La Orquesta Mariinsky, con el fuego ruso
Desde la bella San Petersburgo llegó la Orquesta del Teatro Mariinsky con su director, el mundialmente aclamado Valery Gergiev, para ofrecer un memorable concierto, el viernes, en el Knight Concert Hall del Arsht Center.
La fama y el prestigio del director y su orquesta atrajo a una marea de público que abarrotó el teatro y también a un pequeño grupo de manifestantes contra Rusia y su presidente Putin, ya que se dice que Gergiev guarda estrecha relación con este. La música pertenece al mundo abstracto, y no es posible establecer a través de una melodía las premisas políticas o religiosas del autor, de la orquesta o del director. Así que los que asistieron al concierto (manifestantes incluidos) pudieron darse un banquete de platos suculentos.
El Concierto para orquesta no. 1, de Shchedrin, fue el aperitivo, aunque tremendamente sustancioso. Este autor, nacido en 1932, está recibiendo actualmente la debida atención, y con la brillante ejecución de la orquesta queda más que demostrado que es mucho más que el autor del ballet Carmen, por el que se le conoce mundialmente.
Igualmente fuerte resultó el primer plato, el brillante aunque poco frecuente Concierto para piano y orquesta no. 2, de Chaicovski, en el que el joven pianista Denis Matsuev desbordó talento y profesionalismo, incluso tocó la larga obra totalmente de memoria. El espeluznante final puso al público de pie a ovacionar. Por lo que Matsuev regaló como encore nada menos que una descarga con temas del famoso jazzista Oscar Peterson.
Después del intermedio, el segundo plato: Cuadros en una exposición, de Mussorgsky en la orquestación eterna de Ravel. Esta obra se escucha casi todas las temporadas en esta ciudad, porque es idónea para que una orquesta y un director demuestren su habilidad para jugar con las dinámicas, establecer planos sonoros, destacar un instrumento, un dúo, un trío; sin embargo, lo entregado por la Mariinsky y Gergiev fue punto y aparte.
Con sus grandes manos, que a veces parecen trémulas mariposas y a veces halcones agresivos, Gergiev fue armando esta impecable estructura con una precisión no exenta de gracia, de matices lúdicos y, sobre todo, de trascendente grandeza. Cuando llega el momento final de la suite, Los portones de Kiev, la partitura se ilumina, y a través de la orquestación de un francés, el fuego ruso sube y se extiende con dimensiones épicas. Pocos finales ostentan tanto brillo, tanta fuerza… El fuego de la orquesta llegó al público que aplaudió como pocas veces y de pie (salvo un exiguo grupo de protestantes).
Ante el baño de aplausos y “bravos”, Gergiev ofreció un postre glorioso, la mágica obertura de Lohengrin, de Wagner, sin duda música maravillosa, y desde el punto de vista de la estética, poco importa que su autor haya sido adúltero y peor aún, antisemita.
El próximo concierto de Knight Masterworks en el Arsht Center será la Danish National Symphony Orchestra con el violinista Ray Chen, el 14 de febrero. (305) 949 6722 y www.arshtcenter.org
Esta historia fue publicada originalmente el 10 de febrero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "La Orquesta Mariinsky, con el fuego ruso."