte de su historia desde hace muchísimos años, y donde todo el mundo asiste al ballet. En Miami, no todo el mundo va al ballet”.
Esa realidad, a su juicio, ha hecho que la compañía sea a la vez “luchadora” e ingeniosa, cualidades que comparten tanto García como Ansin.
“Ambos comparten esa mentalidad que les lleva a decir: ‘Aquí tenemos una cultura distinta’. ¿Cómo podemos conectar con lo que ellos necesitan -con lo que desean ver- sin dejar de honrar, ya saben, las raíces de Balanchine y las de Jerome Robbins? Creo que han sabido captar ‘lo que nos hace especiales’ y, por ello, están encontrando formas realmente interesantes de atraer esa atención”.
García inaugurará la temporada en octubre con un programa de repertorio mixto que incluye un estreno mundial a cargo de Patricia Delgado -exbailarina principal del MCB y ganadora del premio Tony de Broadway-, en colaboración con la compositora, productora, música y cantautora Emily Estefan, hija de Gloria y Emilio Estefan.
“Patricia está desarrollando una voz propia en el mundo de la danza y este es su hogar. Sin duda, MCB es su hogar artístico; además, creció en Miami”. En estos momentos, Delgado trabaja junto a Gloria y Emily Estefan en su nueva producción de Basura, que se estrenará a fines de mayo en el Alliance Theatre de Atlanta, con planes de llegar posteriormente a Broadway.
García añade que la programación reflejará el tipo de visión artística que desea aportar a la compañía. “Le dije a Patricia: ‘Así es como quiero que sea el comienzo de mi capítulo: quiero que haya jazz y que haya Tchaikovsky’. Creo que este tipo de colaboraciones puede tener un gran alcance”.
Knox, quien se incorporó al Miami City Ballet bajo la dirección artística de su fundador, Edward Villella, afirma haber sido testigo de la evolución de la compañía a lo largo de todas las etapas de liderazgo que ha atravesado.
“Los primeros 10 años de mi carrera transcurrieron junto a Edward [Villella]”, afirma la bailarina, que hoy tiene 42 años, se incorporó a la compañía en 2002 como aprendiz y alcanzó la categoría de bailarina principal en 2021.
Knox relata que, al momento de su llegada, el MCB ya estaba “bastante consolidado y gozaba de la reputación de ser una compañía de ballet sólida en el estilo Balanchine… Siento que él se encontraba en una etapa en la que sentía haber logrado, por fin, construir la compañía que deseaba”. Con López, encontró una mentora. “Ella ponía el foco en la técnica y en la manera de abordar un rol; en la intención que lo sustentaba, independientemente de si se trataba de un ballet narrativo o no. Eso me ayudó enormemente a crecer a lo largo de aquellos años”.
Percibe el liderazgo de García como la continuación de esa misma línea. “Él genera un entorno de trabajo positivo y siente una pasión inmensa por el ballet como forma artística. Me alegra poder formar parte de esta transición de la compañía, porque ya vislumbro el rumbo que está tomando y sé que se encuentra en buenas manos”.
García mira más allá de lo que se presenta en el escenario y tiene ideas para proyectar al MCB hacia el futuro. Las obras de renovación de los estudios de Miami Beach, situados a pocas manzanas al norte de Lincoln Road, habían sido planeadas antes de su llegada.
“El edificio resultará más funcional”. Su intención es aprovechar el teatro de “caja negra” y crear eventos transmitidos en directo, interpretados ante un público presente en Miami. “Será gratuito. La gente podrá inscribirse para asistir a un ensayo previo de Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas o de la pieza de Emily y Patricia”.
Otra de las cosas que entusiasman a García es poder redefinir la huella visual y cultural de la compañía.
“Una de las cosas que me apasionan es cambiar un poco la forma en que concebimos visualmente al Miami City Ballet, así como la manera en que la gente de Miami nos percibe. Gozamos de mayor libertad que muchas otras compañías gracias a nuestra ubicación. Podemos ser sensuales, elegantes, glamurosos; podemos evocar el espíritu de la playa. Representamos literalmente, tantas cosas y eso resulta visualmente emocionante; es genial”.
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