Música

Representación operática excepcional en el Colony

En el camerino del Colony, de izq a der.: Elaine Álvarez, Betsy Díaz, Nathalie Ávila, Armando Naranjo, Manny Pérez, Eglise Gutiérrez, la pareja de María Antúnez y Martín Nusspaumer; delante: Mabel Ledo y la pianista Caren Levine.
En el camerino del Colony, de izq a der.: Elaine Álvarez, Betsy Díaz, Nathalie Ávila, Armando Naranjo, Manny Pérez, Eglise Gutiérrez, la pareja de María Antúnez y Martín Nusspaumer; delante: Mabel Ledo y la pianista Caren Levine. Manny Pérez

El domingo vimos una representación operática excepcional, en la que brilló por derecho y talento propio la excelsa soprano cubana Eglise Gutiérrez, interpretando como nunca, en su mejor forma, con su profunda y versátil voz de un color y riqueza expresiva, que casi pudiéramos llamar espiritual, el aria Qui la voce sua soave, de I Puritani, de Giusseppe Verdi.

Fue en el Teatro Colony en el final de fiesta de los conciertos de esta temporada de la Miami International Piano Festival, en la serie Discovery, que dirige Giselle Brodsky, y su título fue The Magic of Opera and Piano Transcriptions.

Desde hace tres años se incluye un concierto final con cantantes de ópera del estudio vocal en Miami y Nueva York, del excelente maestro y cantante Manny Pérez, alternando con los pianistas invitados que interpretan óperas transcritas por grandes compositores.

Eglise es una de las estrellas de este estudio que han triunfado internacionalmente, y muchos de sus estudiantes han aparecido en los grandes escenarios del mundo, incluyendo el Metropolitan Opera, New York City Opera, Carnegie Hall, San Francisco Opera, La Scala, Chicago Lyric y el Royal Opera House en Covent Garden.

“La idea me surgió, porque recordaba que en un momento dado a Franz Liszt y otros compositores que viajaban dando conciertos por las ciudades de Europa, se les ocurrió tocar la música de las óperas”, dijo el Maestro Pérez.

Las transcripciones se convirtieron en algo extremadamente popular, debido al número crecido de pianos en las casas, y la importancia de la ópera en el desarrollo artístico y social. Muchos compositores lo vieron como un reto a su arte. De hecho, la mitad de las composiciones de Liszt son transcripciones, y no solo de óperas, sino también de sinfonías de Beethoven.

Pero la voz humana le dio al concierto del domingo 15 en el Colony el beneficio de ambos estilos, con la música de la ópera al piano, por dos pianistas extraordinarios, aunque de diferente estilo, invitados por Brodsky, el serbio Misha Dacic y el italiano Vincenzo Maltempo.

Mientras que Pérez trajo a un grupo escogido de los cantantes que practican y ensayan con él, además de Eglise: las sopranos Elaine Alvarez, Betsy Díaz, Nathalie Ávila y la mezzo Mabel Ledo, el barítono Armando Naranjo, y la pareja de María Antúnez y Martín Nusspaumer, acompañados todos por la talentosa pianista Caren Levine. Cada uno de ellos interpretó una pieza de compositores, como Puccini, C. Saint Saens, Bellini y Verdi.

Brodsky habló del piano como “un instrumento de percusión” que en este caso de las transcripciones “se convierte en la voz”. No solo es la voz del cantante, es también la completa voz de la orquesta.

Y así comenzó con una interpretación con transcripción propia, del pianista Dacic, de la Obertura de la ópera El rapto en el serrallo, de Wolfgang Amadeus Mozart. Le seguirían dos sopranos cubanoamericanas, Elaine Álvarez con Ernani, Ernani, Involami, de Ernani, por Giusseppe Verdi, a quien vimos haciendo la Micaela en la Carmen, de la Florida Grand Opera, y ha cantado en grandes teatros europeos y americanos. Y luego, Nathalie Avila, intepretando Vissi d’arte, de Tosca, por Giacomo Puccini. En 2012 Ávila fue escogida por Montserrat Caballé para cantar en el grupo Las Voces de Montserrat Caballé, y aquí nos dimos cuenta del porqué, debido a su potente y plena voz.

Dacic continuó su límpida interpretación de música de ópera al piano, mostrando su gozo en el instrumento con impecable maestría, al tocar a Charles Gounod en una transcripción de Liszt de Les Adieux, de la ópera Roméo et Juliette. Enseguida apareció la mezzosoprano Mabel Ledo, a quien vimos aquí haciendo Fenena en Nabucco, con la FGO y en otros teatros ha interpretado la gitana Carmen. Ledo ha madurado exquisitamente, con una voz que se acerca a la de una contralto modulada y apasionada, en Mon coeur s’ouvre a ta voix, de Samson et Dalila, por Camille Saint-Saëns. Alternó entonces con Maltempo, quien tocó la transcripción de Liszt de Casta Diva de Norma, por Vincenzo Bellini, y luego la de Ernani, de Verdi, en un ataque romántico y apasionado al teclado, de estilo magistral.

La segunda parte del programa incluyó también a Maltempo, en Reminiscencias, de la ópera Norma, de Bellini. Y volvió Dacic en Valse caprice, de temas de Parisina y Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti, y Fantasía, de temas de Rienzi, por Ricardo Wagner.

El barítono Armando Naranjo interpretó el difícil Cortigiani, de la ópera Rigoletto, de Verdi, con dramática intención y gran alcance. Le siguió con bellísima y poderosa voz, la soprano Betsy Díaz, en la interpretación de Un Bel Di Vedremo, de Madama Butterfly, de Puccini. Y concluyó el espectáculo de las voces con el dúo de la soprano María Antúnez con su esposo el tenor lírico Martín Nusspaumer en el dueto Teco io sto Gran Dio, de Un ballo in maschera, de Verdi, ambos con gran aplomo dramático y armónica colaboración musical.

En todo el concierto la maravillosa acompañante al piano, Caren Levine, se deslizó suavemente alrededor de las voces de los cantantes que le deben estar muy agradecidos de que no se les impusiera ni les fallara. Una valiosa participante en la realización de una noche espectacular.

olconnor@bellsouth.net

  Comentarios