Revista Viernes

‘Evolution’, un mundillo surreal junto al mar

Roxane Duran en una escena de ‘Evolution’ (2015), de Lucile Hadzihalilovic.
Roxane Duran en una escena de ‘Evolution’ (2015), de Lucile Hadzihalilovic. Imagen de cortesía

‘Evolution’ nos lleva con su magia surreal hacia un mundo onírico, que muestra y sugiere más que decir, como una gran pintura de figuras sobre un fondo de naturaleza rocosa junto al mar. Los hermosos créditos de un fondo oceánico de peces y corales y una música evocadora de los misterios sinfines de la existencia introducen este filme que viene de Francia y lo trae Lucile Hadzihalilovic (Innocence).

Es aquí el océano enorme, agitado, misterioso, el gran protagonista, donde un niño, Nicolás (Max Brebant) ha encontrado el cuerpo ahogado de otro jovencito, con una estrella de mar en el pecho. En esa aldea costera, entre rocas, con casitas sin más gracia que su austera blancura; en un panorama sobrio, de limpieza de espacios, sin adornos ni objetos, habita este mundillo espeluznante que parece sacado del subconsciente.

Algo muy extraño ocurre en esta isla donde no hay hombres, ni niñas, solo niños y madres —de cejas blancas— que los llevan de la mano a todas partes. La madre (Julie-Marie Parmentier) le da a Nicolas repetidamente una medicina, como antídoto para una extraña enfermedad. Y para el curioso espectador, la cineasta junto a la coescritora Alanté Kavaite, han preferido no develar el misterio, y dejarlo, como en un sueño, a la imaginación de quien lo observa.

Se trata de un filme de fuerte tono surrealista y metafórico, con enfermeras vestidas a la antigua y operaciones experimentales hechas a los niños en un glacial quirófano que recuerda una morgue. Conceptualmente la propuesta es pretenciosa, pero es visualmente epatante, con sus bellas panorámicas y sus herméticos ambientes interiores que dejan un saborcillo de frialdad aterradora.

El filme se exhibe en la Miami Beach Cinematheque.

@pilarinayuso

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