Música

Eximios daneses abren insospechadas puertas musicales

Danish String Quartet
Danish String Quartet Foto de cortesía

La tarea del intérprete es traducir –“interpretar” valga la redundancia– al compositor, abrir esa puerta secreta al público, revelar, iluminar, literalmente “convertirlo” al músico de turno. Vale aclarar que me “convertí” al Danish String Quartet en el verano del 2013, gracias a sus paladines, el chelista David Finckel –ex Emerson– y su mujer, la pianista Wu Han que propiciaban su debut en el Music at Menlo Festival. En aquel momento recién llegaban a la costa californiana y el éxito no se hizo esperar. Los cuatro jóvenes escandinavos que lo integran –apenas pasan de los treinta años– reúnen las condiciones ideales para deslumbrar al experto y conquistar al neófito, iniciándolo como se debe en las lides camarísticas, virtud poco común y que tanta falta le hace al género. Lo consiguen combinando eximias ejecuciones, repertorio vasto y ecléctico y un carisma innegable que sumado a programas urdidos con inteligencia e imaginación, crea condiciones por demás auspiciosas. No seria mala idea traerlos a Miami cuanto antes.

Después de Beethoven, Mozart, Haydn, Brahms, un revelador Nielsen y un delicioso recital de folclore nórdico, vuelven al ataque con obras tempranas de tres compositores contemporáneos: Per Norgard (1932), Hans Abrahamsen (1952) y Thomas Adès(1971), transformando ese desafío tanto para intérprete como para oyente en expectación y placer, diferenciando cada compositor y estilo con la precisión quirúrgica que los caracteriza.

En dos movimientos, el Cuarteto Breve que Norgard compuso a los 20 años, es puro misterio, atrapante, de una oscuridad envolvente que acaba invadiendo, inundándolo todo. Ominoso es la mejor definición, es una navegación a través de un territorio desconocido que reserva mas de una sorpresa, con un primer movimiento cinematográfico, sublime, que conjura sin querer un rico desfile de imágenes. Asimismo, los Diez Preludios que integran el Primer cuarteto para cuerdas de su discípulo Hans Abrahamsen, consta de una decena de sorpresas que también proponen un viaje, esta vez el periplo combina el barroco mas rancio con el sabor de americana en la evocación de Steve Reich y otros minimalistas cuando no el latido de la música country o el chirriante terror hollywoodense. Los DSQ despliegan cabal versatilidad en los diferentes ánimos que conlleva cada miniatura, es un pequeño gran tour de force.

La gracia del Abrahamsen y la profundidad del Norgard contrastan con la obra fundamental del álbum, los siete movimientos que conforman Arcadiana, Opus 12 que Adès compuso a los 23 años en 1994. El británico ilustra con rara belleza e inmaculada filigrana la idea de la utópica Arcadia y el semidiós Pan a través de la historia del arte –con claras alusiones a Debussy, Schubert, Elgar y el Papageno mozartiano– hasta llegar al Leteo, el rio griego cuyas aguas inducen el olvido. Es la fertilidad, el macho cabrío, el fauno, la flauta de pan, lo insondable donde no falta un Tango Mortal, ni un Lied, ni la conjura a una Venecia nocturna y la velada evocación de Watteau; como El arca rusa de Soukurov es una visita sin pausa al museo de la humanidad, lo que en resumidas cuentas son las obras que le preceden. Son tres composiciones que llevan la impronta del vigoroso albor (y ardor) de la juventud, con la esperanza, miedo e incertidumbre del artista cachorro, pero artista al fin. Y en ellas, el DSQ al traducir su tiempo no sólo se refleja plenamente, sino que abriendo puertas a lo desconocido, cumple otra vez.

Adès / Nørgård / Abrahamsen, Danish String Quartet, ecm 2453.

Esta historia fue publicada originalmente el 11 de agosto de 2016 a las 11:45 a. m. con el titular "Eximios daneses abren insospechadas puertas musicales."

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