Música

Asbury y Marwood en la New World, novedades y fanfarrias

El director Christian Reif se despidió del público de la New World Symphony pues terminaba su contrato con esa orquesta.
El director Christian Reif se despidió del público de la New World Symphony pues terminaba su contrato con esa orquesta. Daniel Fernández

Hay una regla de oro en la literatura y las artes que casi siempre se cumple: “La obra que no ha sido aplaudida por sus contemporáneos rara vez sobrevive al tiempo”. Con injusta frecuencia, muchas obras, hasta las muy aplaudidas, caen en el olvido poco después de fallecidos sus autores, incluso en vida de estos. Salieri o el Premio Nobel literario de 1903, Bjornstjerne Bjornson, son ejemplos meridianos.

El concierto de la noche del sábado que ofreció la New World Symphony en su sede del New World Center, en la playa, lanzaba al público miamense dos obras de autores contemporáneos y una de un medianamente reconocido autor del siglo XX. La magra asistencia, que apenas cubría la mitad del teatro ya indicaba la poca atracción que despierta lo reciente en los amantes de la música culta. No es hora de encontrar “culpables” del asunto, ni causas formales, pero lo cierto es que mientras la música de los más oscuros barrocos vuelve a la vida a través de grabaciones, vídeos y producciones operísticas, figuras del siglo pasado van cayendo en el olvido sin nunca haber gozado de una verdadera popularidad.

La New World Symphony en el New World Center de Miami Beach

La breve pieza A Cold Spring, de la joven compositora Helen Grime, abrió la noche bajo la dirección del aun más joven Christian Reif, quien minutos antes, a través de un vídeo proyectado en las grandes pantallas cenitales, había resumido sus años de fogueo en la orquesta que concluyen con esta temporada. Con cierto encanto intimista, la obrita, concebida para pocos instrumentos, quedó bien servida por los impecables músicos, pero los aplausos fueron magros.

El plato fuerte de la noche fue sin duda el Concierto para violín ‘Concentric Paths’, de Adés. Uno de los grandes del momento, que sigue cosechando triunfos alrededor del mundo con su opera La tempestad, este autor supo darle a su obra solidez y atractivo, sin abandonar las premisas exploratorias de toda música posterior al minimalismo. Con sorpresas y toques de humor, con introspecciones y momentos de virtuosismo, la pieza sirvió a Anthony Marwood para demostrar una vez más su pericia en su instrumento. Con el apoyo orquestal liderado por Stefan Asbury desde el podio, este concierto fue lo mejor de la noche, no solo por su calidad y belleza, sino por la suprema interpretación de orquesta y solista. También fue el momento más aplaudido de la noche.

En cambio, solo moderados aplausos acogieron la entrega de la segunda parte de la noche, la Sinfonía no. 4, de Tippet. Este autor británico pertenece a esos compositores que van siendo olvidados sin nunca haber sido verdaderamente famosos. Aunque algunas de sus obras fueron bien acogidas en su momento, como su oratorio A Child of Our Time, el resto de su extensa carrera está marcado por una grisura que culmina en esta larga sinfonía que, a pesar de las fanfarrias que va regando por el camino, como para no permitir que el público se duerma, es de un aburrimiento monumental.

Es de encomiar la dedicación y minucioso trabajo del excelente Asbury que quiere resucitar la obra de este autor, y no menos mérito merece la labor de los músicos que lograron algunos momentos interesantes. Especial mención para los metales “fanfarrones”, 4 trompetas, 3 trombones y dos tubas, y las intervenciones rimbombantes de 9 trompas. Como dijera un coterráneo del compositor: “Mucho ruido y pocas nueces”.

daniel.dfernandez. fernandez@gmail.com

El próximo concierto de la New World Symphony es gratis, el 1ro de abril, con solistas de la orquesta. Será trasmitido a las pantallas exteriores, pero para el teatro necesita solicitar la entrada en: 305-673-3331 y www.nws.edu.

  Comentarios