‘Tristan e Isolda’ en Bayreuth, del laberinto hacia la noche impenetrable
En anticipación al nuevo Tristan e Isolda que abrirá la temporada metropolitana, DG tiene la buena idea de lanzar al mercado la versión del Festival de Bayreuth 2015 firmada por la impredecible Katharina Wagner, bisnieta del compositor. La puesta señala un importante y necesitado triunfo para la directora, uno que le suma créditos y borra previos fracasos y polémicas. La controversia no queda de lado pero el peso substancial de la puesta termina balanceándola a su favor evocando a la célebre expresión Kinder, macht Neues! (Niños, hagan cosas nuevas!) del compositor. Sin llegar a las alturas de la de Barenboim-Heiner Müller en 1995 –disponible en DVD– representa una notable realización donde el excepcional aporte musical redondea una entrega de primerísimo nivel.
Totalmente consubstanciado con la idea de la régisseur, Christian Thielemann provee una lectura envolvente y distante a la vez, límpida, con la sonoridad inigualable del teatro del festival, es un fuego helado al que se pliega su fenomenal orquesta, contenida la expresividad y amplia la paleta. En ese contexto, Evelyn Herlitzius –la memorable Elektra de Patrice Chéreau en Aix en Provence– es una traductora ideal de las intenciones de ambos directores; es una Isolda aguerrida, neurótica, decidida a todo, compensando con una memorable actuación alguno que otro agudo corto y llegando al final con entereza. En estos tiempos, la mayoría de las veces es el Tristan el flanco más débil, ya que si es arduo encontrar una Isolda, más aún es un Tristan. El americano Stephen Gould iguala –y en instancias, supera– a su rival femenina, y eso es mucho decir. Estentóreo, claro, sin esfuerzo, es un hallazgo del principio al fin y no se intimida frente a las tremendas exigencias vocales del tercer acto. No le va en zaga el camarístico Kurwenal de Iain Patterson así como la vocalmente soberbia Brangane de Christa Mayer (mas allá de la caprichosa marcación escénica que le quita dimensión dramática). Es el rey Marke de Georg Zeppenfeld el punto vocal mas alto de la noche, el bajo recuerda fisicamente al joven James Morris, y su estampa “wotanesca” le otorga mayor autoridad. Además de la curiosa visión del personaje por Katharina Wagner, es de una seguridad y elocuencia vocal apabullante.
En cuanto al trabajo de la Wagner, propone un Tristan aun mas oscuro que el habitual. Es un viaje laberíntico hacia la oscuridad, hacia la eterna noche de la que habla el héroe herido. La tácita evocación de aquel notable escrito sobre los fluidos en Wagner de Susan Sontag aparece constantemente. Para ese viaje recurre a la impresionante escenografía de Frank Peter Schlössman y Matthias Lippert que ubica el primer acto en las entrañas del barco, escaleras y laberintos que no conducen a ninguna parte, que se desarman, que colapsan, que impiden la unión de ambos, como en las escalinatas sin solución de Escher y la monumentalidad de las prisiones de Piranesi. El jardín del segundo acto es un claustro de prisión donde Marke y sus hombres vigilan a los amantes como agentes de la Stasi y en el último, es la luz de Reinhard Traub, la que pasa de helada en los primeros dos a un claroscuro renacentista, donde el castillo de Kareol es sólo los personajes iluminados a la Rembrandt. La Wagner quita todo romanticismo, Tristan e Isolda no necesitan el filtro, y en su delirio Tristan la contempla dentro de un triángulo ensangrentado donde Marke es un rival de armas tomar, tanto que en el final se lleva a Isolda a su comarca. Sólo una parte de ella –su ser– se ha transfigurado y permanece junto a Tristan. Mas allá de la polémica del caso, se trata de una puesta provocadora, elegante y de indudable solidez con el beneficio de cantantes, director y orquesta magníficos.
En resumen, una atractiva opción que no desplaza al mencionado Müller-Barenboim ni al de Chereau-Boulez en la Scala pero digno de formar parte una videoteca wagneriana, y que por sobre todo, motiva interés por los futuros trabajos de la niña terrible de Bayreuth, la que en esta oportunidad ha tenido algo que decir y supo como hacerlo.
Wagner, Tristan und Isolde, Thielemann, dg 004400735251.
Esta historia fue publicada originalmente el 1 de septiembre de 2016, 6:49 p. m. with the headline "‘Tristan e Isolda’ en Bayreuth, del laberinto hacia la noche impenetrable."