Música

La New World, un canto de belleza para la eternidad

El director Michael Tilson Thomas, gran especialista en Mahler.
El director Michael Tilson Thomas, gran especialista en Mahler. el Nuevo Herald

El Día de la Tierra este año fue el 22 de abril y por eso el Canto de la Tierra, de Mahler, fue el plato principal de los conciertos ofrecidos por la New World Symphony (NWS) los días 23 y 24 de abril. El 23, incluso, fue transmitido en vivo a las pantallas exteriores del New Center de la Playa.

A pesar de que como siempre el parque de frente al teatro debe haberse llenado de melómanos, pocos asientos quedaron vacíos en la función de la calurosa tarde del domingo. Y es que esta obra, tan hermosa como poco frecuente en las salas de conciertos, no es como para perdérsela. Las oportunidades de escucharla en vivo son escasas en toda una vida, y menos por una orquesta como la NWS, un director como Michael Tilson Thomas (MTT), gran especialista en Mahler, y unos cantantes tan maravillosos como Sasha Cooke y Simon O’Neill, que dieron lo mejor de sí en esta obra extraordinaria.

Mahler no es para todos los gustos, impone al oyente cambiar el ritmo agitado de nuestros días por una actitud de profundo relajamiento, meditacional casi. Se puede, si se quiere, seguir estéticamente su sutileza con la estructura, la textura instrumental, los juegos dinámicos, armónicos, los de tempi… pero ese acercamiento, por más que nos maraville su habilidad, nos hace perder la sustancia, al igual que un análisis gramatical destroza un poema hermoso. No es cuestión de sujeto y predicado, de tema y variaciones, es cuestión de sentimientos, y en eso a Mahler, pocos pueden emular.

El Canto de la Tierra fue concebido cuando ya el autor sabía que sus días se acababan. La obra, estrenada póstumamente, lleva un sustrato vocal basado en poemas antiguos chinos traducidos al alemán. Aunque algunos de ellos son triviales, la música va más allá al evocar sentimientos en los que todos coincidimos, pues aunque espacio, tiempo y persona sean distintos, ¿quién no se ha sentado alguna vez a compartir y beber con amigos o amores alguna tarde? Al paso del tiempo esas trivialidades relucen con la nostalgia.

Cooke y O’Neill estuvieron brillantes y hasta sublimes. Y aunque la obra es larga para los estándares modernos, donde no hay tiempo nada más que para hacerse selfies y comer catibía con el telefonillo, nadie se quedó dormido (siempre me fijo, saben), al contrario, era como si todo el público fuera elevándose con la música, especialmente en el sexto canto: El adiós, donde se contrapone lo efímero de la vida humana ante el poder renovador de la Tierra. En los compases finales, con la mezzosoprano repitiendo Ewig (Eternamente), con un hilo de voz cada vez más delgado... Era algo casi religioso, estremecedor.

En medio de la algarabía que estalló después de unos mágicos segundos de silencio, director y cantante se abrazaron (todavía se me hace un nudo en la garganta), y luego MTT se viró para estrechar la mano a O’Neill. La ovación, la gritería, duró largos minutos, y no era para menos. Había ocurrido el milagro de la música bien interpretada y todos nos sentíamos alegres, mejores, esperanzados.

Cabe mencionar que la tarde se había iniciado con una obrita de John Cage, Las estaciones, pobre y estreñida, que a pesar de ser acompañada con proyecciones en las pantallas cenitales, no causó impacto, algunos ni aplaudieron. Después de la obra de Mahler, ya nadie se acordaba de ella.

daniel.dfernandez.fernandez@gmail.com

El próximo concierto de la New World Symphony será el sábado 30 de abril, con Measha Brueggergosman. Estreno mundial de ‘Four Preludes on Playthings of the Wind’, de Michael Tilson Thomas. Entradas: 305-673-3331 y www.nws.edu

Esta historia fue publicada originalmente el 25 de abril de 2016, 1:12 p. m. with the headline "La New World, un canto de belleza para la eternidad."

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