Música

La NWS se luce con barroquismos acuáticos

El director Paul Goodwin recibió con gran satisfacción una lluvia de aplausos al frente de la New World Symphony.
El director Paul Goodwin recibió con gran satisfacción una lluvia de aplausos al frente de la New World Symphony. Daniel Fernández

Puede que lo barroco no sea del gusto de todos, incluso el término surgió como algo peyorativo, se aplicaba a las perlas deformes. Sin embargo, hay algo de exaltado, de brillante, de alegre en fin, en la música barroca, sobre todo, la bailable, que impuso ese estilo por más de un siglo. Aún perdura el gusto por esa exageración, elaboración y complejidad, como demostró la calurosa acogida del nutrido público al concierto que ofreciera la New World Symphony en la tarde del domingo bajo la dirección del director invitado Paul Goodwin.

Con una larga lista de premios y reconocimientos internacionales, en especial el Handel Honorary Prize de la ciudad de Halle (Saale) por su brillante labor como intérprete de la obra de ese compositor, Goodwin logra el equilibrio perfecto entre la lectura cuidadosa y la entrega suelta y vibrante. Que la música es siempre algo vivo, no importa el tiempo que tenga de haber sido compuesta. Su conocimiento le da no solo la base de la autoridad, sino la libertad para atreverse a salirse de lo convencional. Un lujo su visita a Miami.

La tarde comenzó con una obra prácticamente desconocida de Telemann, el abuelo del barroco musical, la Obertura en do mayor, ‘Water Music’, TWV 55.C3, con sabor a puerto. Compuesta por el centenario del puerto de Hamburgo, evoca dioses marinos y fenómenos naturales. Especialmente sabroso el movimiento con el que también se identifica a la obra: Hamburgo, marea e inundación, y el final, donde orquesta y director pautaban ocasionalmente el ritmo con un golpe de pie en el escenario.

Gran aplauso acogió el alegre final, pero sin duda el plato fuerte logró mayor ovación, dos suites de la famosa Water Music, de Handel. Concebida por orden del rey George I de Inglaterra que quería ganarse el favor de sus súbditos y organizó una gran fiesta, cuyo principal atractivo era un paseo en barcas a lo largo del Támesis, con cena en la rivera de Chelsea, y regreso a Whitehall. El efecto de la orquesta en una barca tocando la festiva música para los invitados en comitiva náutica debe haber sido algo memorable. Tanto gustó esta larga suite, que ha mantenido su popularidad desde entonces. Sus fanfarrias y, muy especialmente, el uso casi constante de las trompas (en las que brillaron Priscilla Rinehart y Anthony Delivanis) le da a la obra un sabor de gran celebración, de jolgorio, que evoca lo que debió ser la tarde y la madrugada en que por horas se tocaron estas piezas para entretener al rey y su corte.

Pero no hay que ser rey ni noble para disfrutar de estas melodías y ritmos que hasta dan ganas de bailar. Goodwin supo ponerles a estas obras todo su sabor festivo, y el público lo supo apreciar. La orquesta estuvo a la altura de su excelencia de siempre, con especial mención para las trompetas, y a la joven del oboe en su momento en solitario. Fue concierto de celebración acuática, pero nada de “pasado por agua”. Fue barroco, pero como una perla perfecta.

daniel.dfernandez,fernandez@gmail.com

El próximo concierto de la New World Symphony será ‘Intimate Brahms’, el 15, a las 2 p.m., en el New World Center. Información y entradas: 305-673-3331 y www.nws.edu

Esta historia fue publicada originalmente el 10 de noviembre de 2015, 0:24 a. m. with the headline "La NWS se luce con barroquismos acuáticos."

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