Revista Viernes

‘My Life as a Zucchini’, pequeña humanidad de plastilina

Un escena de ‘My Life as a Zucchini’ (2016).
Un escena de ‘My Life as a Zucchini’ (2016). Imagen de cortesía

Hay que tener mucho talento e inspiración para imprimirle tanta alma a marionetas de plastilina. Ma vie de Courgette (La vida de Calabacín), el animado franco suizo que se alzó con una nominación al Oscar entre marcas de animación de alta calidad, es bueno en forma y contenido.

Los muñecos animados al estilo clásico de stop-motion, con la variante llamada claymation, son “feos”, toscos, de rasgos naive —a la manera infantil— sus narices y bocas son pequeños pegotes rojos, sus ojos grandes como pelotas, y el pelo del pequeño protagonista (voz de Gaspard Schlatter) es un gran emplasto azul. Un drama tremendo nos sorprende desde las primeras imágenes, al ver al niño jugar con latas vacías de cerveza en su buhardilla en completa soledad, sus movimientos lentos, su andar apesadumbrado revelan una gran tristeza interior.

Se llama Icare, pero su mamá le puso Courgette al chico que tras un evento trágico es llevado por un policía (amable) al hogar La Fontaine (también un lugar benévolo; al contrario de las fábulas clásicas de huérfanos). Tiene solo nueve años y ya lleva en el alma una carga terrible. En la casa de acogida un chico maldito le cuenta al recién llegado la historia de cada niño del orfelinato, a cual más dura. La vida ha sido despiadada para estos retoños que crean entre ellos una familia; y una niña llamada Camille (voz de Sixtine Murat) es el rayo de sol que ilumina la sombría vida de Courgette.

Los niños y sus diálogos son absolutamente genuinos. Claude Barras en la dirección y la guionista Céline Sciamma, han sabido captar el alma infantil. La historia, basada en el libro de Gilles Paris, Autobiografía de un calabacín, es un crudo drama contado con encantadora sencillez. Nos muestra la bestialidad humana por donde más duele: a través de sus víctimas más inocentes, y lo hace de una manera tan dulce y tierna que conmueve. Los creadores se ahorran el melodrama para sacar lo hermoso y esperanzador de este cuento cruel.

El filme se exhibe en Coral Gables Art Cinema. Irá precedido del corto del mismo director “The Genie in a Tin of Ravioli”.

@pilarinayuso

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