La reina ha muerto: ¡viva la reina!
Desde que debutó con la Sonora Matancera en La Habana hasta que llegó a Estados Unidos, Celia Cruz siempre fue para nosotros “la guarachera de Cuba”. Después, cuando triunfó en Nueva York y fue bautizada por la prensa como The Queen of Salsa, dejó de ser nuestra para de repente convertirse en la reina de todos. Lo demás es, como se dice, historia: por derecho propio ascendió al trono de la música popular y reinó, como soberana absoluta, hasta el día de su muerte el 16 de julio de 2003.
Unos meses antes, cuando ya se encontraba enferma, la cadena Telemundo le preparó un homenaje en el teatro Jackie Gleason de Miami Beach que terminó siendo una conmovedora despedida. Desde la primera fila, sentada en una butaca con proporciones de trono, Celia recibió emocionada las muestras de respeto y cariño de todas las estrellas de la música que participaron en el acto. Al final subió al escenario y con lágrimas en los ojos pidió que rezaran por ella. En ese momento la orquesta comenzó a tocar Yo viviré, un tema que se convertiría, aunque póstumamente, en un himno de esperanza. Fue entonces que Celia no pudo contenerse y comenzó a cantar. Y lo hizo como nunca. El público de pie la aplaudía. Su esposo Pedro Knight lloraba. Todos lloraban porque sabían que Celia se estaba despidiendo de la vida. Y aquella canción era, más que una simple melodía, un epitafio musical: “Oye mi son, mi viejo son/ tiene la clave de cualquier generación/ en el alma de mi gente, en el cuero del tambor/ en las manos del conguero, en los pies del bailador/ yo viviré, allí estaré/ mientras pase una comparsa con mi rumba cantaré/ seré siempre lo que fui, con mi azúcar para ti/ yo viviré, yo viviré”.
El final estaba cerca. Apenas cuatro meses después de aquel merecidísimo tributo, Celia murió en Nueva York. Sus exequias fueron las de una reina: todos sus súbditos reclamaban verla por última vez. Ella debió haberlo previsto y en su lecho de muerte pidió que la velaran también en Miami. Y así se hizo: su cadáver fue trasladado a la Torre de la Libertad y expuesta en capilla ardiente donde decenas de miles de cubanos desfilaron frente a su féretro. Cientos de ellos no pudieron hacerlo y debieron conformarse con acompañar su procesión hasta la Iglesia del Gesu, donde se realizó una misa solemne oficiada por los sacerdotes más respetados del exilio cubano, Agustín Román, Emilio Vallina y Alberto Cutié. Con las notas de la canción Cuando salí de Cuba, himno del exilio cubano, concluyó la ceremonia y sus restos mortales regresaron a Nueva York.
El día de su entierro la ciudad de Manhattan amaneció con el cielo encapotado. Desde Washington Heights hasta el Financial District los relámpagos presagiaban lluvia. Eso no impidió que miles de personas se alinearan a todo lo largo de la Quinta Avenida para darle un último adiós. Sus admiradores coreaban canciones y lanzaban pétalos de rosas al paso de su ataúd que, envuelto en una bandera cubana, era transportado en un vistoso carruaje funerario tirado por dos caballos blancos y precedido por una estatua de la Virgen de la Caridad.
El cortejo fúnebre llegó a la imponente Catedral de San Patricio, donde se celebró una misa de cuerpo presente que fue oficiada por el Arzobispo Auxiliar Josu Iriondo. A la misma asistieron numerosas personalidades, entre ellas el alcalde de la ciudad, Michael Bloomberg, que entró tomado del brazo de Pedro Knight y Willie Colón. Cuando Patti LaBelle comenzó a cantar el Ave María llegó la lluvia. Los que no habían podido entrar a la iglesia permanecieron en sus puestos soportando el chubasco. Nadie se fue. Justo en el momento que Víctor Manuelle terminaba de cantar La vida es un carnaval la lluvia cesó de repente y el sol se alzó sobre los rascacielos. Fue como un guiño celestial. Cuando sacaban el ataúd todos pudieron verlo: los colores de la bandera cubana que lo cubría resplandecían con inusitada brillantez en la recuperada luminosidad de la tarde. La reina había muerto, sí. Pero desde aquel día siguió viviendo en el corazón de su verdadero pueblo. Para siempre. Long live the Queen!
manuelcdiaz@comcast.net
Escritor cubano residente en el sur de la Florida
Esta historia fue publicada originalmente el 8 de julio de 2016, 3:00 p. m. with the headline "La reina ha muerto: ¡viva la reina!."