Música

Todo es nostalgia en ‘El Caballero de la Rosa’ salzburgués

Justo tributo a uno de sus fundadores, la edición 2014 del Festival de Salzburgo conmemoró los “150” de Richard Strauss con un flamante Der Rosenkavalier firmado por el veterano Harry Kupfer, una elección tan insólita como intrigante para reverdecer los laureles del casi octogenario director berlinés.

La ópera favorita del binomio Strauss-Hofmannsthal (también fundador del festival) ha conocido diversas encarnaciones en Salzburgo desde su estreno en 1929 dirigida por Clemens Krauss con Lotte Lehmann como la Mariscala, luego interpretada por Hilde Konetzni, Maria Reining y las legendarias rivales Elisabeth Schwarzkopf y Lisa Della Casa que inauguraron la nueva sala en 1960 con Sena Jurinac como Octavian bajo Herbert von Karajan inmortalizada en el film de Paul Czerny. Vale mencionar a Richard Mayr, Jarmila Novotna, Georg Szell, Anneliese Rothenberger, Rudolf Hartmann sumándose a la constelación de estrellas de la época que se ajustaron a la tradición más estricta para esta clásicamente intocable de la escena, debido a la perfecta ilustración del período en que transcurre.

En este aspecto, los vientos de cambio ya soplaban en el 2004 cuando Robert Carsen dirigió la última versión salzburguesa; cambio que continúa con Kupfer aunque no tan radicalmente como pudo “temerse” del otrora enfant terrible. Como Carsen, Kupfer traslada la acción al estreno de la ópera (1911) y el ominoso fin de una era pero, a diferencia del canadiense, enfatiza el elemento nostálgico que impregna toda la velada y que es en definitiva la esencia de la Mariscala. En las gigantescas proyecciones de edificios vieneses emblemáticos del escenógrafo Hans Schavernoch y las luces de Jürgen Hoffmann, el director pinta un mundo monocromático que a través de los actos va cobrando colores, quizás una transformación a los ojos de la Mariscala.

Reemplazando a un enfermo Zubin Mehta, al mando de la incomparable filarmónica vienesa Franz Welser Most obtuvo una de las mejores lecturas que se le recuerda. Exquisita y transparente, solo faltó mayor fuego e intensidad. En el renglón musical, la novedad fue presentar la versión integral, sin los cortes tradicionales al Baron Ochs, reforzando el título original propuesto por Strauss (Ochs von Lerchenau) e interpretado por un imponente Günther Groissböck, más joven y menos caricatura de lo habitual. En el rol titular, si Sophie Koch es un irreprochable Octavian, no logró equipararse a celebrados exponentes del caballero; algo similar sucede con la soubrettish Sophie de Mojca Erdmann secundada por el excelente Adrian Eröd como el rico Faninal, su padre.

En su primera Mariscala, Krassimira Stoyanova se adjudica la principal atracción de la velada. La soprano búlgara compone una Mariscala de carne y hueso, vibrante, doliente, señorial, jamás afectada y que, como hicieron Crespin o Ludwig, aporta un toque diferente y femenino. No solo como actriz solvente, y al igual que aquellas, es un placer escucharla hallando sutilezas vocales o pulsando la nota dramática exacta.

Un eterno favorito que, en palabras de Elisabeth Schwarzkopf, sabe llegar al público porque posee un personaje para cada miembro de la audiencia y que en Salzburgo halla su hábitat natural. Más plateada que dorada, menos polémica que la otra importante versión del 2014 en Glyndebourne –provocativa y valiosa en todo sentido– el tributo del festival a sus fundadores es un producto a lo grande exquisitamente filmado por Brian Large y que en el final del primer acto estampa una imagen inolvidable, de espaldas al público la Mariscala contempla la fuga de un mundo y un tiempo que se va para no volver, como cada instante vivido.

(R. Strauss, ‘Der Rosenkavalier’, Unitel, 2 Dvd C Major 719308).

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