Prince: el Hamlet de Minneapolis
Prince ha muerto. Es extraño que cuando se dice Prince, lo primero que venga a la mente sea un tal Prince Rogers Nelson, de Minneapolis, que medía 1.58 m. de estatura, y no Hamlet, príncipe de Dinamarca, o el príncipe Carlos, duque de Cornwall.
Lo que no significa que no hubiera algo principesco en ese diminuto mulato que revivió el estampado de perejil para el atuendo de aquellos que, todavía en los 1980, añoraban los años 1970 y sus revoluciones. Prince fue realmente un Pequeño Príncipe, y su reino estaba situado en las ondas radiales, ese empíreo donde gobernó durante más de una década.
Su salida al aire no fue menos revolucionaria que la de las superestrellas de Motown. Su estilo musical puso el nombre de la ciudad de Minneapolis, hasta entonces conocida por una orquesta sinfónica, en el mapa de la música popular contemporánea.
Prince no tuvo rivales: a él le rindieron culto tipos de la talla de Morris Day, y la icónica banda The Times, que le hizo de segunda en las giras y que aceptó incluso el papel de telonero en la película Purple Rain (1984).
No menos napoleónico fue en la conducción de sus negocios. Prince llegó a meterse en el bolsillo la poderosa industria de las grabaciones y, para lograrlo, no se anduvo con melindres. Cuando creyó que lo explotaban, se fue de Warner Music y fundó su propia compañía disquera, Paisley Park Records, a la que sucedería NPG Records (New Power Generation), convirtiéndose así en uno de los primeros en denunciar la “esclavitud de los artistas por contrato”.
En los 1990 se cambió el nombre por un símbolo –mitad astrológico y mitad sexual– de manera que Warner Music no pudiera controlar su apelativo. Ese signo lo definió mejor que cualquier patronímico, captó al ícono, y el misterio de un extraño ser “anteriormente llamado Prince”.
En distintas épocas, múltiples artistas grabaron sus canciones: Chaka Khan hizo una gloriosa versión de I Feel for You, y Sinéad O’Connor la de la más sublime canción escrita por Prince: Nothing Compares 2 U. La artista irlandesa ha dejado testimonio de su encuentro con el Principito, genio musical y controlador absoluto. Prince la hizo venir ante su presencia para decirle que no le gustaba que grabaran su música sin consultarlo. “Se puso violento y comenzó a golpearme”, refiere O’Connor. “Apenas tuve tiempo de saltar por una ventana”.
Pero el control absoluto es, precisamente, lo que hace de la música de Prince un fenómeno incomparable. Llegó a decirse que era capaz de tocar 27 instrumentos, y que en sus primeros álbumes los tocaba todos y luego mezclaba él mismo las pistas. Fue un guitarrista de la talla de Jimi Hendrix. Su registro vocal abarcó el espectro completo de la música popular, desde el maravilloso falsete de Adore, hasta el grito primal de Let’s Go Crazy. Su personaje dramático también lo admitía todo, desde la pulsión erótica de James Brown y el camp de la primera Cher, hasta el cosmicómico travestismo de Patti LaBelle.
Poco después de adquirir la discoteca Paragon en Miami Beach, se retiró del mundo y vino a ser, durante un período, el espíritu in absentia de la decadencia finisecular. Reapareció muchas veces bajo distintas guisas, pero siempre como el artista que “todos los críticos adoran en Nueva York”.
Hacia el final de su carrera los críticos dejaron de adorarlo, pero el público, hasta hace una semana, llenaba teatros para ir a aplaudirlo. Porque Prince fue un recluso y un enamorado de los reflectores, un sátiro nacido en la jungla de las ciudades y un sileno de la comitiva de Baco. Es decir: fue un poco de este mundo y un poco del inframundo, un universo al que los simples mortales no tenemos acceso.
De todas sus canciones me quedo con tres que marcaron momentos felices de mi vida y que vivirán por siempre en la memoria de mi iPhone: Sister, del álbum Dirty Mind (1980); Purple Rain, del álbum homónimo (1985), y Diamonds and Pearls, que da título a un extraordinario álbum de 1991.
Esta historia fue publicada originalmente el 23 de abril de 2016, 1:49 p. m. with the headline "Prince: el Hamlet de Minneapolis."