La New World, Ax y Heras-Casado, un toque de eternidad
Hay conciertos y conciertos, y el de la New World Symphony (NWS) el sábado en el Arsht Center, con Emmanuel Ax al piano y el director español Pablo Heras-Casado en el podio, es de esos que repercuten por siempre en la memoria, de esos que tocan a las puertas de la gran música con un toque de eternidad.
Abrió la noche con una bellísima obra injustamente olvidada, la Suite de danzas (1923), de Bartók, que Heras-Casado entregó con lujo de detalles. A Bartók le temen los melómanos de gusto estrecho que ignoran cuánto de asequible y hasta folclórico brilla en su abundante obra, que sin duda se inscribe principalmente en la vanguardia del siglo pasado. Esta es una de ellas, donde a pesar de la sintaxis atrevida, se respira la genialidad de este compositor, modelo de orquestación, pionero de ritmos inusuales y uno de los grandes creadores del nuevo gusto musical. Con jóvenes como los de la NWS y un genial joven en el podio, esta obra salió brillantemente del olvido al aplauso de nuevo público.
Luego, la mayor atracción de la noche, el Concierto no. 5, para piano y orquesta, en mi bemol mayor, op. 73 (Emperador), de Beethoven. Con este compositor pasa como con Gardel, “que cada año canta mejor”. Retomado por las nuevas generaciones, “El genio de Bonn” se renueva como un Fénix. En las manos de Ax, leyenda del piano desde sus años mozos, el concierto se crece en sus horizontes épicos y a la vez se sumerge en las sutilezas melódicas del segundo movimiento. La comunicación entre solista y orquesta, mediante la batuta de Heras-Casado, fue irreprochable. La magia de esta obra cobró nuevos brillos con estos genios, y como suele suceder con Beethoven, el resultado fue mucho más que musical, casi una experiencia mística; al final de una de sus obras, interpretada como lo fue esa noche, uno se siente distinto, con fe, con esperanza, mejor persona.
Fue tal la ovación, que a pesar de la monumental entrega, Ax regaló como encore, con exquisito gusto, nada menos que el Adagio, de la sonata Patética, del propio Beethoven. Este regalo también fue aplaudido de pie.
La segunda parte de la noche ostentó una obra poco frecuente, la Sinfonía no. 7, en re menor, op. 70, de Dvorak. Cuántas bellezas tiene esta obra y con cuánta pericia Heras-Casado las puso en evidencia, sin “cargar la mano” innecesariamente. Aplauso especial para los metales y la percusión, aunque toda la orquesta mostró su acostumbrada excelencia. Este joven director que ya cuenta con un resumé espectacular y es aclamado alrededor del mundo por su labor en óperas y conciertos, con su actuación del sábado se ha ganado un puesto cimero en el público miamense.
daniel.dfernandez.fernandez@gmail.com
El próximo concierto de la New World Symphony será el 20 de marzo, en el New World Center, con obras de Stravinsky, Schnittke y Shostakovich. Info: 305-673-3331 y www.nws.edu
Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2016, 8:37 p. m. with the headline "La New World, Ax y Heras-Casado, un toque de eternidad."